Un niño y una niña se educan desde que nacen. Las actividades
cotidianas con los más pequeños han de organizarse
en torno a sus necesidades, es cuando se sienten más seguros
para participar, ya que las reconocen como cercanas y pueden anticiparlas,
todo ello influye en su deseo de aprender de forma activa.
Cuando organizamos la vida cotidiana con regularidad y adoptamos
actitudes flexibles, brindamos a los niños la oportunidad
de hacer cosas por sí mismos y ser más autónomos;
y al mismo tiempo puedan incorporar los valores que tanto su familia
como la escuela queremos transmitirles.
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