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Se aprende a dialogar con un bebé observándole,
para saber si tienen hambre, sueño, frío o calor,
si está cansado, quiere jugar o necesita afecto. Es necesario
escucharle, para saber lo que quiere comunicar, incluso cuando todavía
no sabe explicar lo que le pasa; es necesario darle oportunidades
para que pueda expresarse y aprender a entenderle.
En el diálogo con un niño o una niña,
aunque sean pequeños, podemos crear complicidades, compartir
proyectos, sus inquietudes y miedos, juegos y canciones. Cuando
les dedicamos tiempo y atención, se dan cuenta de que pueden
confiar en nosotros cuando nos necesiten.
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