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Los pequeños necesitan de muestras de afecto y de reconocimiento.
Durante el tiempo y los cuidados que les dedican, tanto el padre,
la madre como otras personas que les atienden, ellos aprenden a
conocerse y reconocer sus capacidades; lo perciben a través
del trato que se da a su cuerpo y a su persona.
Las personas adultas actuamos a modo de espejo, en el cual
el niño se ve reflejado según el significado de las
miradas, los gestos, las palabras que interpreta y las caricias
que recibe. Así es como va desarrollando su estima y su identidad
personal.
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