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Cuando los niños conviven en un ambiente seguro, limpio,
tranquilo, alegre y afectuoso, adquieren confianza y seguridad para
crecer y desarrollarse. Pero un entorno adecuado también
necesita de adultos disponibles, con capacidad para motivarles y
establecer lazos afectivos.
Así pues, para tratar con pequeños, hemos
de ser flexibles, tolerantes, sensibles para captar sus requerimientos
y mostrarnos disponibles. Ser madre y ser padre es un proceso, se
aprende. Equivocarse no es algo irreversible, no existen padres
ni madres perfectos. Cuando sea necesario, pidamos ayuda a personas
o a profesionales que nos orienten.
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