Revista Alga nº55 - Primavera 2006
GOYA GUTIÉRREZ

ANNA AJMÁTOVA,
La voz del dolor presentido




La Editorial Hiperión, en su colección de Literaturas eslavas, ha publicado la antología Soy vuestra voz , Ed. Hiperión, Madrid, 2005, de la gran poeta rusa Anna Ajmátova, con una selección de poemas en versión bilingüe, de varias de sus obras poéticas, a cargo de Belén Ojeda, que según aclara en "Notas a la presente edición", han sido traducidos directamente del ruso al castellano, dando prioridad a su tono sobrio y lacónico, antes que a intentar conservar su métrica y rima, que en la mayoría de las composiciones se ciñen a formas estrictas, medidas y rimadas.

Belén Ojeda nos introduce previamente, a través de un interesante y extenso prólogo, en el contexto histórico y literario de esta autora, nacida a finales del s.XIX (1889-1966), en Belshói Fontán (Fuente Grande), cerca de Odesa, no lejos del mar. Sin embargo, los recuerdos de Anna Ajmátova se remontan al verdor y la belleza de Zárskoie Sieló (La Villa del Zar) o a la de San Petersburgo, ciudad en donde completó sus estudios de Historia literaria, y en donde descubrió al poeta simbolista Innokienti Anñensky, a través de la lectura de su obra "El cofre de ciprés", que le causó una profunda impresión.
En el mismo prólogo se nos dice que a finales del s.XIX las grandes ciudades rusas Moscú y San Petersburgo contaban con un numeroso grupo de científicos, intelectuales y creadores, que dio lugar ya en el s.XX a la llamada "Edad de Plata", movimiento del que hace eco en sus versos Anna Ajmátova.

En 1912 surge el acnimismo, opuesto al simbolismo y liderado por el poeta y brillante crítico Nikolài Gumiliov con quien Anna se casó en 1910. Vladímir Narbut y la misma Anna Ajmátova, entre otros, serían seguidores de este grupo de poetas, que propuso restituir el valor semántico a las cosas, que éstas fueran por sí mismas y no por asociación con otras. Proclamaron el retorno a la sobriedad clásica, a la precisión del sentido, a la exaltación de lo bello y al predominio de la realidad cotidiana en contraposición al misticismo simbolista.

En 1912 nace también el único hijo de Anna y en 1914 se publica su poemario El rosario, por el que será reconocida como una de las voces más importantes de la poesía rusa. La poeta tenía el don de adivinar pensamientos y sueños ajenos que tanto impresionaría a Modigliani. Ajmátova presintió también su doloroso camino.

Dentro de este itinerario, hay que destacar lo que supusieron para la poeta y para el pueblo ruso en general, las persecuciones estalinistas, que se caracterizaron por el terror. Por temor a que el hijo fuera fusilado, la poeta se ve obligada a quemar su archivo. En 1962 Réquiem es pasado al papel por primera vez. Ajmátova dijo que esta obra la sabían de memoria once personas y nadie la traicionó.

Evacuada a la ciudad de Tashkent, en 1941 escribió la primera versión de una de sus obras más importantes Poema sin héroe, que concluyó en 1962, recuerdo poético de la modernidad rusa.

En 1946 la publicación de sus obras fue prohibida por una Resolución del Comité Central. Poco antes había tenido lugar su encuentro con el escritor británico Isaìah Berlin, que la visitó en 1945. Fue enriquece-dor e inolvidable pero muy arriesgado. Ella leyó para él sus obras Poema sin héroe y Réquiem.

La presente edición reúne poemas de varias obras como La noche (1909). En esta obra ya hallamos ese presentimiento de abandono y soledad que reiterará en obras posteriores, a través de imágenes como la de la casa vacía, así en el poema que comienza "Ruego al rayo de la ventana" dice "¡Qué alegre es verlo!" "en esta casa vacía"(p.27). Y en el último libro antologado Séptimo Libro, dentro del Ciclo El escaramujo florece (1956), expresará el mismo pesar "Y tú llegaste a mí como una estrella conocida,/ huyendo del trágico otoño,/ hacia aquella casa desolada para siempre,"(p.139).

De su obra El rosario, se nos ofrece una selección de poemas fechados entre 1911 y 1917, aunque no se nos presentan por orden cronológico. La poeta irrumpe en el primer poema con una larga exclamación "¡Se prolonga sin fin el día pesado y ambarino!"(p.39). El dolor y sus ecos hacen acto de presencia en esta serie de poemas, "Tú me has dado una juventud difícil" "Tiemblo sobre cada partícula de polvo," (p.43).

La sobriedad a veces está pincelada de imágenes que apresan la belleza de ese presentido dolor y la tragedia, como en el poema que se inicia con los versos "¡Cómo se tejía en mis trenzas oscuras/ el mechón plateado y tierno!" (p.49), o en el poema de sólo tres versos "¿Me perdonarás estos días de Noviembre?/ Las llamas tiemblan en los canales del Neva./ Es indigente la belleza del trágico otoño" (p.53).

En Rebaño blanco, los poemas elegidos están fechados entre 1913 y 1917. Podemos apreciar aquí ese "desprendimiento" que intuyó Maldelsntam, y que se menciona en el prólogo: "Abandonaré tu casa blanca, tu jardín apacible,/ y la vida será desierta y luminosa" (p.57).

Lo trágico se expresa con imágenes plásticas que aluden a espacios como el río Neva o a edificios concretos como los del Senado o el Sínodo de San Petersburgo, en el poema "¿Cómo puedes mirar hacia el Neva," "Son cortantes las alas de los ángeles negros,/ pronto será el juicio final/ y las hogueras del frambueso,/ como rosas, florecerán en la nieve." (p.65).

En otras ocasiones, la voz de la poeta aparece erigiéndose en sacrificio por el dolor y la desesperación común del pueblo ruso, así en el poema titulado Plegaria, dirá "Dame años amargos de afección, de ahogo,/ dame desvelo, fervor,/ prívame del hijo, del amado" "para que el nubarrón sobre la oscura Rusia/ se torne nube en gloria de rayos." (p.73). Se adelanta nuevamente a lo que en los años 30 con el inicio de las persecuciones estalinistas diría "Soy vuestra voz" en el poema titulado A muchos, dentro ya de su siguiente libro Anno Domini MCMXXI.

Los poemas del también libro antologado La caña, están fechados entre 1924 y 1940, en plena época del terror político. En poemas como El Sauce, se percibe el sentimiento de desengaño de ese mundo y la reclusión del yo poético hacia su interior, "No me era grata la voz de los hombres,/ sólo entendía la del viento," (p.91). La selección comprende también una serie de poemas que hacen alusión a personajes queridos y desaparecidos "Aquí comenzó el destierro de Pushkín/ y concluyó el de Lérmontovl". (p.89).

El último libro de esta antología lo constituye Séptimo libro, que está formado por una serie de ciclos, de entre los cuales destacan los de Cinque y El escaramujo florece, dedicados a Isaìah Berlin (1909-1997), cuyo encuentro supuso un acontecimiento que marcaría para siempre su vida y que quedó reflejado en sus versos, por ejemplo en el poema Ensueño (1946) "Tú y yo llevamos el mismo peso/ de una larga y negra despedida" "No volveré a encontrarme contigo en este mundo." (p.135) o en el poema Otra canción (1956) "¡Cómo brilló y cantó/ el milagro de nuestro encuentro!" "nosotros, querido, somos sólo almas/ en los confines de la luz." (p.137).

Dentro de este mismo libro y bajo el título de Corona Fúnebre, dedica sus poemas a la memoria de poetas y escritores desaparecidos como su gran maestro Innokienti Anñensky, Mandelshtam o Marina Tsvietáieva, entre otros.

Por último, se incluyen una serie de poemas que no forman parte de ningún libro y que también aparecen fechados entre 1910 y 1964. De entre ellos y en el Ciclo Tiestos (1950) estos desgarradores versos "Despojada del fuego y el agua,/ separada del único hijo…/ Sobre el infame cadalso del infortunio/ me yergo como bajo un dosel." (p.207).

Los poemas editados en esta antología mediante la traducción de Belén Ojeda, muestran en general la belleza del dolor, a través de un lenguaje sobrio y directo, con escasa erudición aunque dotado de imágenes que nos golpean por el contraste de su colorido y contenido paradójicos para expresar el drama o su presentimiento.