Revista Alga nº56 - otoño 2006


Edita:
  • Grupo de Poesía ALGA


  • Responsables de Edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo


  • Portada:
  • "Montmartre" (Jorge Navarro Pérez)




  • CARMEN BORJA, Gijón, 1957. Reside en Barcelona desde 1978. Es Doctora en Literatura Española. Autora de traducciones y trabajos críticos. Ha publicado los libros de poemas Con la boca abierta (1978), Buscando el aroma (1980), Libro de Ainakls (1988) y Libro de la Torre (2000). Tiene en prensa el Libro del retorno.

    ______________ CARMEN BORJA ______________

      L os muertos te ayudan a vivir.
      El gesto renacido en otra mano,
      un poso de musgo en el corazón,
      la suma de todas las miradas en tus ojos.
      Quizá la frase que aparece de pronto en el libro,
      la melodía que habrías deseado crear,
      el azul de Abraham ben Judá Ibn Haim,
      el aire de manzana y membrillo.
      El mar se encrespa cada día para ti
      y los olmos que amaste siguen vivos
      al lado del camino. Hasta es posible
      colmar el miedo de los muertos,
      la sombra de las vigas en el techo,
      el terror de la noche para un niño indefenso.



    KÖLN
      L a reverberación de la luz está en tus ojos.
      Un sol tibio de invierno inunda el puente
      mientras un pequeño paquebote se desliza Rhin abajo.
      Pasa el tren, vibra la estructura de hierro
      y cuando cierras los ojos
      sientes igual que la suicida en su último instante,
      mientras un cuervo
      lanza el graznido feliz de la mañana.


      A bsorbes la vida por los ojos toda entera.
      ¿Cómo no devolver el mundo hecho palabra?
      Absorbes la luz,
      como si nunca más fueras a ver el perfil del árbol,
      el pájaro que retorna del frío,
      el mar color cobre en la tarde que acaba.
      Entonces la belleza,
      el trazo de la nube que dibuja el sentido,
      el olor de la lluvia, el rumor del brezo,
      la bendición del sol en invierno.

      Expulsas la luz,
      como si el silencio del náufrago fuera tuyo para siempre
      y la ausencia de raíz
      y la nostalgia del futuro y lo olvidado.
      Entonces el exilio,
      la soledad del último faro,
      la incerteza inevitable del límite,
      el peso del abismo y la intemperie.

      Hasta que, al fin, eres luz,
      pasas de puntillas, llenas de aire tus pulmones
      y dejas ir, deslizas tu mirada
      como el aire entre las hojas
      y todo vuelve a ser perfecto.