Revista Alga nº57 - primavera 2007


Edita:
  • Grupo de Poesía ALGA


  • Responsables de Edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo


  • Portada:
  • "Dansa" (Carme Esteve)


  • Sumario



    IGNACIO GAMEN (Tudela de Navarra - Castelldefels) es licenciado en Filología Hispánica y profesor de instituto. Como poeta forma parte del Grupo literario ALGA desde su fundación en 1982 y ha dirigido la revista ALGA durante dieciocho años. Ha publicado tres libros de poemas: Palabras de barro (1992), Al caer de la tarde (2000) y Hay estrellas tras las nubes (2004).

    ____________________ IGNACIO GAMEN ____________________

    ESPAÑA

    Otoño 1974

    Salimos tristes del cine.
    Sentados en un café
    comentamos las imágenes
    demoledoras de Saura.
    Hicimos amarga historia.
    Paladeamos el vino
    insípido de aquel año,
    maldije del viñador,
    gritó loca la impotencia,
    y en medio de aquel torrente
    inquirió su voz gangosa:
    -¿Tú te sientes español?
    Mi sorpresa paseó
    su rostro inquieto, la calle
    silenciosa e impasible,
    el aire negro del otoño.
    -Cherie, -respiré redondo-
    yo me siento en una silla.

      H a pasado mucho tiempo
      de aquella amarga vendimia
      y ahí te encuentras sentado
      cómodamente en tu silla.
      Sostienes entre tus dedos
      una copa que acaricias
      con deleite y en tu boca
      se insinúa una sonrisa:
      "El vino es bueno -susurras-
      han tratado bien la viña.
      El vino, ¡qué buen vasallo
      cuando el viñador lo cuida!"


      Abres los ojos, paseas
      lentamente la mirada
      por el valle ensimismado
      y perdido entre montañas,
      te incorporas inquieto,
      caminas por la terraza,
      te detienes, tus dos manos
      se aferran a la baranda
      y enfrentas con energía
      el verde espejo de tu alma.
      Apenas un balbuceo
      entre tus labios: España.


      Has dicho España y tu voz,
      como rumor de timbales,
      se amortece en tu cerebro
      y se disuelve en el aire.
      Mas en tus ojos se lee
      un anhelo de luz; y abres
      con desmesura los párpados.
      Hay en tu boca una suave
      -irónica tal vez- sonrisa.
      Te adentras con paso grave
      en la sala y escudriñas
      -ojos de azor- los estantes.


      Uniformados de azul,
      de oro y de grana, desfilan
      por tus dedos trece tomos
      de Historia. Mientras los miras
      permaneces impasible.
      Sólo tus dedos se agitan
      muy lentos, como quien teme
      pisar en charcas podridas.
      Allí -lo sabes- se mezclan
      sangre, gloria, muerte, vida,
      poder, miseria, lamentos,
      himnos, odios fratricidas.


      Un espasmo ha sacudido
      tus hombros, pecho y espalda,
      al tañido repentino
      de una vieja campana.
      Inspiras profundamente
      y vuelves a la terraza.
      Acuden unos vecinos
      al fragor de su llamada
      y los demás -tú entre ellos-
      contempláis una bandada
      de palomas: son las únicas
      -y tú un momento- asustadas.


      Cierras los ojos, la voz
      cálida de Carlos Cano
      te arrulla con sus historias
      cantando desde la radio.
      Y como un dulce temblor
      España vuelve a tus labios...
      "¿Dormías? He puesto un disco"
      te dice mientras que piano,
      violín y chelo se enzarzan,
      la orquesta al fondo, en un diálogo
      -¿lo sueñas?- de melodías
      comunes y timbres varios.


      Entre el mercado y tu casa
      está tu calle: chirrían
      los cascos de los caballos,
      rebosan de hortalizas
      los cestos y a sus olores
      se mezcla el de las boñigas.
      La calle es un guirigay
      de carros, gente que grita...
      Tu padre discute, compra,
      carga y pesa mercancía...
      Casa, calle, padre, infancia,
      esa es tu patria perdida.


      La otra patria, la nueva,
      la que modelan tus manos,
      tus ojos, tu pensamiento,
      tu esfuerzo y tu trabajo,
      día a día, codo a codo,
      con otros seres humanos
      en una inmensa cadena
      en la que sientes el pálpito,
      el aliento y el sudor
      de los seres más cercanos
      y te interesa el vivir
      del que no abarca tu abrazo.


      Esa es tu patria y ya puedes
      llamarla como te plazca.
      Lo que importa es que eres hombre,
      que el horizonte se ensancha
      cuando caminas y encuentras
      nuevas ciudades pobladas
      por seres de carne y hueso
      que sienten, piensan y hablan.
      Tú saluda; y si responden
      con similares palabras,
      bon dia, egunon, bos dias,
      y quieres, llámala España.


      Pero dilo sin rubor.
      En esta tierra has nacido,
      te has criado entre esta gente
      con sentimientos e instintos
      propios de cualquier humano:
      son crueles y compasivos,
      idealistas y rastreros,
      generosos y mezquinos.
      Te emocionan sus paisajes,
      te duele algún capítulo
      de su historia y te complacen
      sus artistas y sus líricos.


      Ahora abre los ojos
      y deja que tu mirada
      se expanda como la luz
      de un faro sobre las aguas:
      encontrarás cien países
      con una historia amasada
      de sangre, ambición y muerte,
      y otros que ahogan en lágrimas
      la crueldad de su presente
      envueltos en la desgracia.
      No te mires el ombligo:
      ellos también son tu patria.


      Ellos también, y por eso
      disfruta de sus paisajes,
      de sus ideas e ingenio,
      de su ciencia y de su arte,
      del fruto de su trabajo
      y riquezas naturales.
      Compadece sus desgracias,
      haz tuyos todos sus males,
      la sangre de sus heridas
      es también tu propia sangre,
      tuya es toda su miseria,
      guerras y llantos y hambre...



      Ahora, levántate y anda,
      la primavera renace,
      aunque tus ojos cansados
      busquen reposo en el valle.