Revista Alga nº59 - primavera 2008

__________________________________ SANTIAGO MARTÍNEZ ___________________________________

COMO UNA HERIDA ABIERTA

"Ya nada es rito y otros poemas.
Poesía reunida 1987-2003"
Concha García
Editorial Dilema,
Colección Ocnos Alas,
Madrid 2007      
L a reciente publicación de "Ya nada es rito y otros poemas" (Dilema editorial), libro en el que Concha García ha recogido prácticamente la totalidad de su obra publicada hasta la fecha, permite hacer un balance, aún provisional, de las líneas fundamentales de su poesía. Una poesía que, vale la pena anticiparlo ya, se presenta, a través de los ocho libros que aquí se recogen, como una de las apuestas más exigentes e innovadoras de la poesía española del último periodo. Esa exigencia y la complejidad de la propia obra, llena de matices libro a libro, harían necesario un estudio exhaustivo y pormenorizado que no puede caber en estas pocas líneas. Intentaré, por lo tanto, destacar tan sólo algunos de los rasgos que a mi entender hacen de la misma una obra auténticamente singular.
     Un primer aspecto a destacar, probablemente el más importante, es la creación de un personaje poético. No es casual, desde este punto de vista, que el primer poema con el que se abre el libro -y su obra- lleve por título "Retrato fingido". En realidad, toda la obra de Concha García podría agruparse bajo este título, sólo que se trata de un retrato en movimiento, valga la paradoja, en un continuo hacerse y deshacerse, puesto que el personaje de que ha dotado Concha a su poesía es un personaje en busca de su identidad. Podríamos añadir, además, que se trata, como mínimo, de una doble identidad: de género y existencial, como mujer y como individuo en tensión con el mundo.
     Parece que los neurólogos se van poniendo de acuerdo en que nuestra conciencia, eso que durante siglos hemos dado en llamar el alma individual, no es otra cosa que una construcción de nuestra cerebro, un relato -más o menos fingido, más o menos creíble- que la memoria teje con un material fundamentalmente lingüístico. Probablemente los poetas contemporáneos lo han sabido siempre. Y de ahí que Concha García realice, sobre todo en sus primeros libros, una profunda labor de demolición y reconstrucción del lenguaje poético, consciente de que ese es el principal problema que tiene que afrontar cualquier identidad, sea en el ámbito individual o, más claramente aún, en el ámbito social. Somos lo que decimos (lo que decimos ser), o lo que nos hacen decir.
     Por eso, el personaje que se va perfilando en sus primeros libros lo hace a través de un lenguaje abrupto y descoyuntado, donde la lógica sintáctica deja paso a otra lógica, quizás una lógica afectiva, que pone de manifiesto la desubicación sentimental y vital del personaje. El elemento erótico es también una de las constantes en estos primeros libros. Fundando quizás una nueva ley del deseo, la autora pone de manifiesto la tensión interna de un personaje en búsqueda perpetua -y un tanto compulsiva- de su lugar en el mundo. Esa búsqueda acaba, por lo demás, en desconcierto, en desconcierto y rabia, como si un animal royera su propia soledad.
     Otro de los aspectos fundamentales en la obra de Concha García es la cuestión del punto de vista. Solemos definir la poesía, en muchas ocasiones, como la manifestación sentimental del yo, pero no siempre nos planteamos desde qué instancia nos habla ese yo, o cómo está constituido. Podríamos apelar de nuevo a las ciencias que estudian el comportamiento humano para subrayar que el sujeto está constituido por una pluralidad de yoes que intentamos adecuar al entorno. Pues bien, sobre esta base ha construido gran parte de su poesía Concha García.
     Si volvemos al poema inicial nos encontramos desconcertados ante la pregunta de quién nos habla y sobre quién nos habla. El carácter fingido al que alude el título del poema bien podría señalarnos el enmascaramiento de un yo autobiográfico ante el cual la autora adopta una prudente distancia mientras que, desde otra perspectiva, podría aludir al falseamiento de una identidad de un personaje que todavía no se conoce a si mismo ("Parece liviana", "Parece loable", se nos dice al principio del poema, pero "Es yerta y fría, poco tocable" se añade a continuación, y, más adelante "Dice que nunca se exalta...") Si examináramos ahora desde esta perspectiva los primeros libros ("Otra ley" (1987), "Ya nada es rito" (1988) y "Desdén" (1990), que constituyen, por otra parte, una trilogía unitaria) constatamos que efectivamente la autora nos sitúa ante un sujeto inestable, huidizo y desubicado, para lo cual utiliza un constante cambio del punto de vista que oscila entre la primera y la tercera persona, como si buscara un enfoque desde el cual fuera posible abarcar el universo contradictorio del personaje. Cuando en los libros posteriores ese yo quede unificado ("Poco a poco he dejado de ser ella para ser una", titulará uno de sus artículos más interesantes) lejos de encontrarnos frente a un yo omnipotente, que con sus sentencias actúe como una especie de oráculo, se nos presenta "un yo en titubeo", inestable y movedizo también, aunque ahora la aceptación de la realidad sustituya a las tensiones de la primera etapa.
     Vale la pena añadir todavía un rasgo más, característico del personaje poético que ha ido creando Concha García. En consonancia con esa voluntad de proximidad al lector, el personaje que se nos presenta a lo largo de toda su obra es un personaje nada excepcional, vulgar incluso, al que por supuesto sólo le ocurren, en general, cosas anodinas, rutinarias aunque desritualizadas, que sin embargo permiten a la autora dar cuenta de su densidad psicológica. Por este camino llegamos a otro de los elementos que la crítica ha destacado siempre en la poesía de Concha García: la presencia de objetos y actividades absolutamente cotidianas: una mujer planchando, lavando los platos, ordenando la ropa o los libros. Es evidente, (y así lo ha puesto de manifiesto la propia autora) que estos elementos cumplen una primera función de subversión desde dentro de la visión tópica de la mujer. Concha García arriesga al máximo utilizando precisamente aquellos estereotipos del universo femenino que han trazado en poesía -y en la sociedad- el retrato convencional de la mujer. Pero más allá de esa voluntad rupturista, los objetos actúan también como correlatos de las tensiones existenciales del personaje: muestran el vacío y la soledad que lo constituye y son, en muchos casos, la vía de transmisión de las sensaciones encontradas que florecen en el poema.
     Lo que nos lleva al último rasgo de su poesía que quisiera señalar, ya brevemente. Porque son precisamente esas sensaciones el material con el que opera esta poesía. La experiencia, la realidad -si se me permite usar este término- quedan transfiguradas y adquieren su valor preciso, no en la evocación de la sensación (como en la poesía de corte elegíaco) sino en su re-creación en el espacio limitado del poema. Se restituye así lo esencial de la poesía que es la capacidad de que el lector, cualquier lector, "se reconozca en la emoción de una experiencia", en palabras de la propia autora.
     Estos son a mi entender los elementos más característicos de la poesía de Concha García. Con ellos ha ido perfilando ese personaje que inició su andadura hace ya veinte años, que ha ido madurando libro a libro, sin que por ello lo conozcamos mejor. Porque esa búsqueda de la identidad no ha llevado al reconocimiento y a la plenitud sino que más bien ha instalado al personaje en el vacío, la incertidumbre y la contradicción permanente, que sólo parece encontrar consuelo en la ausencia de deseo ("He deseado no desear nada"). Toda la poesía de Concha García es, en este sentido, como una herida abierta e imposible de cerrar, una fractura que muestra el dislocamiento del sujeto moderno y Concha García, su voz poética, ha sido la encargada de iluminar esa fractura. De lo cual da cuenta, sin duda, este excelente libro.


CONCHA GARCÍA (La Rambla, Córdoba 1956) es poeta. Se licenció en Filología por la Universidad de Barcelona, ciudad donde reside. Ha editado varios poemarios desde el año 1987 con el libro "Por mi no arderán los quicios ni se quemarán las teas", hasta el 2003 con "Lo de ella". Su obra reunida la ha publicado recientemente la editorial DILEMA de Madrid (2007) bajo el título "Ya nada es rito y otros poemas". Algunos de sus poemas han sido recogidos en diversas antologías Parte de su obra ha sido traducida a diversos idiomas y galardonada con varios premios. Preside Mujeres y Letras en Barcelona.