Revista Alga nº60 - otoño 2008 - Especial 25 aniversario


Edita:
  • Grupo de Poesía ALGA


  • Coordinación del presente número:
  • Ignacio Gamen


  • Selección de textos y fotografías:
  • Grupo de Poesía ALGA


  • Responsables de la Edición:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo


  • Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
  • Fotografía de Inés Luz
    Grupo Experimental de Fotografía de Castelldefels

    Sumario


  • __________________ BOCÁNGEL __________________

    ESTA ES LA HISTORIA DE TERESA

    Teresa nació en un pequeño pueblo de Aragón, cercano a la raya con Lérida, un pueblo pobre que se asemejaba mucho a un erial. Tenía cinco hermanos y ocho hermanas, siendo ella la segunda de la prole en edad. Su padre era jornalero, pero como no siempre le daban trabajo en los campos del conde, los únicos en los que se cultivaba algo de provecho, tuvieron que liar sus remendadas prendas en hatillos y trasladarse a Sabadell, donde algunos paisanos trabajaban ya en la industria textil. Lloraron por la marcha y lloraron cuando vieron donde iban a vivir, una ciudad de puertas altísimas, negra y fría, y con decenas de chimeneas apuntando al duro cielo, y un río más negro aún.

    “Tenía doce años cuando se colocó en una de las más pujantes empresas de la ciudad vallesana, “La Ibérica Textil”. Las jornadas tras los telares eran larguísimas; el traqueteo continuo de las máquinas que abrían el algodón y lo desenredaban, de las que lo convertían en mechas y después en hilos, de los telares; los gritos del personal y las órdenes de los capataces; el polvo y la humedad del ambiente; todo lo tenía que soportar para cobrar la exigua paga que llevaba a casa. Tenía trece cuando fue violada en el almacén sobre una bala de algodón recién descargada”. 

    ¿Lo has apuntado todo? Sigue escribiendo y no se te ocurra llorar, ¿de acuerdo? 

    “Aprendió a leer a escondidas de sus padres y de sus pocas amigas, no fueran a pensarse que se tenía por más que ellos. A escondidas se metía entre la ropa una navaja por si a algún mozo volvía a acercársele. A escondidas leía los papeles que le pasaba un joven que le gustaba y que murió de tisis algún tiempo después. Tenía diecisiete cuando sus padres la casaron con un hombre enjuto y de pocas palabras. “Es por tu bien”, le dijo su madre sin mirarla a la

    cara, sin abrazarla, sin darle un beso, aunque fuera el de Judas. “Es por tu bien”, dijeron sus hermanos y hermanas. “estarás mejor que aquí, en esta habitación alquilada en la que no cabríamos si no fuera por los turnos”. “No es por tu bien”, le dijo su padre lejos de la vista de todos, “es porque no hay más remedio, no te podemos alimentar y él se ha ofrecido a hacerlo”. Ella oía lo que le decían, pero no los escuchaba. Sentía la hoja de la navaja y recordaba las palabras de futuro leídas con devoción en los papeles del amigo muerto”.

    ¿Es eso una lágrima? Límpiatela, que no la vea. Y vuelve a coger el lápiz.

    “Teresa se fue con él, pero siguió trabajando en la misma fábrica para ganar el mismo jornal. No se atrevió a utilizar la navaja, pero siguió leyendo cada vez con más convicción. Habló con las compañeras, participó en huelgas por las que fue despedida en cinco fábricas y empezó a escribir en “La Anarquía”, lo hacía muy bien. Conoció a un hombre más joven que ella que amaba también la causa de los oprimidos y se fugó con él a Barcelona, a este barrio de Gracia. Lo quería. Ninguno de los dos participó en atentados, pero después de ser cometidos recibían la visita de la policía y eran llevados a los calabozos de Montjuich, donde eran interrogados y torturados. Estaba embarazada cuando tiraron la bomba del Liceo y tuvo a una niña en la prisión del castillo, una niña que tenía que haber muerto, era muy difícil la supervivencia en medio de aquella suciedad, en medio de la húmeda frialdad de los calabozos. Sin embargo, fue la madre la que murió”.

    No llores como lo he hecho yo, he dicho que no llores, Teresina. No llores nunca por tu madre, tampoco por mí, has de ser fuerte. La vida es muerte, ya lo ves, muerte y dolor... ¡Atención! ¿Qué ha sido eso? ¿Tres golpes en la puerta y uno solo?  ¿Han sido tres golpes y uno solo, Teresina? ¡Quema rápidamente lo que has escrito, quémalo en la lumbre! ¡Y escóndete!