Revista Alga nº61 - primavera 2009

____________________________________ GOYA GUTIÉRREZ ____________________________________

Un lugar donde esperarte
(Antología Poética 1981-2007)
Federico Gallego Ripoll
Biblioteca de Autores Manchegos.
Diputación de Ciudad Real, 2008.

UN LUGAR DONDE ESPERARTE O LA SUTIL VERSATILIDAD DE LA PALABRA TRASCENDIDA

C reo que ha de ser motivo de celebración y orgullo poder escribir y publicar una antología de poemas como ésta que comprenda las diferentes etapas por las que un poeta ha transitado. Es como regresar hacia uno mismo de un largo viaje, que como destino no casual el poeta ha podido trazar y que en el caso de Federico Gallego Ripoll cumple ya veintiséis años. Y es precisamente lo acumulado en ese equipaje poético, lo que de alguna forma proyecta luz sobre el presente de esta personalísima selección de poemas, que su autor nos ofrece, en un espacio de algo más de doscientas páginas. Selección del poeta pero, como en el propio título se anuncia, pensando también en el hipotético lector, sin el cual ese encuentro en el lugar de la palabra, no sería posible.

Siete son los libros antologados en su primera etapa que el autor ha titulado "Poemas de Barcelona", libros publicados entre 1981 y 1991, y que coinciden en la realidad con la estancia en esos años del poeta en Barcelona. La segunda etapa titulada "Junto al mar de la isla" comprende la publicación de otros siete libros y un cuaderno entre los años 2001 y 2007 y coinciden con su actual residencia en Palma de Mallorca.

"Escribir es encender hogueras" dice el poeta en una de sus poéticas. Y realmente así comienza esta antología, encendiendo una antorcha que ilumina el camino con los versos del primer libro antologado "Poemas del Condottiero" de 1981. Si en el primer poema "El agua" la fuerza de las imágenes parecen traernos resonancias lorquianas "Corre hasta la atalaya, que relincha el caballo,/ que relinchan las hoces y el alto gobernante,/ que en contradanza danzan los ríos rebelados,/ las sangres no conformes, y un sudor imprevisto/ humedece los filos de las lenguas de acero/ y las hojas de carne." (p.23), el último de una selección de once poemas consigue también retrotraernos con el "Hermoso gavilán de alas tronchadas" que da título al poema, al recuerdo de la poesía de un San Juan de la Cruz, cuando nos dice "Te llamo entre los cedros y las hoces, / te reclamo con dejes de paloma, /tiendo trampas de paz a tu alma en guerra". (p.34). A este libro seguirá la publicación de "El libro de las Metamorfosis"(1985), "Crimen pasional en la Plaza Roja" y "Escrito en no" (1986), "Caín" (1990), "Tarot" y "Tratado de arquitectura" (1991).

Todos los libros, y estoy hablando ahora en general, surgen de la mano del poeta, pero no todos hunden sus raíces en las mismas vicisitudes humanas, e independientemente de la destreza que se tenga con la palabra y con el verso, hay libros que poseen un ímpetu poético extraordinario que unido también a esa destreza, calan más que otros en nuestra sensibilidad de lectores y nos transportan. Y en mi opinión, uno de esos libros de esta etapa es "Caín". El tema que lo atraviesa es la muerte de un ser humano, frente a la cual se alza como bandera la palabra, y así empieza esta selección de poemas, con el poema que inicia la segunda parte del libro en donde el poeta da voz a aquél que va a morir "Esta asunción del verbo como daga", "-bandera/ de la que el tiempo huye,"(p.83). Y así concluye: "Nunca digas que soy un extranjero"./ "Oye esa voz inmensa que nos llama/ por nuestro nombre único" (p.92-93).

El sutil juego poético con la palabra: esa "luz" que se rompe, que se limpia o se numera o se va levantando con goma arábiga, o el "agua" que es un barco, un papel o un ahogado. Ese ir transformando y transmutando a la palabra en otras materias o cosas que también son palabras, parece iniciarse ya en "Tratado de arquitectura" (1991) de la primera etapa. Y ese aspecto se hace notar en los poemas seleccionados y tiene una continuidad en "Ciudad con puerto" y "La sal" (2001), de la segunda parte.

Otra experiencia poética distinta creo que se desprende de los libros "Para entrar en la nieve" y "Quién, la realidad" (2002). Los poemas que se muestran del primero, parecen componer una prolongada elegía a "Esa mujer" que "se peina de cara/ al sol y nunca permitió que le atara los senos/ seda alguna" (p.160). El segundo libro contiene una profunda reflexión sobre la transitoriedad del mundo. A veces el poema empieza con una sentencia generalizadora "Todo es razón de desconocimiento" (p.171), para ir poco a poco desmenuzando el inevitable desprendimiento de las cosas, su olvido. Los poemas seleccionados, de una belleza indiscutible, culminan en el titulado "Rama alta": "Yo nunca supe el nombre de los árboles./ Estaban cerca y eso/ bastaba, tener su certidumbre protectora,/ su presencia más allá de la tala posible,/ como una realidad ajena a su existencia" (p.185).

En "La torre incierta" (2004), volvemos otra vez a encontrar esa versatilidad de la palabra, de donde emerge la piedra o brota el agua, esa palabra que "Como una torre se alza construyéndose" "Incierta. Torre incierta que depende/ de sí, de ti, de tu mirada"(p.189). Una palabra, que como el nombre que la encarna y el ser que la nombra se pregunta "¿Dónde queda el amor, dónde la espera,/ la memoria del nombre de los barcos?/ Si yo a la nada voy, y nada es nada,/ ¿adónde va lo que de mí fue algo? " (p.198). Palabra, que al estirarla, retorcerla, volverla de la cara o del revés, nos muestra lo esencial de la existencia, y al igual que ésta, tantas veces es el resultado del vacío o de la nada.

La antología concluye con la selección de "Cantos prófugos" (2005) y "Los poetas invisibles" (2007). En el primero, el tono de los poemas, más largos y narrativos, trata de buscar un equilibrio entre la denuncia del dolor humano, y la experiencia de lo poético. En "Los poetas invisibles" el autor nos presenta distintos monólogos y autorretratos, que van mostrando la razón de esa invisibilidad, y que se traduce en la reivindicación de una poética de lo efímero "Ese que fui, el que escribió, no dura" "Quién eres tú leyéndome;/ quién soy, si no soy yo" (p.229).

Los últimos versos elegidos como colofón de esta antología: "Me vacío de ti para llenarme/ nuevamente de ti. Vocablo indemne,/ siempre en tu lengua nazco,/ siempre en tu lengua sangro y acontezco."/"Me vacío de ti para ser nada,/ memoria del aroma de la nada" (p. 230), parten de una paradoja, que únicamente puede resolverse en la palabra. En una palabra poética que como antes decía, parece desembocar en un hueco. Pero es desde ese mismo hueco que puede también constituirse como estandarte, y como portadora de lo transitorio, de lo versátil y plural, y al ir más allá de ella, trascenderse.

FEDERICO GALLEGO RIPOLL (Manzanares, Ciudad Real, 1953). Ha cursado estudios de turismo y teología. Reside en la isla de Mallorca desde 1995. Autor de una quincena de libros de poesía y galardonado con numerosos premios. Sus últimos libros publicados son Quien, la realidad (2002), La torre incierta (2004) y Cantos prófugos (2005) y Los poetas invisibles (2007).