Revista Alga nº61 - primavera 2009

__________________________________ JOSÉ LUIS MORANTE __________________________________

Descortesía del suicida
Carlos Vitale
Candaya, Barcelona, 2008

MEDIDA EXACTA

L os empeñados en el afán taxonómico distinguen entre una literatura que busca las posibilidades creadoras de la introspección y una literatura que interroga la versátil condición del entorno. En la primera el campo de trabajo es el yo empeñado en escucharse a sí mismo; en la segunda el valor fundamental está fuera y el escritor actúa como apasionado cronista de lo contemporáneo e inmiscuye imaginación y sentido en dar cuenta de alternativas integradas en su geografía emocional.

En Descortesía del suicida, entrega que obtuvo el Premio de Narrativa Breve Villa de Chiva con su primera versión y ahora se amplía con veinticuatro textos nuevos, Carlos Vitale, elige la segunda opción a través de propuestas de mínima dimensión. El libro cuenta con un elogioso liminar de José María Merino. El prologuista comenta el eclecticismo de situaciones, sugiere algunos textos preferidos y reflexiona sobre la innata capacidad del hombre para lograr que el acontecer se llene de matices, o que asuntos de segunda fila aparezcan de pronto con el perfil de acontecimientos.

Vitale despliega sus estructuras narrativas colocando como punto de arranque el texto que da título al libro; así lo convierte en pieza principal que sugiere tono y formato. La cercanía a la realidad nos permite ver las arrugas surrealistas. Un narrador omnisciente observa y expone, buscando el emplazamiento ideal del testigo directo; quien contempla despoja la indiferencia de textura moral y la convierte en simple actitud. La pasajera que se queja desconoce los motivos del otro, sólo percibe aquello que le afecta de manera directa; el desconocido no es una víctima sino la inoportuna causa del retraso. Los hiperbreves no obedecen a una sola fórmula; también aparecen meditaciones existenciales o sociológicas, destellos líricos donde la connotación es suplida por lo denotativo, apuntes aforísticos y brochazos metaliterarios a autores en alta estima, como Borges, Eliot o Kafka; incluso se celebra el cine como expresión artística. Géneros que en la escenografía de la gran pantalla tienen especial relieve, aquí disponen de una aparición fugaz, como los títulos de crédito que sirven de epílogo.

Varios relatos dibujan una sonrisa. El maestro de la brevedad, Augusto Monterroso entendía el humor como una forma de supervivencia que se manifiesta humildemente, sin estrépito, como si comprendiera que la distancia entre lo sublime y lo ridículo fuera mínima. La sonrisa califica la decepción como mal menor, terca materia prima omnipresente. Lo mismo sucede con el epigrama, respuesta concisa del intelecto que aporta un sentido clarificador y suele fundamentarse en la propia experiencia. En Descortesía del suicida percibimos la constante evolución del devenir diario de manera inconexa y fragmentaria; las sensaciones aportan una nitidez variable e inesperada; pero el microrrelato se lleva mal con la evidencia. Funciona por indicios y tanteos; necesita la complicidad de un lector especulativo que sospeche la existencia de una mínima luz entre la sombra. No hay que buscar ningún sol deslumbrante; la vida se da por satisfecha con la pagada melancolía de un reflejo.

CARLOS VITALE (Buenos Aires, 1953). Es licenciado en Filología Hispánica e Italiana. Reside en Barcelona desde 1981. Su obra poética formada por Códigos (1981), Noción de realidad (1987), Confabulaciones (1992) y Autorretratos (2001), está recogida en la antología Unidad de lugar (Candada, 2004). Ha traducido a numerosos poetas italianos y catalanes y recibido diversos premios.