ALGA Revista de Literatura
nº66 - otoño 2011




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Redacción:

  • Xavier Carreras
  • Ignacio Gamen
  • Susana Lastra
  • Elvio René
  • Jorge Stoysich
  • Enric Velo


  • Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • In Focus (4).
      de José Javier González.

    Sumario

    Lecturas. Textos comentados

    ANA RECIO MIR

    Salamanca. La mayor parte de su vida ha transcurrido en Sevilla. Es Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla con una tesis sobre los símbolos presocráticos en el último Juan Ramón Jiménez. Profesora de Bachillerato y Secundaria. En 1992 su libro El cine, otra literatura fue premiado por la Delegación de Educación y la Asociación de Industrias Químicas y Básicas de Huelva (AIQB). En 1994 obtuvo una beca Erasmus para estudiar cine y literatura en la Universidad Paris VIII. Ha investigado sobre cine y literatura en más de un centenar de artículos publicados en prensa y revistas especializadas. Preparó la edición de Bonanza de Juan Ramón Jiménez (Moguer, 2000). Y ha publicado la biografía Juan Ramón Jiménez: el exilio y la piedra de Moguer (Moguer, 2001). Así como Símbolos e imaginario en el último Juan Ramón Jiménez (Huelva, 2002). En 2008 tradujo y adaptó la novela El Corsario Negro de Emilio Salgari.



    LA POESÍA DE LO TRASCENDENTE

    Hacia lo Abierto
    Goya Gutiérrez
    Barcelona (2011)

    Poesía. 67 páginas

    Goya Gutiérrez, mujer de vastas lecturas y grandes inquietudes, ha publicado recientemente un poemario, Hacia lo abierto, que es un delicioso néctar que conviene paladear poco a poco si se quiere gozar en plenitud. Además de la calidad de sus versos, conviene destacar la belleza de los poemas visuales y las fotografías que lo ilustran, de Eduardo Barbero y Enric Velo, respectivamente. Se diría que la autora no se mueve por la precipitación, ni por la premura a la hora de publicar, sino que pule sus versos y estos van cimentándose poco a poco con un cuidado exquisito. Una vida muy laboriosa y la adversidad que se cruza en el camino han sido escollos que, lejos de apartarla de su destino poético, la enriquecieron como ser humano y como poeta, y esto se percibe en esta obra de madurez lírica. Su primer libro de poesía Regresar ve la luz a sus 41 años, por lo que no se puede hablar ni de precipitación ni de inconsciencia a la hora de dar a conocer sus versos.
         Hacia lo abierto es un libro planeado y urdido con sumo cuidado, con una clara estructura y gran riqueza simbólica. El volumen se articula en cuatro secciones que coinciden con los cuatro símbolos presocráticos: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Hacia lo abierto es la proyección hacia ese espacio incierto y abierto al infinito que la autora va haciendo cristalizar a lo largo del poemario a través de su palabra. Una de las claves de interpretación del libro lo aporta Gutiérrez al inicio de la primera parte del volumen «Tierra» con la cita de Rilke: «Con todos sus ojos ve la criatura lo abierto./ Porque cerca de la muerte uno ya no ve la muerte/ y mira hacia afuera fijamente, tal vez como amplia mirada/ de animal.»
         Se diría que Goya, que ha sufrido la adversidad, se aferra en este libro a la naturaleza y a la vida, a la palabra como instrumento útil para indagar en el sentido de la existencia y del propio ser. La poesía se ofrece aquí como herramienta para profundizar en el misterio de la vida, del más allá, como ligazón con los seres queridos que ya no están. Y en ocasiones ella plasma esta intención con versos que casi tienen la cadencia de una plegaria: «Padre / quiero estar preparada como tú lo estuviste/ después de tus errores/ para acceder a ese tu más allá del mundo./ Quiero sin desespero absorber el aquí/ con una fe distinta y aferrada a la vida/ pues sé que en ella misma reside lo sagrado».
         Sobresalen en el libro la belleza y originalidad de algunas de sus metáforas, de una extraordinaria delicadeza: «Me dicen que aquella masa inmensa/ de azul y sal y aquellas bailarinas/ de encajes que juegan a chocar/ con las rocas y a acariciar la arena/ Todo aquello es el mar».
         Si el tren en la «Mujer con alcuza» de Dámaso Alonso simboliza el progresivo vaciarse de la vida, la creciente ausencia de compañía y en El tragaluz de Buero Vallejo, el progreso mal entendido en el que se encarama Vicente, en «Invitación al viaje» Goya simboliza en el tren la vida, el transcurrir dichoso, el destino incierto «He escuchado a lo lejos prolongada/ la llama de un tren ¡Ven/ a viajar porque sí!¡Lejos de lo evidente/ hacia lo incierto!».
         El símbolo del aire es para Goya espacio de felicidad en el que fluye la alegría. El tiempo se vincula a lo emotivo, y la luz y el aire, elementos etéreos, se asocian a la plenitud de la existencia: «¿Y quién aprehenderá/ sino aquel que detuvo:/ tanto esplendor haciéndose fugaz/ tanta dulzura en la boca del ave/ a favor de la luz en el aire /del continuo virar de la vida.»
         Estamos, en fin, ante un poemario de deslumbrante belleza, en el que la palabra se convierte en plácido remanso, depositaria de una quietud final y perdurable «La ganancia quizás de estar/ desaprendiendo ya la muerte/ esa quietud abandonada/ perdurable/ en la memoria de la palabra/ a la que todo arriba.»

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