ALGA Revista de Literatura
nº68 - otoño 2012




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • Campos de Soria
      de Edu Barbero

    Sumario

    Poesía - Colaboración Especial

    ÁNGEL CRESPO

    ÁNGEL CRESPO. (Ciudad Real, 1926 - Barcelona, 1995) Poeta, ensayista, traductor y crítico de arte. Autor de más de sesenta libros entre poesía, ensayo o traducción. Figura clave del panorama cultural español de los años cincuenta y sesenta, el poeta fue relegado al olvido a raíz de su voluntario retiro a Puerto Rico en 1968 a causa de los críticos del Partido Comunista en el que militaba, agobiado por la situación política de aquellos años y por la lucha estética, ya que se defendía a ultranza el realismo de corte marxista y él no admitía un realismo panfletario. En 1971 publica En medio del camino, obra que recogía su poesía hasta ese momento. De 1981 es El bosque transparente, que reúne su poesía de los años 70; de 1985, El ave en su aire, y de 1991. En 1996, la [Fundación Jorge Guillén] publicó tres volúmenes en los que está reunida su poesía publicada hasta entonces y la mayoría de la inédita hasta aquel momento. Su obra poética, muy compleja, no se adscribe fácilmente a ninguna tendencia concreta, de forma que los críticos han tenido dificultades para encuadrar a Crespo en algunas de las corrientes de la poesía de posguerra. Si empezó con el Postismo en el que se encuadran sus primeros poemas, pasó a otras etapas denominadas con los marbetes de "realismo mágico", de "humanismo culturalista" y de "humanismo trascendente" o "poesía esotérica". Su verso cuenta con una rica sonoridad propia de quien poseía un oído musical excepcional, y resulta imaginativo y onírico. Emplea un rico simbolismo y se alimenta, ya desde sus mismos orígenes, de materiales de muy distinta procedencia: lo biográfico, lo cotidiano, la tradición cultural y lo mítico. La poesía es para él un modo de conocimiento, una búsqueda de lo sagrado, siempre mistérico, desde el interior del lenguaje, y contiene en su formulación artística una filosofía implícita. Su obra poética ha sido traducida, entre otras lenguas, al italiano, portugués, francés, griego, sueco y alemán. También fue un destacado traductor, especialmente de Dante Alighieri, de Francesco Petrarca y del gran poeta portugués Fernando Pessoa.

    ÁRBOL DE FUEGO

    Es pura llama y él tan sólo
    la raíz ilumina.

    No siempre ostenta el fruto:
    al remover
    la tierra, entre su lluvia
    grávida, fulge el oro.

    El verso.
    No se enciende
    uno en otro.
    Cada uno es una hoguera.

    MIRO A MI MANO

    ¿Qué es igual a sí mismo si está ardiendo?
    Miro a mi mano -quieta ahora-
    Y ella, el papel, los signos
    -ardientes- se confunden,
    suben, llenan el mundo
    más allá del espacio y sus noticias
    y hacen que oscile y cambie una vez más
    la llama que, al arder, tal vez no es fuego.

    EL FUEGO NEGRO

    Ese otro fuego que concede
    ver en la oscuridad
    sin que la invada ni la hiera
    dardo de luz: el fuego negro
    que bordea el contorno
    de antiquísimos senos, y a los labios
    que callar saben torna
    elocuentes -el fuego
    que arde oculto en el agua y se alimenta
    de su fecundidad, el que arde ahora
    -frío, devorador- en las palabras
    que no saben nombrarlo.

    De Ocupación del fuego, en Poesía 3,
    Fundación Jorge Guillén,
    Valladolid, 1996, pp. 1986-1989.

    OLAS DE OTOÑO

    Otoño, no este mar, hace a las olas
    fermentar como un vino
    nuevo -y son las gaviotas,
    ahora, los heraldos
    de una embriaguez que ignora
    los límites del agua y de la tierra.

    Yerra en el aire -no alumbra- la luz,
    confundida entre ser e iluminar,
    y el hipocampo que huye hacia los montes
    abandona su campo a las gacelas.

    Mar de otoño: las horas se hacen olas
    para negar al tiempo.

    MI VERDADERO TRÁNSITO

    1

    Al fin iré yo solo, y no valdrán
    ni la amistad ni la canción escrita
    ni el recuerdo del sol que parecía
    Naufragar en el mar y se salvó.
    Iré solo, y sin otra
    ley que la que a mí mismo me refleje,
    hacia el lugar que nunca imaginaba
    tan lejos y al alcance
    -y lo que yo creía que era yo
    ya se me habrá olvidado cuando ponga
    la mano en otra mano que es la mía,
    no la del yo perdido.

    De "La realidad entera (1989-1995)", en Poesía 3,
    Fundación Jorge Guillén,
    Valladolid, 1996, pp. 245-290.

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