ALGA Revista de Literatura
nº69 - primavera 2013




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • Ilustración de Maria Girona para
      la cubierta del libro “La germana,
      l’estrangera” de Maria Mercè
      Marçal. Edicions del Mall, 1ª ed.
      Barcelona, 1985.

    Sumario

    Poesía

    MARTÍN SHWIFF

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA. Ver: www.castelldefels.org

    Decapité la luz de la noche cerrando las persianas.
    Amordacé el último pensamiento,
    ese turista perdido,
    que pasaba por lo que restaba de mi consciencia.

    Mi cuerpo ya solo es una ciudad en la madrugada
    donde se oyen muy lejanamente:
    los ronquidos de un vagabundo,
    que en sus sueños come desganado las dos palabras
    que tan alegremente canta a lo largo del día;
    la esquizofrenia,
    los cambios de humor de los semáforos,
    reyes del día, que regulan un reino sin súbditos;
    la melodía de una botella que se rompe
    y el desandar curvo hacia el hogar.

    Dolorido por un rasguño del sol sobre mi ojo
    puse cara al perdón que había soñado anoche,
    regateé con mi orgullo el precio del olvido
    y el funeral de aquel viejo y sordo rencor.
    Me agaché, besé el pedestal de la humildad,
    pagué mis deudas con mis cuervos interiores,
    esos mismos que me agusanaban las entrañas
    y vomitaba con cada palabra negra e iracunda.
    Dejé flores en el panteón del odio consumido,
    sus llamas son hojarasca que piso según avanzo
    con los pies descalzos y la coraza traspasada.

    Adquirí esa clase de viento que se oculta
    en las curvas de las estaciones,
    en los amores donde las grietas parasitan
    y ocupan con cenizas de hielo los recuerdos,
    en los suspiros que se apiñan dentro del polvo.

    Compré un pasaporte al insomnio,
    una estancia perfumada por un futuro salado
    y fragancias de un colchón que no ha conocido el placer.

    Me regalaste el último barrote que ataría mi vida
    a este barranco, estos acantilados inhóspitos
    y me anclaría a algo acabado,
    un trozo de madera estancada en el vacío.



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