ALGA Revista de Literatura
nº71 - primavera 2014




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • Cases Transparents, Diürn, Gran Cercle i Lluna Negra. 2012
      de Jordi Traperho

    Sumario

    Poesía

    RAMÓN ANDRÉS

    RAMÓN ANDRÉS (Pamplona, 1955). Reside en Barcelona. Como poeta ha publicado los libros Imagen de mudanza (Pamplona, 1987), La línea de las cosas (Madrid, 1994) y La amplitud del límite (Barcelona, 2000). Como ensayista, ha escrito numerosos artículos sobre música y literatura, y publicado libros como el Diccionario de instrumentos musicales. Desde la Antigüedad a J. S. Bach (1995-2001), W. A. Mozart (2003-2006), El oyente infinito. Reflexiones y sentencias sobre música (De Nietzsche a nuestros días) (2007), Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros (2005), El mundo en el oído. El nacimiento de la música en la cultura (2008), No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio (2010), Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012), El luthier de Delft. Música, pintura y ciencia en tiempos de Vermeer y Spinoza (2013).

    PASEO

    Cuando vas por el monte
    y subes, subes

    a veces

    medio agachado para no pincharte
    con la aguja del cedro,
    o te detienes para quitarte la telaraña
    que te llevas con el pelo o el hombro,
    y su hilo se disuelve en los dedos
    porque ya no es suspensión,
    y subes, aunque caes
    en la cuenta de que el desnivel eres tú;
    de que no hay cima, sobrepuerto,
    cortante o vaguada que no sean tú.
    Y a lo transformado en sudor,
    a la energía mensurable
    que te vuelve expiración,
    le llamarás paisaje.

    Y si miras abajo, y vislumbras un claro,
    o una onda de brezo, una casa
    hundida como la bota en el lodo,
    o un puentecillo colgante,
    destablillado como la Historia,
    sentirás que eres amado,

    y que no eres amado,

    y que el desnivel eres tú.

    Y al caminar por una vía muerta,
    por lo irregular de las calvas de grama,
    entre hierros y tuercas,

    unas aquí, otras allá,

    dispersas, ya sin fijación ni obra,
    digo, cuando caminas por una vía muerta,
    como aquellas de los cuadros de Kiefer,
    y le das duro al paso, le das duro
    y no te detienes
    pese a tener porqué, no te detienes,
    verás que el horizonte podría ser la tela
    con que se seca cada muerto

    recordado;

    la tela, antigua,
    no se sabe cuánto, ni el carbono 14 alcanza.
    Lienzo, materia cuarteada, pintura;
    pero el que gotea eres tú.

    Y al bajar de lo que hace unas horas
    era predicción, proximidad del águila,
    astucia de saber estar encima,
    verás que el desnivel eres tú,
    porque tampoco a pie llano las cosas
    son correlación, ni progresión,
    sino desconocimiento;

    y si preguntas a quien cruza

    como tú el camino,
    si preguntas dónde está la costa,
    que dónde la casa
    que veías como una bota hundida

    en el lodo,

    y te dice, desde su correlación:
    "a un paso", verás que tú eres el paso,
    que estás siempre a un paso de tu paso,
    y que avanzas por el desnivel
    de todo lo acordado. A un paso. Avanzas.


    PUERTO DE MUNDAKA

    Cada vez más sucios los poemas,
    sobre todo éste, pez que resbala
    de la caja y cae sobre el enlosado,
    y se ensucia con el barrillo
    de las botas de caucho y los bidones,
    porque la carga desagua
    y el paso es inseguro por lo turbio.
    Los ojos fijos como una creencia,
    salpicado, en el suelo,
    no pescado en el mar
    donde alguien oyó de Duino
    las elegías,
    sino justo al otro lado,
    en otras corrientes que llaman Kantauri,
    Cantábrico, donde es común
    el avefría, si hay temporal,
    si baten las olas cada vez más oscuras
    y rasgadas como sábanas pobres,
    si hay un golpe seco en la escollera
    y lo sientes en el vientre
    lo mismo que al encajar un recuerdo.
    Alguien lo devolverá al agua,
    o tal vez lo limpie y lo coma,
    así como el lector limpia
    lo que otro ha escrito impuro.

    YA VEREMOS

    Defenderé la casa de mi padre,
    dice el poeta,

    nire aitaren etxea...

    Pero hay que pensar, hay que pensarlo
    ?dos, tres veces? si se defiende el dolor.
    Tengo piedra y madera

    para levantar otra.

    Piedra contra piedra, mandíbula apretada,
    así roemos el estar en un sitio.

    El muro ante ti y detrás de ti;
    detrás de ti, y el muro ante ti.

    Subir a la azotea a tender sábanas;
    las aves nos ven envueltos en ellas,
    nos creen enfermos, siempre.
    Luego las recogemos,
    preparadas ya para la noche,
    que es lo propio del hogar, la oscuridad;
    dobladas sobre una silla,
    todavía no hecha la cama;

    ni falta que hace,

    no hay que dormir, no se puede dormir
    si debe defenderse algo,
    si hay que gritar y luchar
    contra el lobo,
    contra la llanura del lobo,
    contra el fuego de la llanura del lobo,
    contra la usura,
    contra el oro de la usura,
    contra el mordisco en la moneda
    de oro de la usura, contra la sequía.

    Defender, blandir, sajar
    para que algo quede en pie,
    que aguante lo gris del clima.
    A falta de sol, las borrascas, las trombas,
    -yo soy de donde truena-,
    ya se sabe qué son los valles,
    todo se hace para que quede en pie.
    Y nos vamos.

    Del libro inédito Atlántico Norte


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