ALGA Revista de Literatura
nº73/74 - primavera 2015




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
    • Supèrbia/Lleó
      de Bernat Velo

    Sumario

    Poesía

    DINO CAMPANA

    DINO CAMPANA (Marradi, Toscana 1885- Scandicci 1932). Entre sus obras destacamos Canti Orfici, 1914, Taccuino, 1949 o Il più lungo giorno, 1973. Desde la adolescencia, Dino Campana manifiesta claros síntomas de desequilibrio mental. A los veintiún años le ingresaron por primera vez en el manicomio de Imola y a partir de entonces su vida se convirtió en un continuo entrar y salir de instituciones mentales. La neurosis de su madre y la incomprensión de familiares y paisanos no contribuyeron a mejorar las cosas. Aún así no dejó de viajar siempre que pudo, por Europa o Argentina, y de dedicarse a la poesía para conseguir reafirmar su libertad. Sus poemas, pero también los diferentes empleos que aceptó para sobrevivir, pianista en burdeles, afilador, policía, bombero..., las noches que pasó en un calabozo por vagabundeo o su atormentada relación con la escritora Sibilla Aleramo, le han convertido en el auténtico poeta maldito de la literatura italiana.

    Versión del original italiano por EDUARDO MARGARETTO

    EN EL MANICOMIO DE CASTEL PULCI

    Yo era bueno para la química, para la química pura.
    Pero preferí ser un vagabundo.
    Vi el amor de mi madre en el temporal del planeta.
    Vi ojos sin cuerpo, ojos suspendidos orbitando sobre mi cama.
    Decían que no estaba bien de la cabeza.
    Cogí trenes y barcos, recorrí la tierra de los justos
    de buena mañana y con la gente más humilde:
    gitanos y mercaderes.
    Me despertaba pronto y no dormía.
    En la hora en que la niebla aún no desvanecía
    y los fantasmas guardianes de los sueños dialogan inútilmente.
    Oía los avisos y las alarmas pero no supe descifrarlos.
    No se dirigían a mí sino a los que dormían,
    pero no supe descifrarlos.
    Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de dolor, lenguas
    extranjeras oía allí adonde fuese.
    Ejercí los oficios más humildes.
    Recorrí Argentina y toda Europa en la hora en que todos
    duermen y aparecen los fantasmas guardianes del sueño.
    Pero protegían el sueño de los otros y no supe
    descifrar sus urgentes mensajes.
    Fragmentos, quizás sí, y por eso visité los manicomios
    y las prisiones. Fragmentos, sílabas que te quemaban.
    No creía en la posteridad, aunque alguna vez
    creí en la Quimera.
    Yo era bueno para la química, para la química pura.

    MUJER GENOVESA

    Tú me trajiste un poco de alga marina
    en tu cabello, y un olor de viento,
    que viene de lejos y llega repleto
    de pasión, estaba en tu cuerpo bronceado:

    Oh, la divina
    sencillez
    sencillez de tus formas esbeltas
    no amor, no espasmo, un fantasma,
    una sombra de la necesidad que deambula
    serena e ineluctable por el alma
    y la disuelve en alegría, en encanto serena
    para que por el infinito el siroco
    se la pueda llevar.
    ¡Qué pequeño y ligero es el mundo en tus manos!

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