ALGA Revista de Literatura
nº76 - otoño 2016




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Ocell Papallona
      de Rosa Mirambell

    Sumario

    Poesía

    FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

    FRANCISCO JAVIER IRAZOKI (Lesaka, 1954) reside en París, donde ha cursado estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc. Cielos segados (Universidad del País Vasco, 1992) recopiló toda su poesía hasta 1990. Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes; en 2009, La nota rota, semblanzas de músicos de épocas variadas; en 2013, el libro de versos Retrato de un hilo; en 2015, el conjunto de poemas en prosa Orquesta de desaparecidos. Desde 2009, Irazoki escribe en El Cultural, suplemento del diario El Mundo. Actualmente es crítico de poesía en dicho medio de comunicación.

    LOS OBJETOS MÁS CAROS

    Una mujer de mi familia desenterró en Siberia dos escudillas de estaño y las depositó en nuestra casa.
    En recipientes idénticos, millones de víctimas del Gulag ingerían más dolor que alimentos.
    Diariamente miro las vasijas.
    En el fondo del primer cuenco camina Osip Mandelstam. Se apoya en el bastón de Dante y cuando habla escucho los sonidos de una cadena de platos vacíos. Su esposa, Nadejda, lo sigue y fija en la memoria los versos del poeta. Ambos han aprendido que los papeles son el patíbulo para las palabras en una dictadura.
    Subida al borde del otro recipiente, Anna Ajmátova contempla el fusilamiento de su marido, la deportación del hijo, la muerte por fatiga de su segundo compañero.
    Recostada contra las paredes de estaño, una muchedumbre cautiva espera en silencio.
    Yo acaricio las huellas de los prisioneros al recorrer toda la superficie de los tazones.
    El contenido de estas cavidades me vigila y orienta; su dolor es una brújula que descifra los caminos.
    Después de observar los objetos, preparo minuciosamente mi desquite.
    Ante las dos escudillas me comprometo a dar la respuesta al daño que simbolizan: llenarme de hombre hasta caer en ellas como una mota luminosa de tiempo.

    ORQUESTA DE DESAPARECIDOS

    Diariamente, al atardecer, escucho a los músicos. Si me traslado a algún país extranjero, ellos hacen el mismo viaje que yo y coincidimos en una explanada, en los mercados, en un refugio.
    Los miembros de la orquesta recorren las rutas escarpadas y los desfiladeros de mi memoria. Los he visto de noche, extenuados, mientras suben a pie o en bicicleta una colina de mis pensamientos. Llegan empapados de recuerdos a las nuevas ciudades, pero los primeros compases que interpretan limpian sus ropas.
    Las personas que se alejaron de mi vida forman la orquesta. Sus muertes o su desamor se han convertido en música.
    Una mujer que me amó empuña el micrófono y canta con la cabeza llena de peces. Se palpa los animales marinos hasta que el pez del dolor despuebla su mente. Entonces, con las notas finales del blues, entrega a los oyentes un pequeño esturión que lleva en la boca los filamentos luminosos de los días que vivimos juntos.
    El contrabajo lo pulsa otra antigua amante. No es bella sino algo más peligroso, porque ha nacido en un país de gatos libres. Mi padre y mi hermana abren sus ausencias con el arco del violonchelo. La madre golpea en el timbal nuestras pieles de ancianos bebés.
    Encogido detrás de los instrumentos, el amigo que me traicionó pone cerca de sus pies de percusionista el sombrero adonde caen las monedas caducadas.
    Soy todos los espectadores. En las filas delanteras se sitúan el niño sucesivo, el adolescente que caminó entre vidrios de diccionario, los jóvenes que fui.
    Acabado el concierto, cada componente del público vuelve a adentrarse en mí y la orquesta de desaparecidos ve mi disolución en el paisaje.

    Del libro Orquesta de desaparecidos,
    Editorial Hiperión, Madrid , 2015 2ª edición

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