ALGA Revista de Literatura
nº78 - primavera 2018




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Te vigilo y no me ves
      de Carmen Esteban

    Sumario

    Poesía

    ANTONIO MARÍA FLÓREZ

    ANTONIO MARÍA FLÓREZ, nació en Don Benito (Badajoz) y ha vivido en Colombia y Brasil. Columnista y corresponsal en varios medios latinoamericanos y gestor cultural. Es médico, especialista en drogas y deporte. Ha recibido numerosos premios. Entre su obra poética Zoo (Poemillas de amor antiecológico) (1993); Desplazados del paraíso (2003); Dalí. El arte de escandalizar (2004), Bajo tus pies la ciudad (2012); En las fronteras del miedo (2013); y Sueños eróticos de un adolescente empedernido (2016), son algunos de sus libros más reconocidos

    LA MUJER QUE ALBERGA EN SU NOMBRE

    La mujer que alberga en su nombre

    los misterios del paisaje;
    la mujer que tiene labios etruscos,
    mirada de hematita incendiada y cabello zaíno;
    la mujer que juega con gatos antes de cenar

    y dibuja a tinta la silueta obstinada del sueño;

    la mujer que lee poemas

    y mira en la ventana lunas de fuego;

    la mujer que abre sus pechos al viento
    y se tiende sólo piel en la arena para hacerse ola;
    la mujer que mira ensimismada

    el vuelo lento y en uve de los alcatraces;

    esa mujer,

    ésa,

    me ha dicho que el mar

    nunca olvida la razón de su inmensidad

    ni la causa de su vaivén infinito;

    su destino se teje esta noche

    entre susurros y latidos desbocados:

    El Paraíso es un camino que empieza en su boca

    y termina en el ardiente aleteo de estos dedos

    que tatúan para siempre

    versos de lluvia en su piel humedecida

    y es clamor de pececillos en su vientre.

    TERCOS AMANTES

    Quisieran recobrar

    la noche de sus truncados besos.
    Ella se mece al ritmo de sus espumados dedos
    y él agita sus banderas desde lo alto de los acantilados.
    Sobre el horizonte
    se difumina el flujo de sus embates.
    La nostalgia se sabe inútil,
    el tiempo chirría en la obsesa maquinaria del deseo
    y la soledad se empecina en la noria

    de los amantes tercos.

    Un cuerpo y otro cuerpo
    no son dos,

    no suman uno,

    no son nada,

    es la lluvia que colma,

    asombro enfebrecido,

    el vasto paisaje de sus recuerdos idos.

    CARMEN ESTEBAN

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