ALGA Revista de Literatura
nº78 - primavera 2018




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Te vigilo y no me ves
      de Carmen Esteban

    Sumario

    Páginas centrales

    TALLER DE LITERATURA


    Miquel Hernández

    Selección y comentarios de Ignacio Gamen



    Hace tiempo hubo un hombre entre nosotros,
    alegre, iluminado,
    que amó y vivió, cantaba hasta en la muerte,
    libre como los pájaros.

    Así iniciaba J.A. Goytisolo su homenaje a Miguel Hernández. No es mi propósito hacer un panegírico ni un estudio de su poesía, sino recordar algunos poemas mezclados con pinceladas de su vida (1910-1942) cuando se acaban de conmemorar cincuenta años de su muerte, cruel y desalmada por parte de los verdugos que le dejaron morir, absurda y lamentable para todos.

    Nació en Orihuela en el seno de una familia humilde, no pobre, compuesta por el padre, ganadero, la madre y cuatro hermanos. Como el negocio no iba bien su padre lo puso a cuidar cabras y aprovechaba las horas de pastoreo para leer y escribir poesías inspiradas en la huerta, la montaña, el pastoreo, el río y sus sentimientos.

    El sacerdote D. Luis Almarcha leyó algunas poesías suyas, le gustaron y le abrió su biblioteca. "Ni las cabras han encontrado otro pastor más distraído, ni mis libros otro lector más atento". Don Luis tenía poder e influencia en Orihuela, vio su talento y le ayudó. Ramón Sijé (José Marín) también apreció su talento, se convirtió en su consejero y promotor y le ayudó mucho: él hizo una colecta para pagar el primer viaje a Madrid, consiguió que publicaran su primer libro y lo presentó. Ideológicamente era un cristiano filofascista.

    Muestra de los numerosos poemas de su adolescencia es este que dedicó a una mujer que tras bailar con él lo despreció por joven.

    Estoy perdidamente enamorado
    de una mujer tan bella como ingrata;
    mi corazón otra pasión no acata
    y mis ojos su imagen han plasmado.

    Si escudriño en mi pecho, triste creo
    que otra hermosa me diera sólo enojos
    y si sereno miro, ante mis ojos
    su figura gentil tan sólo veo.

    Con voz trémula le dije mi cariño;
    y sarcástica y cruel exclamó: "¡Niño,
    conoces el amor sólo de nombre!"

    Y desde entonces sufro lo indecible...
    ¿Por qué, amada mujer, crees imposible
    en un cuerpo de niño un alma de hombre?

    Tras el fallido primer viaje a Madrid, trabaja en Perito en Lunas, 42 octavas reales gongorinas, en las que plasma su mundo personal. Los temas van de lo erótico y escatológico a simples juegos estéticos que nadie entendió afortunadamente, ya que se publicó con la ayuda de Sijé y don Luis, que avala y paga la edición, en la editorial católica La Verdad. Fue un fracaso sin paliativos, paliado hoy día por los estudios realizados por Sánchez Vidal, Fernández Palmeral y otros estudiosos que han reivindicado su mérito. Se enfrasca en otro libro El silbo vulnerado. Sus silbos -de las ligaduras, del dale, en la aldea…- irán apareciendo en El Gallo Crisis la revista de Sijé y son muy conocidos y apreciados.

    EL SILBO DE LA LLAGA PERFECTA

    Ábreme, amor, la puerta
    de la llaga perfecta.

    Abre, Amor mío, abre
    la puerta de mi sangre.

    Abre, para que salgan
    todas las malas ansias.

    Abre, para que huyan
    las intenciones turbias.

    Abre, para que sean
    fuentes puras mis venas,

    mis manos cardos mondos,
    pozos quietos mis ojos.

    Abre, que viene el aire
    de tu palabra... ¡abre!

    Abre, Amor, que ya entra...
    ¡Ay!
    Que no se salga... ¡Cierra!

    José Bergamín le acoge en Madrid en la primavera de 1934. En su tertulia conoce a J.M. Cossío, L.F. Vivanco, L. Rosales, P. Neruda, y este le introduce en su círculo de amigos progresistas -Alberti, Neruda, Aleixandre, Maruja Mallo- que lo inician en el surrealismo y le desvinculan de sus amigos y protectores Orihuela, rompe con su novia Josefina Manresa y mantiene con la pintora Maruja Mallo una relación apasionada de la que surgieron la mayoría de los poemas de El rayo que no cesa. Pese a ello Miguel y Sijé mantenían una relación fría y habían quedado en Madrid en la Navidad de 1935 para aclarar su relación. Miguel lo espero el 25 de diciembre, pero Ramón no llegó. Cuando se enteró que había muerto la tarde del 24, conmocionado escribió su elegía. Recuerdo los versos más emotivos.

    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.

    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
    quiero apartar la tierra parte a parte
    a dentelladas secas y calientes.

    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
    y besarte la noble calavera
    y desamordazarte y regresarte.

    Volverás a mi huerto y a mi higuera;
    por los altos andamios de las flores
    pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.
    Volverás al arrullo de las rejas
    de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,
    y en tu sangre se irán a cada lado
    disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
    llama a un campo de almendras espumosas
    mi avariciosa voz de enamorado.

    A las aladas almas de las rosas
    del almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero

    Miguel inmortalizó a Sijé incluyendo la elegía en El rayo que no cesa que estaba en preparación y recuperó la relación con Josefina Manresa a la que dedicó el libro, su primer éxito. El rayo que no cesa. (Primavera, 1936) recoge poemas, sonetos mayoritariamente, dedicados al amor (como él lo sentía, 2) y a tres mujeres: Maruja Mallo (la amante apasionada, 7), María Cegarra (la mujer deseada, 10) y Josefina Manresa (la novia casta, 11).

    2

    ¿No cesará este rayo que me habita
    el corazón de exasperadas fieras
    y de fraguas coléricas y herreras
    donde el metal más fresco se marchita?

    ¿No cesará esta terca estalactita
    de cultivar sus duras cabelleras
    como espadas y rígidas hogueras
    hacia mi corazón que muge y grita?

    Este rayo ni cesa ni se agota:
    de mí mismo tomó su procedencia
    y ejercita en mí mismo sus furores.


    Esta obstinada piedra de mí brota
    y sobre mí dirige la insistencia
    de sus lluviosos rayos destructores.

    7

    Después de haber cavado este barbecho
    me tomaré un descanso por la grama
    y beberé del agua que en la rama
    su esclava nieve aumenta en mi provecho.

    Todo el cuerpo me huele a recién hecho
    por el jugoso fuego que lo inflama
    y la creación que adoro se derrama
    a mi mucha fatiga como un lecho.

    Se tomará un descanso el hortelano
    y entretendrá sus penas combatiendo
    por el salubre sol y el tiempo manso.

    Y otra vez, inclinado cuerpo y mano,
    seguirá ante la tierra perseguido
    por la sombra del último descanso.

    10

    Tengo estos huesos hechos a las penas
    y a las cavilaciones estas sienes:
    pena que vas, cavilación que vienes
    como el mar de la playa a las arenas.

    Como el mar de la playa a las arenas,
    voy en este naufragio de vaivenes,
    por una noche oscura de sartenes
    redondas, pobres, tristes y morenas.

    Nadie me salvará de este naufragio
    si no es tu amor, la tabla que procuro,
    si no es tu voz, el norte que pretendo.

    Eludiendo por eso el mal presagio
    de que ni en ti siquiera habré seguro,
    voy entre pena y pena sonriendo.

    11

    Te me mueres de casta y de sencilla:
    estoy convicto, amor, estoy confeso
    de que, raptor intrépido de un beso,
    yo te libé la flor de la mejilla.

    Yo te libé la flor de la mejilla,
    y desde aquella gloria, aquel suceso,
    tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
    se te cae deshojada y amarilla.

    El fantasma del beso delincuente
    el pómulo te tiene perseguido,
    cada vez más patente, negro y grande.

    Y sin dormir estás, celosamente,
    vigilando mi boca ¡con qué cuido!
    para que no se vicie y se desmande.

    Los acontecimientos del 18 de julio le producen gran inquietud por su vida y su obra: pensaba casarse y disfrutaba su primer éxito. Viaja a Orihuela, allí recibe la noticia del asesinato de Lorca y, conmocionado, entrega con entusiasmo a la causa de la República su persona y su creación lírica. Meses más tarde se casa con Josefina. Fruto de esa entrega es su poemario más conocido: Vientos del pueblo (1937): un canto entusiasta al heroísmo del pueblo que defiende su pan y su dignidad. Empieza con una emotiva elegía a Lorca y contiene algunos de sus poemas más conocidos y cantados (Andaluces de Jaén, El niño yuntero…) Son poemas largos, por ello extracto los fragmentos que me parecen de más interés poético de alguno de ellos:

    ELEGÍA PRIMERA

    (A Federico García Lorca, poeta.)

    Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
    y en traje de cañón, las parameras
    donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
    y llueve sal, y esparce calaveras.

    Primo de las manzanas,
    no podrá con tu savia la carcoma,
    no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
    y para dar salud fiera a su poma
    elegirá tus huesos el manzano.

    hijo de la paloma,
    nieto del ruiseñor y de la oliva:
    serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
    esposo siempre de la siempreviva,
    estiércol padre de la madreselva.

    VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN


    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantan
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamorosa zarpa.

    No soy de un pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.


    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra:
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.

    ROSARIO, DINAMITERA

    A una joven que perdió una mano al estallarle la bomba que preparaba.

    Rosario, dinamitera,
    sobre tu mano bonita
    celaba la dinamita
    sus atributos de fiera.
    Nadie al mirarla creyera
    que había en su corazón
    una desesperación,
    de cristales, de metralla
    ansiosa de una batalla,
    sedienta de una explosión.

    se prendó la dinamita
    y la convirtió en estrella.

    CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO


    Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
    esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
    tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
    de cierva concebida.

    Para el hijo será la paz que estoy forjando.
    Y al fin en un océano de irremediables huesos
    tu corazón y el mío naufragarán, quedando
    una mujer y un hombre gastados por los besos.

    En el otoño de 1937 la guerra va mal y sus poemas se tiñen de pesimismo. Su pensamiento no ha cambiado, pero su ilusión está quebrada. Cuando en 1938 recoge sus poemas en un libro que se distribuirá en las trincheras, lo titula El hombre acecha y lo encabeza con la tremenda Canción primera que acaba con estos versos: Hoy el amor es muerte, / y el hombre acecha al hombre. En otras palabras: La guerra nos ha convertido en alimañas al acecho. Y le siguen poemas largos, con ideología sí, pero sin entusiasmo, y sobre todo con dolor ante las secuelas de la guerra: El hambre, El herido, El tren de los heridos, Madrid, España, la Carta…

    LA CARTA


    Aunque bajo la tierra
    mi amante cuerpo esté,
    escríbeme a la tierra,
    que yo te escribiré.

    En un rincón enmudecen
    cartas viejas, sobres viejos,
    con el color de la edad
    sobre la escritura puesto.
    Allí perecen las cartas
    llenas de estremecimientos.
    Allí agoniza la tinta
    y desfallecen los pliegos,
    y el papel se agujerea
    como un breve cementerio.

    Cartas que se quedan vivas
    hablando para los muertos:
    papel anhelante, humano,
    sin ojos que puedan serlo.


    Cierra el libro con La canción última, un sentido suspiro por el fin de la guerra

    Pintada, no vacía:
    pintada está mi casa
    del color de las grandes
    pasiones y desgracias.
    Regresará del llanto
    adonde fue llevada
    con su desierta mesa,
    con su ruinosa cama.
    Florecerán los besos
    sobre las almohadas.
    Y en torno de los cuerpos
    elevará la sábana
    su intensa enredadera
    nocturna, perfumada.
    El odio se amortigua
    detrás de la ventana.
    Será la garra suave.
    Dejadme la esperanza.

    El libro no pudo distribuirse. Cuando las tropas de Franco en Valencia encontraron 50.000 ejemplares y los destruyeron. Se salvaron dos. En diciembre de 1937 nace su primer hijo, Manuel Ramón y muere en octubre de 1938. El dolor por su muerte inicia una copiosa nevada de poemas que se recogen en el libro póstumo 'Cancionero y romancero de ausencias'.

    Ropas con su olor,
    paños con su aroma.
    Se alejó en su cuerpo,
    me dejó en sus ropas.

    No conoció el encuentro
    del hombre y la mujer.
    El amoroso vello
    no pudo florecer.
    Detuvo sus sentidos
    negándose a saber
    y descendieron diáfanos
    ante el amanecer.
    Vio turbio su mañana
    y se quedó en su ayer.
    No quiso ser.

    En enero del 1939 nace su hijo, Manuel Miguel. Su última esperanza. Ante el caos final de la guerra, protegido por Cossío, vuelve con su familia y luego emprende la huida a Madrid y Sevilla, amparado por poetas falangistas. Pasa a Portugal, la policía portuguesa lo devuelve, es interrogado bajo tortura y enviado a Madrid a la prisión de Torrijos. Aquí escribe "Las nanas de la cebolla" tras la queja de Josefina de no alimentarse bien para criar a su hijo.

    La cebolla es escarcha
    cerrada y pobre:
    escarcha de tus días
    y de mis noches.
    Hambre y cebolla:
    hielo negro y escarcha
    grande y redonda.

    En la cuna del hambre
    mi niño estaba.
    Con sangre de cebolla
    se amamantaba.
    Pero tu sangre,
    escarchaba de azúcar,
    cebolla y sangre.

    Vuela niño en la doble
    luna del pecho.
    Él, triste de cebolla.
    Tú, satisfecho.
    No te derrumbes.
    No sepas lo que pasa
    ni lo que ocurre.

    Los poemas escritos a partir de 1938 -las nanas entre ellos- forman el Romancero de ausencias. Son poemas en los que el dolor, el amor, la esperanza desesperanzada, la familia perdida, las secuelas de la guerra, la cárcel…, cuajan en emotivos, dolorosos y serenos poemas, quizás lo mejor de su obra. He desestimado los más largos y entresacado algunas estrofas de otros, solo por cuestión de espacio. La calidad y la emoción que transmiten todos son indiscutibles.

    [1]

    Ropas con su olor,
    paños con su aroma.
    Se alejó en su cuerpo,
    me dejó en sus ropas.
    Luchas sin calor,
    sábana de sombra.
    Se ausentó en su cuerpo.
    Se quedó en sus ropas.

    [3]

    No quiso ser.

    No conoció el encuentro
    del hombre y la mujer.
    El amoroso vello
    no pudo florecer.
    Detuvo sus sentidos
    negándose a saber
    y descendieron diáfanos
    ante el amanecer.
    Vio turbio su mañana
    y se quedó en su ayer.

    No quiso ser.

    [25]

    Llegó con tres heridas:
    la del amor,
    la de la muerte,
    la de la vida.

    Con tres heridas viene:
    la de la vida,
    la del amor,
    la de la muerte.

    Con tres heridas yo:
    la de la vida,
    la de la muerte,
    la del amor.

    [29]

    Ausencia en todo veo:
    tus ojos la reflejan.
    Ausencia en todo escucho:
    tu voz a tiempo suena.
    Ausencia en todo aspiro:
    tu aliento huele a hierba.
    Ausencia en todo toco:
    tu cuerpo se despuebla.
    Ausencia en todo pruebo
    tu boca me destierra.
    Ausencia en todo siento:
    ausencia, ausencia, ausencia.?

    [40]

    Todas las casas son ojos
    que resplandecen y acechan.

    Todas las casas son bocas
    que escupen, muerden y besan.

    Todas las casas son brazos
    que se empujan y se estrechan.

    De todas las casas salen
    soplos de sombra y de selva.

    En todas hay un clamor
    de sangre insatisfechas.

    Y a un grito todas las casas
    se asaltan y se despueblan.

    Y a un grito, todas se aplacan,
    y se fecundan, y se esperan.

    [49]

    La vejez en los pueblos.
    El corazón sin dueño.
    El amor sin objeto.
    La hierba, el polvo, el cuervo.
    ¿Y la juventud?
    En el ataúd.

    El árbol solo y seco.
    La mujer como un leño
    de viudez sobre el lecho.
    El odio sin remedio.
    ¿Y la juventud?
    En el ataúd.

    [68]

    Cerca del agua te quiero llevar,
    porque tu arrullo trascienda del mar.

    Cerca del agua te quiero tener,
    porque te aliente su vívido ser.

    Cerca del agua te quiero sentir,
    porque la espuma te enseñe a reír.

    Cerca del agua te quiero, mujer,
    ver, abarcar, fecundar, conocer.

    Cerca del agua perdida del mar,
    que no se puede perder ni encontrar.

    [78]

    GUERRA

    Todas las madres del mundo,
    ocultan el vientre, tiemblan,
    y quisieran retirarse
    a virginidades ciegas,
    el origen solitario
    y el pasado sin herencia.

    La sangre recorre el mundo
    enjaulada, insatisfecha.
    Las flores se desvanecen
    devoradas por la hierba.
    Ansias de matar invaden
    el fondo de la azucena.

    Un fantasma de estandartes,
    una bandera quimérica,
    un mito de patrias: una
    grave ficción de fronteras.

    Crepita el alma, la ira.
    El llanto relampaguea.
    ¿Para qué quiero la luz
    si tropiezo con tinieblas?

    Pasiones como clarines,
    coplas, trompas que aconsejan
    devorarse ser a ser,
    destruirse, piedra a piedra.
    Relinchos. Retumbos. Truenos.
    Salivazos. Besos. Ruedas.
    Espuelas. Espadas locas
    abren una herida inmensa.

    Después, el silencio, mudo
    de algodón, blanco de vendas,
    cárdeno de cirugía,
    mutilado de tristeza.
    El silencio. Y el laurel
    en un rincón de osamentas.
    Y un tambor enamorado,
    como un vientre tenso, suena
    detrás del innumerable
    muerto que jamás se aleja.

    [86]

    Suave aliento suave,
    claro cuerpo claro,
    densa frente densa,
    penetrante labio.
    Vida caudalosa,
    vientre de dos arcos.
    Todo lo he perdido, tierra,
    todo lo has ganado.

    [95]

    No te asomes
    a la ventana,
    que no hay nada en esta casa.
    Asómate a mi alma.

    No te asomes
    al cementerio,
    que no hay nada entre estos huesos.
    Asómate a mi cuerpo.

    [98]

    Dime desde allá abajo
    la palabra te quiero.

    ¿Hablas bajo la tierra?
    Hablas como el silencio.

    ¿Quieres bajo la tierra?
    Bajo la tierra quiero
    porque hacia donde cruzas
    quiere cruzar mi cuerpo.

    Ardo desde allá abajo
    y alumbro tu recuerdo.

    [109]

    De aquel querer mío,
    ¿qué queda en el aire?
    Sólo un traje frío
    donde ardió la sangre.

    El triste fin de Miguel Hernández

    Por un error administrativo el 15 de septiembre lo dejan en libertad. Los amigos le aconsejan pedir asilo en la embajada de Chile. Pero inconsciente del peligro va por su familia a Orihuela. Es reconocido, detenido, devuelto a la prisión en Madrid y condenado a muerte. Cossío consigue la intercesión de R. Sánchez Mazas, J. M. Alfaro, D. Ruidrejo y el general Varela, argumentando "El impacto publicitario de lo que habría sido una repetición del asesinato de García Lorca" y Franco le conmuta la pena por 30 años. Es enviado a la prisión de Palencia, luego a Ocaña y finalmente a Alicante adonde llega enfermo con una afección pulmonar que deriva en tuberculosis. Expira el 28 de marzo de 1942. No le fusilaron pero lo dejaron morir por falta de atención médica. ¿Podía haberse evitado?

    Pudo evitarlo D. Luis Almarcha. A él recurrieron familiares y amigos de Miguel para que fuera llevado a un hospital. Tras la guerra, D. Luis fue Consejero del Reino, Diputado en Cortés, y en 1944 obispo de León a propuesta de Franco. Tenía, pues, gran influencia, pudo intervenir y lo hizo: visitó a Miguel llevándole un mensaje muy claro del régimen y de la Iglesia. Si se arrepentía, desautorizaba sus escritos y se casaba por la Iglesia, sería trasladado al hospital. Si no, -son sus palabras- "moriría como un perro". Y se marchó manteniendo su oferta: "O nos das lo que queremos o no tendrás lo que quieres". Miguel no accedió.

    Hubo otros intentos: escritores falangistas, encabezados por Cossío, le ofrecieron dos opciones: "arrepentirse formalmente" con la liberación casi inmediata, o colaborar en periódicos y revistas del régimen con poemas inocuos; así mejorarían sus condiciones carcelarias y sería excarcelado antes. También se negó y se enemistó con Cossío que tanto le había ayudado. No se merecía esta respuesta, pero Miguel estaba agobiado y aferrado a su integridad moral. Días antes de morir, se casó por la Iglesia para que su hijo fuera legítimo y su mujer pudiera cobrar los subsidios por el asesinato de su padre, guardia civil.

    Miguel fue un hombre con una grandísima ambición poética. En este empeño tuvo sus fracasos, sus éxitos, sus actos de servilismo y de dignidad, sus amores y fantasías, sus olvidos, sus arrepentimientos, sus dudas, pero cuando llegó la hora de la generosidad lo dio todo, sin sombras y sin dudas. Su amplia obra es el reflejo de las diferentes etapas de su corta vida y de su voluntad de ser poeta.

    Bibliografía

    En internet existen muchos y buenos estudios, listas de obras sobre Miguel y su obra. Para su biografía recomiendo Oficio de poeta. Miguel Hernández. Eutimio Martín, Ed. Aguilar. Para todo, la web de la Fundación Cultural Miguel Hernández Antologías hay muchas, citaré las de José Carlos Rovira (Clásicos Taurus) y José Luis Ferris (Fundación Cultural Miguel Hernández).

    IGNACIO GAMEN (Tudela de Navarra 1947) reside en Castelldefels. Maestro y Licenciado en Filología, ha dedicado su vida profesional a la enseñanza, especialmente de la Literatura. Es miembro fundador del Grupo de Poesía ALGA y fundador, y editor durante 18 años, de la revista literaria ALGA. Poeta, conferenciante y rapsoda.
    Ha publicado los poemarios Palabras de Barro (Colección Castelldefels, 1992), Al caer de la tarde (Devenir, Madrid 2000), Hay estrellas tras las nubes (Carena, Barcelona 2004) y Antes que caiga la noche (Renacimiento, Sevilla 2014), Sonetos de amor de W. Shakespeare. Versión rimada. (Renacimiento, Sevilla 2009), la Adaptación en verso de "La vida es sueño" de Calderón de la Barca. (Teide, Barcelona 2011) y Cervantes y Shakespeare para el siglo XXI (Carena, Barcelona 2016) y la Adaptación de Los Amantes de Teruel de Juan Eugenio de Hartzenbusch (Carena, Barcelona 2018).