ALGA Revista de Literatura
nº79 - otoño 2018




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la Galería Naturaleza
      de Juan González Diz

    Sumario

    Poesía

    MARIAN QUINTILLÁ

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA. Ver: www.castelldefels.org/alga/

    CÓMO PUEDO DECIR QUE SOY FELIZ

    Cómo puedo decir que soy feliz
    mientras vosotros os vais desguazando
    por las esquinas,
    nuestro hogar se resquebraja en grietas,
    hace frío
    y los bárbaros pisan las flores del patio
    que nadie regó.

    Cómo puedo decirlo.
    Y, sin embargo, es cierto.

    No hay un solo refugio,
    un solo amor,
    al que el dolor no haya llegado
    como un incendio prende un bosque
    y destruye
    en momentos
    lo que nos ocupó toda la vida.

    Yo misma me hallo desmigada.

    Cómo puedo decir que soy feliz.

    Debería estar aullando
    como un lobo desolado y extinto
    hasta quedarme afónica,
    perderme en la luna.
    Enloquecer.

    Sí, ésa sería una buena opción.

    No obstante, soy feliz
    en esta época rota,
    cruel,
    injusta,
    hueca
    y aterida.

    Soy feliz contra toda profecía

    porque llevo vuestra savia en mis venas,
    vuestro fuego en mis huesos
    y, en mis ojos, la certeza del amor
    que me muestra cómo sigue resplandeciendo el mundo
    entre tinieblas.


    JUAN GONZÁLEZ DIZ

    EL ANIMAL

    Andando entre despojos, entre árboles resecos,
    moradas destroncadas de la tierra,
    cuerpos ausentes, vínculos violados,
    el corazón no importa.

    Si importara, seríamos llagas prestas
    a caer de dolor a cada paso
    y eso, amigos, no hay animal juicioso
    que lo consienta.

    Por eso, y sin reparos,
    cuando el corazón sobra
    se lo ha de relegar a la buhardilla,
    con los juguetes rotos, los trastos inservibles,
    los libros viejos que ya nadie lee
    por dolor o vergüenza.

    Entre tanto, las vísceras
    hallarán la manera de ocupar su lugar,
    como hacen siempre,
    y de ese modo,
    ya no pareceremos mutilados
    mientras nos desplazamos por las horas del día.

    Muertos sensatos de mirada sin luz,
    con los ojos ardiendo, sin embargo.

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