ALGA Revista de Literatura
nº79 - otoño 2018




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Foto de la Galería Naturaleza
      de Juan González Diz

    Sumario

    Poesía - Colaboración Especial

    JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS

    JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS (Barcelona, 1939) Poeta y narrador. Catedrático jubilado de la Universidad de Westminster de Londres. Profesor en el máster de creación literaria de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Crítico literario del suplemento Cultura/s de La Vanguardia de Barcelona. Autor de las recopilaciones de ensayos y artículos de crítica literaria Las libertades enlazadas y Voces contemporáneas, y de las antologías de cuentos Los cuentos que cuentan, con Fernando Valls, y The Origins of Desire. Traductor del inglés y del italiano. Tras cuarenta años de residencia en Londres, en la actualidad vive en El Masnou (Barcelona).

    Todas ellas son mujeres sin nombre.
    Venían de las playas del verano
    ajenas al tiempo y condenadas
    a sus cuerpos que no voy a enumerar
    pero recuerdo. Reían. Hablaban.
    Se miraba los pechos. Exhibían
    la falacia del deseo. Rechazaban
    la crueldad de los inviernos,
    la ignominia de tanta hoja
    podrida en el jardín
    como se pudrían, con aroma,
    las frutas del verano.
    Son muchas, tantas las mujeres
    que piensan en el sexo,
    que sueñan escaleras llenas de ojos,
    que se lamen los lóbulos
    a falta de otro amor.
    He visto a las mujeres
    huyendo de los conventos,
    orgullosas de llamarse Rita,
    Asunción, Diamela la más audaz,
    y he visto carros de heno
    con un bullicio dentro.
    La llamo por su nombre
    lentamente. Y me escucha.

    Los muertos que llegan a mi casa
    me duelen
    porque son mis muertos,
    los que un día murieron
    mientras yo estaba vivo.
    Los había olvidado y, de pronto,
    abro la ventana
    y los veo llegar
    arrastrando los pies
    como si no hubiesen muerto.
    Les abro la puerta
    y les pido que, por favor,
    no rompan el silencio
    en el que he vivido
    desde que se fueron.
    Y ahora,
    presencia que me ciega,
    corazón que me ciega enormemente,
    veo a la que me causó tanto dolor,
    a la que una mañana se ausentó
    de mi vida
    y regresa como una caléndula
    llena de luz
    y vivo en la plenitud de este jardín
    de una sola flor.

    En el espejo eras más hermosa.
    Y, sin embargo,
    el vaho te ocultaba
    como te oculta ahora mi memoria.

    Han cuidado al caballo
    mientras yo estaba en coma
    pero no se han acordado de mí
    (ni yo de ellos, algo inevitable).
    Necesito salir de casa
    para estar solo
    y huir de esta soledad que me rodea.
    ¿Quieren más al caballo que a mí?
    ¿Se acordarán de él cuando no esté?
    Quisiera dormir de nuevo.
    No un sueño eterno,
    sino hasta que dure
    la interminable vida.
    Esta primavera he estado ausente
    y ahora vivo en un rencor insaciable.
    Ellos se han llevado a mi caballo.
    ¿Se acordará el caballo de mí?
    Pido a Dios
    que me deje creer en él
    o en algo que consuele.
    Pero Dios se ha ido para siempre.
    Y yo me he ido para siempre
    de todos, pero no de mí.
    Cuando salgo a la calle
    oigo una llamada de teléfono
    y me consuela saber
    que no hay nadie en casa.

    Dies cremats com a paper japonès
    dels que no queda mes que la cendra
    de la memòria. Caminem a palpentes.
    La remor de la llum que s'allunya
    vers l'oblit, pous d'ombra negra al cor
    pols als ulls que inventaven el teu cos
    i el buscaven en la musica
    de las nits de fanals de l'estiu.
    Cecs d'una rancúnia que neix de l'amor,
    perduts en la malson d'un bosc

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