Elisabeth Aranda


Poemas visuales
ALGA nº80

Poema 1
Poema 2
ALGA nº79

Tus espasmos de locura irrumpen atrevidos…
Tantos males que se hacen con querer…
ALGA nº78

Si vienes al otro lado
Gozarás del brillo que me pulo
ALGA nº77bis

Dementes disecados
La hamaca tiene la anatomía…
ALGA nº77

21 gramos, …
Me crecen los ombligos,…
ALGA nº76

Cuando vaya a verte,…
ALGA nº76

Confluyen en los tiempos modernos...
Me sorprendo comiendo barro...
ALGA nº75

SEMBLANTES
A LA POUSSIÈRE DU TEMPS
El equilibrio iba cojo,...
ALGA nº73/74

VOMITÉ LOS DESEOS. REQUERÍ BISTURÍ.
Qué feliz tiempo llegó hasta aquí,...
ALGA nº71

LOS PEZONES SON HIRIENTES
ALGA nº67

Mi abuelo…
Está crítica la Luna
D.D. (Desilusión y desaliento)
ALGA nº66


ILUSTRACIONES
ALGA nº67, nº68

Elisabeth Aranda nació en París, actualmente reside en Sant Cugat. Estudió filología francesa en la Universidad de Zaragoza y Letras modernas en l'Université de Paris X - Nanterre. Es una artista multidisciplinar con Taller-Galería en Barcelona. Escribe y construye poesías móviles, assemblages, historias enmarcadas, realiza y produce documentales y minifilms. Es profesora (en excedencia) de Lengua y Literatura Francesas en un Instituto de Barcelona. Ha publicado tres poemarios, dos de ellos autoeditados; Soliloquio de la esfera y Blanco y negro, así como el libro de poemas ilustrado con dibujos de la autora Autologia. Las orillas secretas. Actualmente está preparando una exposición de móviles y minifilms y sigue escribiendo.

www.elisabetharanda.com

SEMBLANTES

No volverás a sembrar las carnes
ni a acariciar el vello de las almas
ni a murmurar humos de cielo.
Camparán a su antojo las distancias.
Las pócimas inmortales regresarán
al pozo de tierra
aquejadas las piedras
de apretar el olvido.
Errarás en los labios del mundo.
Comeremos los señuelos del tiempo
cada uno a sus modos,
sonrojados de haberle temido al miedo,
arrepentidos por haber tenido
el corazón abierto.
Una hoja blanca se llenará de bocas.
En el techo de mi casa anidaré mañana,
los ojos puestos en alas perdidas.

A LA POUSSIÈRE DU TEMPS

La retina milenaria esculpió las formas
que las bocas nombraron
sin enmudecer jamás.
Cubiertas con cromas que decoran el mundo
construyeron parajes habitados del tiempo.
Una hebra interminable sujeta la historia,
acompaña abrazando las almas eternas
de todos los que crecen a la vera del dios.
La vida palpita
aun lejos del viento.

Polvo de tiempo.
Una perla de gas.
Un aliento de voz.
Humo es la palabra.
Silencio total.
¿De qué sirve la sed
si el río es el viento?
¿Para qué el frío
si la ceniza siento?
Terco pretendo.
Terco.
Pretendiendo pierdo
y el camino se ríe a mis pies
porque soy polvo de tiempo.

El equilibrio iba cojo, y yo, que no veía, no estaba ciego. Dormía. Dormíamos con las blancas, con las nieves. Cuando no quedaba nadie desperté del tiempo atrás, del otro mundo, del que quizá tenga que regresar un día para vivir alguna vida posible, que no sea la que estoy matando.
Un aventurero negro dijo que no existe la esperanza, me costó, pero bebí su lengua y me perdí en las lenguas de los lagos deslenguados y de los bosques putrefactos por haberse comido la lengua común de los árboles milenarios. Comí la oscuridad y tengo miedo de besar porque no sé qué saldrá de mi boca.

Revista Alga, nº 73/74
Castelldefels, primavera 2015