“El Crimen de Castelldefels”

Castelldefels a finales del siglo XIX

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Jordi Navarro Pérez

Gabriel García Rosauro

Neus Cardona Vives

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Octubre de 1999

 

 

INDICE

Índice .................................................................................02

Agradecimientos ................................................................04

Prólogo ...............................................................................05

Introducción .......................................................................07

Las fuentes para conocer

“El Crimen de Castelldefels” y su época ...........................08

 

Primera Parte: “EL CRIMEN DE CASTELLDEFELS”

1.      Primeras noticias del crimen ..................................... 15

2.      Los móviles ............................................................... 20

3.      Las autopsias y el sepelio .......................................... 24

4.      La acción de la justicia .............................................. 27

5.      Las detenciones ......................................................... 29

 

Segunda parte: CASTELLDEFELS A FINALES DEL SIGLO XIX

6.      El medio físico y las comunicaciones ....................... 35

7.      El pueblo de las fiebres ............................................. 39

Ø      Personajes: “Pedro García Faria”, por 

Andreu Benito ................................................ 43

8.      Los habitantes ........................................................... 45

Ø      Anexo: “Castelldefels en la Enciclopedia

Espasa”.............................................................51

9.      Las actividades económicas ..................................... 53

Ø      Anexo: “La vida cotidiana en 1789”...............60

 

Tercera parte: EL JUICIO

10.  El contexto histórico .................................................63

11.  El tribunal ................................................................. 66

12.  Comienza el interrogatorio ....................................... 70

13.  La actitud del procesado ........................................... 77

14.  Peritos y testigos ....................................................... 81

15.  Conclusiones de las partes ........................................ 86

16.  El discurso presidencial ............................................ 89

17.  La sentencia .............................................................. 94

18.  La versión de “La Publicidad” ................................ 97

 

Cuarta parte: LAS INSTITUCIONES MUNICIPALES

19.  El ayuntamiento ...................................................... 102

20.  Los presupuestos municipales ................................ 105

Ø      Anexo: “Las dificultades económicas

del Ayuntamiento de Gavà”, por Alfons                          

Gibert i Valentí..............................................107

21.  Los impuestos ......................................................... 108

Ø      Personajes: “Manuel Girona y Agrafel”,

por Anna Vollmer Torrubiano.......................114

22.  Política y elecciones ............................................... 116

Ø      Anexo: “El distrito electoral de

Vilanova”.....................................................123

23.  Quintas .................................................................... 124

24.  El juzgado municipal .............................................. 130

25.  La iglesia ................................................................. 133

Ø      Personajes: “Enric Sagnier i

Villavecchia”, por A. López Borgoñoz.........140

26.  La escuela ................................................................ 142

 

Quinta parte: LA EJECUCIÓN

27.  Los días previos ....................................................... 146

Ø      Personajes: “Camilo Casanovas y

Ventura”, por Anabel Fernández .................150

28.  Las peticiones de indulto ......................................... 151

29.  La capilla ................................................................. 154

30.  La ejecución ............................................................ 157

Ø      Anexo: “El garrote vil”, por José

Antonio Aznar................................................. 163

 

Punto final ..................................................................... 164

 

Bibliografía .................................................................... 166

 

 


AGRADECIMIENTOS

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Queremos dar las gracias a Ernesto Baquer y Jordi Vila por la inspiración y la ayuda que nos brindaron en los primeros momentos; a Javier Clemente por la presentación y por sus valiosísimas indicaciones; a Antonio Barril y Joan Planas (que ya no están entre nosotros), a Teresa Nomen, Alberto Cubero, Isabel Muñoz y Teresa Ros, por dedicarnos parte de su tiempo para explicarnos cómo era este pueblo; a Francisco Capacés por dejarnos utilizar las informaciones de su libreta; a Andreu Benito, José Antonio Aznar, Anabel Fernández, Alfonso López y Anna Vollmer por los textos que acompañan este estudio y nos ayudan a comprender los distintos temas y personajes; a Ian Gibson por sus valiosas recomendaciones sobre la prensa decimonónica; a Juan Manuel Ferrera por los datos acerca de la construcción de la línea férrea y a Teresa Mestres, del Centre d’Estudis Penedesencs, por la información sobre el crimen de Santa Maria de Foix; a todos los autores que se citan en la bibliografía pues sin su trabajo no hubieramos podido darle la coherencia y el interés que estas páginas tienen; y, por supuesto, a Antonio García Lora, que nos puso sobre la pista de los crímenes hace ya muchos años.

 

Sin todos ellos esta investigación no hubiera sido posible.

 

 

LOS AUTORES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

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Las conversaciones que ocuparon a los lugareños del Castelldefels que transitaba del  siglo XIX al XX se detuvieron muchas veces, sin lugar a dudas, en el caso de “El Crimen de Castelldefels”. Desenmarañar la palabra justa entre tantos ecos teñidos de sangre por las muertes de un cura y de su sobrina no puede ser tarea fácil puesto que, como voces del fondo de una caverna, son engañosos y dispersos. Una realidad única, con ellos, adquiere tonos y matices desconcertantes. Jordi Navarro Pérez, Gabriel García Rosauro y Neus Cardona Vives, sin embargo, no se dejaron amilanar por la oscuridad  en que quedara  toda la verdad del doble asesinato. Los documentos judiciales y noticias de los periódicos de entonces no contentaron su afán de adentrarse el caso y llegar al fondo de la cueva en que se ha mantenido el testimonio del pueblo. Más allá de una convencional reseña de la memoria impresa, han ido en pos del recuerdo vivo.  Con este propósito, se han manejado transcripciones de relatos captados con tesón por el señor Francisco Capacés de Cros entre 1961 y 1965, y grabaciones de conversaciones con otros testigos del ayer mantenidas en 1986 por Jordi Navarro. Se han acercado, de este modo, las voces de aquellos que eran niños o adolescentes cuando se perpetró el crimen, aquellos que, dada su edad entonces, más vivamente pudieron dejar sellada en su memoria la impresión de los luctuosos sucesos vividos en el castillo del pueblo. La nitidez del relato periodístico, que se convierte en hilo conductor del libro, estará arropada por sonidos dispersos, disonantes en ocasiones. Pese a ello, no se sucumbe ante el entusiasmo o la vehemencia de quienes quisieron ofrecer nuevas versiones. La labor ha sido presidida por la cautela y se nos ofrecen los datos con una ubicación precisa y advertencia de su exacto valor testimonial. No han de sorprendernos estas cualidades, pues la obra es el resultado de una larga gestación.

 En 1991, Jordi Navarro publicó Castelldefels, una introducció a la seva geografia i història. Aquí se anunciaba ya su intención de proporcionarnos un estudio sobre “El Crimen de Castelldefels”. Esa monografía se llevó a cabo en equipo; sin duda, con la pretensión de evitar la subjetividad de una labor solitaria.

Gabriel García hacía que el estudio fuera un fiel espejo de un periodo que él domina. Con sus aportaciones sobre historia contemporánea la obra cobraba una amplia  perspectiva. El asunto abordado se veía envuelto en un universo de implicaciones de las que no se quería prescindir.

En distintos ciclos de conferencias, Neus Cardona ha mostrado sus conocimientos sobre la historia del castillo de Castelldefels. Ese bagaje posibilitó la inclusión de elementos indispensables para que el caudal de información sobre el crimen que allí se perpetró fuera completo.

La colaboración del equipo así conformado mereció el III Premio de Investigación convocado por el Ayuntamiento de Castelldefels en 1992. Al trabajo de  búsqueda ganador, hasta ahora inédito, los autores han podido añadir elementos hallados tras la revisión de los datos, así como nuevas claves ambientales, sociológicas e históricas.

 Claro queda, según lo dicho, que aquella promesa individual de ofrecernos el análisis de “El Crimen de Castelldefels” se ha cumplido con un logro colectivo. Logro colectivo de quienes lo firman, evidentemente, pero también de los que brindaron aportaciones puntuales, de los que han animado a los autores, de quienes han dado cauce a las vías para su publicación... De este modo, al final del proceso, las páginas que siguen sorprenderán con su óptica poliédrica, debida a la presencia de distintas voces y testimonios. También es destacable que, manteniendo su fidelidad al contenido histórico, la redacción se haya impregnado de la agilidad propia de un relato de creación. Estos factores, unidos al interés intrínseco del tema, hacen pensar que la iniciativa de desvelar las claves de “El Crimen de Castelldefels” se verá recompensada con el entusiasmo de los lectores que ya están a punto de adentrarse en un retrato de muertes con violencia, de su época y entorno.

 

 

                                               JAVIER CLEMENTE HERNÁNDEZ

 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 

INTRODUCCIÓN

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Esta obra es la primera que se ocupa de un periodo muy concreto de la historia de Castelldefels, exactamente el comprendido entre 1890 y 1900, pues hasta ahora sólo se habían publicado libros de carácter general. Para explicarlo, hemos conjugado una descripción casi periodística de unos hechos (un doble asesinato) y una elaborada investigación histórica que nos ha permitido conocer el entorno social y económico del pueblo, sin dejar de lado conceptos y realidades olvidadas y, sin embargo, importantes para la comprensión histórica de una comunidad rural: el miedo a las enfermedades, el valor de las distancias, el impacto de la muerte, la economía de autoconsumo, el fatalismo...

Así pues, el crimen, lo advertimos ya aquí, en la introducción, es una excusa para analizar las pervivencias y los cambios que se producen durante la última década del siglo XIX, un siglo que se caracterizó por las continuas crisis demográficas y económicas debidas a la existencia de tierras pobres, a las lagunas insalubres que producían enfermedades palúdicas, a la emigración de la población joven, al “alejamiento” de Barcelona por las deficientes vías de comunicación... una suerte parecida a la de tantos pueblos catalanes y españoles en este mismo periodo. No obstante, esa inercia histórica se irá rompiendo paulatinamente con la construcción del tendido ferroviario y de la carretera, la compra del castillo y una gran cantidad de terreno por parte del magnate Manuel Girona, la construcción de la iglesia parroquial y la nueva ordenación del pueblo. Por último, ya bien entrado el siglo XX, la desecación de las marismas por la Mancomunitat alejará el temor a las enfermedades palúdicas y propiciará la llegada de los primeros veraneantes.

A la hora de estructurar la obra, la hemos dividido en cinco partes bien diferenciadas. La primera, tercera y quinta narran los sucesos relacionados con el crimen mientras que la segunda y la cuarta tratan sobre Castelldefels durante ese momento histórico. Con esta información pretendemos que el lector pueda saltarse, si así lo desea, el orden establecido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS FUENTES PARA CONOCER

“EL CRIMEN DE CASTELLDEFELS” Y SU ÉPOCA

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Las fuentes archivísticas

 

Todo trabajo que intenta conocer la historia de algún lugar tiene que utilizar fuentes diversas. Para rastrear, completar y comprender sucesos, personajes y el espacio donde se desarrolla el drama tuvimos que consultar, como es lógico, muchos archivos. El primero que hemos de destacar, por ser el más cercano, es el Arxiu Municipal. Allí  se guarda la correspondencia de entrada y salida del ayuntamiento y del juzgado municipal, los registros de empadronamiento y quintas, los presupuestos y las actas de sesiones ordinarias y extraordinarias. Este material nos ha servido para estudiar aspectos muy importantes relacionados con el crimen, el espacio físico, los cambios demográficos, las familias importantes del pueblo, los problemas económicos y los hechos más descollantes según el ayuntamiento. Pero sus fondos están incompletos, habiendo series que se han perdido por culpa de una mala gestión o por haberse ocultado deliberadamente (aunque también habría otra causa que no hay que desdeñar: el ayuntamiento de la época era muy pequeño y tenía otras preocupaciones más urgentes que guardar sus problemas para la posteridad).

A menudo fue necesario visitar otros archivos para conocer la vida de las víctimas, buscar informaciones sobre el procedimiento judicial o aspectos relacionados con la cabeza del partido judicial. Sin embargo, muchas veces con este peregrinar no conseguimos los resultados apetecidos. Por ejemplo: la documentación que tenía que hallarse en el archivo de la Audiencia Territorial de Barcelona, que era la que instruyó las primeras diligencias del caso y donde se desarrolló el juicio, no existe. En otras fue verdadera mala suerte: no pudimos conocer con exactitud la filiación de Rita Bosch, la víctima más joven, porque nació un año antes de que se creara el registro civil en España.

Con estas limitaciones se hizo necesario recurrir a otros archivos de ámbito mayor (de la Diputació de Barcelona, de la Corona d’Aragó, el Histórico Nacional de Madrid) porque allí había documentos y circulares sobre las pequeñas comunidades: ordenanzas, información sobre grandes calamidades, movimientos de tropas, embargos, elecciones, nombramientos... En todos los documentos que por un motivo u otro hemos transcrito hemos respetado la grafía original. Las abreviaturas de los archivos y hemerotecas consultados que aparecen en las notas a pie de página es ésta:

 

AATB, Archivo de la Audiencia Territorial de Barcelona.

ACA, Arxiu de la Corona d’Aragó.

ADB, Arxiu Diocesà de Barcelona.

ADiB, Arxiu de la Diputació de Barcelona.

ADV, Arxiu Diocesà de Vic.

AHCB, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (Casa de l’Ardiaca).

AHN, Archivo Histórico Nacional de Madrid.

AHMS, Arxiu Històric Municipal de Sitges.

AMC, Arxiu Municipal de Castelldefels.

AMM, Archivo Municipal de Murcia.

AMSF, Arxiu Municipal de Sant Feliu

AMV, Arxiu Municipal de Vic.

APS, Archivo Provincial de Sevilla.

HMM, Hemeroteca Municipal de Madrid.

HMS, Hemeroteca Municipal de Sevilla.

IEP, Institut d’Estudis Penedesencs de Vilanova i la Geltrú.

 

 

 

La prensa

 

Sin la transcripción oficial del juicio, nos era difícil, por no decir imposible, realizar una exhaustiva investigación del llamado “El Crimen de Castelldefels”. Sólo pudimos hacerlo al consultar los diarios de la época, porque en esos momentos la prensa dedicaba gran atención a las noticias de crímenes, atentados, juicios curiosos y reyertas. Es por ello que debemos detenernos, antes de empezar a explicar qué ocurrió una mañana de agosto de 1893, y hacer un balance de la situación de la prensa nacional y barcelonesa a finales del siglo pasado.

Gracias a la ley de 1883, permisiva y tolerante por la determinación del liberal Sagasta, se desarrolló la prensa política y no política. Aunque la prensa de partido alcanzó una cierta importancia, fueron los diarios de información general de Madrid y Barcelona los que consiguieron gran popularidad al tratar temas nuevos de forma más desenvuelta. Los frutos se apreciaron en que las tiradas de los periódicos aumentaron considerablemente (por ejemplo, "El Imparcial" de Madrid pasó de 50.000 ejemplares en 1885 a 140.000 en 1900). Pero ese aumento no sólo es un fenómeno de núcleos burgueses sino que también aparece en las distintas capitales de provincia y de comarca.

Será la calidad de los diarios y el mantenimiento de la libertad de prensa la que nos servirá para interpretar y sondear el impacto de “El Crimen de Castelldefels” y la época en la que se enmarca. Comparando periódicos de tiradas y características parecidas veremos como la extensión que se le dedica al asunto es muy diferente según sea un suceso provincial o no, viniendo a demostrar que lo cercano, lo palpable, es vendible a un público que lo demanda. Mientras los diarios de Barcelona siguen  puntualmente los hechos e incluso se reproduce textualmente el juicio, en Madrid u otros lugares la mención a este crimen apenas ocupa cuatro o cinco líneas.

Estas diferencias en el tratamiento de una noticia nos llevan a otras conclusiones. Hay noticias que interesan más a los lectores burgueses, como los referidos a la inestabilidad política: los movimientos anarquistas en Jerez y Arcos de la Frontera, el motín de San Sebastián, los atentados contra el general Martínez Campos, los asesinatos del presidente de la República Francesa y de Cánovas del Castillo, la bomba del Liceo, el proceso de Montjuïch... Todo lo relacionado con "los desórdenes en este mundo cambiante", especialmente los de ámbito político y social[1], se convierte en una preocupación lógica para una burguesía miedosa que se alía con una nobleza decadente. Esta burguesía también leerá noticias sobre la bolsa, la arribada de productos americanos, los ecos de sociedad, las informaciones sobre nuevos inventos...

En cambio, hay otras que eran tratadas pormenorizadamente porque iban destinadas a un público más amplio, un público fiel que las leía y las escuchaba (en las zonas rurales, en los cafés, en las reboticas, las barberías, se leía la prensa a los más curiosos de los analfabetos de la época). Nos referimos, por ejemplo, a las menciones a la salud como el miedo al cólera en Barcelona y otras capitales europeas, anuncios sobre tónicos, ungüentos, depurativos, consejos íntimos sobre enfermedades venéreas; al gusto por el folletín, presente en prácticamente todos los diarios[2]; y sobre todo a los sucesos de variada índole, herencia de una tradición popular (canciones, romances de ciego o "romanços de sang i fetge" en Cataluña), como eran las fugas amorosas, los crímenes pasionales, los incendios desgraciados. No nos resistimos a incluir aquí un caso de este tipo publicado en "El Ideal" con fecha 2 de septiembre de 1893 sucedido en Lorca (Murcia):

 

"Ayer abandonó la casa del domicilio conyugal, en unión de su enamorado galán Joaquín Navarro, una joven de 64 años. El ultrajado desposo, que desgraciadamente carece de vista, se encuentra desolado llorando la ausencia de tan casta paloma”.

 

En Cataluña, la aparición de la prensa se produjo en el siglo XVII, pero el impulso que había de llevarla a su madurez comenzó a mediados del XIX. Desde esta fecha se multiplicaron las publicaciones periódicas de todo tipo, en buena parte debido a influencias foráneas, a la implantación burguesa coincidiendo con el desarrollo industrial y al auge del movimiento obrero de clase desde 1869 (fecha de la llegada del anarquista Fanelli). Es lógico pensar que la ideología y el poderío económico de la burguesía se reflejasen en las diferentes publicaciones de la época. Con todo, no hay que olvidar que hubo otros periódicos, republicanos, anarquistas, socialistas, que no tuvieron una difusión tan amplia por falta de medios económicos, hecho que provocó una periodicidad semanal o mensual. También es sabido que sufrieron interrupciones y suspensiones debidas a su ideario. A continuación reseñamos los más representativos del periodo en la provincia de Barcelona que hemos utilizado en nuestra investigación como fuente documental:

El "Diario de Barcelona" era el más antiguo de España y decididamente monárquico, hasta tal punto que Alfonso XII recompensó a la familia Brusi, los editores del periódico, con un marquesado. Cabe destacar la participación de un personaje tan ilustre como Joan Maragall.

“El Correo Catalán" apareció en 1876 fundado por el patricio carlista Manuel Milá de la Roca como “Diario popular defensor de los intereses morales y materiales del país". Fue suspendido más de una vez por su exaltación de la causa carlista ("Dios, patria y rey" era su lema), y colaboraron figuras descollantes del mundo católico y del tradicionalismo catalán y del resto de España.

"La Vanguardia" se editó a partir de 1881 como órgano del Partido Constitucional de la Provincia. Destacaba por el concurso de reputadas firmas, así como por lo numeroso de su tirada, que llegó a ser de l00.000 ejemplares. 

“La Publicidad” era otro gran diario de la ciudad, una verdadera institución. Había sido fundado en 1878 y, según fuera el propietario, variaba de tendencia. En la época que nos ocupa se definía como “posibilista” y lo dirigía Eusebio Corominas, secretario del Partido Democrático de Emilio Castelar.

“La Dinastía”, cuyo primer número se publicó el 14 de octubre de 1888, era de tendencia conservadora y, por lo tanto, ferozmente antirrepublicano. En 1890 fue comprado por el Círculo Liberal-Conservador, lo que supuso la introducción de abundantes mejoras. En él trabajó como redactor una persona muy importante en el caso Figueras. Nos referimos a su abogado, José Alemany.

De inspiración catalanista y de menor tirada que los precedentes fueron el "Diari  Català", "La Reinaxença", "Lo Catalanista" y "La Veu de Catalunya". De otro signo eran publicaciones como "La Campana de Gracia", semanario satírico, republicano y anticlerical que también se ocupó también del crimen; "La Barretina", "La Marsellesa", "La Tramontana" y "El Federalista".

No hemos incluido publicaciones anarquistas y socialistas ya que éstas cobrarán importancia iniciado el siglo XX, y lo mismo sucede con la prensa de ámbito comarcal del Baix Llobregat. Sin embargo, sí hemos encontrado informaciones de gran valor en la de El Garraf, en el semanario “El Eco de Sitges” y en el “Diario de Villanueva y Geltrú”.

Otros diarios españoles que hemos consultado para ver el alcance de los hechos son “El Imparcial" de Madrid, “El Ideal” de Granada, “El Noticiero Sevillano”, “El Porvenir” de Sevilla, “Diario de Murcia” y “El Liberal” de Murcia.

 

 

 

La bibliografía

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Hay muy pocos estudios históricos sobre Castelldefels y menos aún sobre el siglo XIX. Un par de obras fueron publicadas durante los años setenta pero sólo una, la que pretendía hacer una breve historia de la parroquia[3], tenía el suficiente rigor histórico para trascender tras hacerle un análisis serio. Pasarían años antes de que Neus Lorenzo investigara grandes periodos de la historia de nuestra ciudad[4] y uno de los firmantes del presente trabajo, Jordi Navarro, publicara dentro de la “Col.lecció Castelldefels” el primer manual que trataba aspectos geográficos y de su evolución histórica[5]. Por último, en 1998 Josep Campmany escribió un libro en el que intentaba desmontar el tópico de que el pueblo hasta épocas muy cercanas vivía de espaldas al mar[6]. Es decir, las obras y los estudios que tienen como fin principal conocer cómo fue Castelldefels se pueden contar, casi, con los dedos de una mano y, por lo tanto, no nos han servido de gran ayuda para la elaboración del libro.

Ante esta carencia hemos tenido que recurrir a la bibliografía de ámbito más general sobre aspectos tan diferentes como el momento político de la Restauración, la dinámica nacional e internacional, la legislación penal, el movimiento obrero y la movilidad demográfica, entre otras. 

 

 

 

 

Las entrevistas

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Aunque en 1986, fecha de inicio de nuestra investigación, no vivía nadie ya contemporáneo del crimen, sabiendo que tuvo que marcar profundamente al pequeño pueblo que era el Castelldefels de 1893, nos planteamos recoger testimonios de descendientes de las familias que lo habían vivido con la esperanza de aclarar algunos puntos que se nos antojaban oscuros. Lamentablemente, nos encontramos con que muchos conocían parte de los hechos, pero de manera tergiversada y se equivocaban con las fechas. Aún así, hemos de destacar la colaboración prestada por Teresa Nomen, Antonio Barril, Teresa Ros, Alberto Cubedo, Isabel Muñoz y, sobre todo, Joan Planas, que hizo gala durante más de seis horas de conversación de una memoria prodigiosa para los detalles, confirmando en muchas ocasiones datos que sabíamos por la prensa.

Muy recientemente, por mediación de Javier Clemente, hemos podido consultar una libreta en la que Francisco Capacés de Cros escribió, entre 1961 y 1963, datos y acontecimientos que le explicaron varios ancianos, la mayoría de los cuales sí que habían presenciado los acontecimientos que narramos. Parte de estas declaraciones las hemos incluido, indicando siempre el nombre de la persona y la fecha en que se realizó la entrevista[7].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Ayer se decía en esta ciudad que habían sido asesinados el rector de Castelldelsfells (sic) y su criada, pero no se conocían detalles del hecho, ni se tenía tampoco certeza de lo que hubiera ocurrido.

A última hora de la noche se sabía en los centros oficiales que era cierta la noticia y que los criminales cometieron tan horrible acto, impulsados por la idea de robar los ahorros del cura.

También se sabía que había salido para dicho pueblo el capitán de la Guardia Civil de Villafranca con algunas parejas á sus ordenes y con objeto de perseguir á los criminales. Así se nos comunica por teléfono á última hora”.

 

"La Vanguardia", domingo  27 de agosto de 1893

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera parte:

“EL CRIMEN DE CASTELLDEFELS”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

PRIMERAS NOTICIAS DEL CRIMEN

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El sábado 26 de agosto de 1893 la noticia de que por la mañana se había cometido un doble crimen en una pequeña población llamada Castelldefels (un lugar del que casi nadie había oído hablar, pues periodistas y tipógrafos no acertaban a escribirlo correctamente), llegó a Barcelona y a las redacciones de los principales diarios de la capital. Sólo "La Vanguardia" pudo incluir algunos datos antes de que el periódico entrara en máquinas, entre ellos el que apuntaba que una de las víctimas había sido el cura de la parroquia.

Este hecho y sus sangrientas características explican por qué se reservaron las dos primeras páginas de la edición del lunes 28 de agosto para el artículo firmado por Augusto Riera[8], el periodista enviado especialmente desde Barcelona para cubrir el caso. Riera explica a sus lectores cómo es el lugar donde se desencadenó la tragedia, aporta información sobre las víctimas, los primeros pasos que dio la justicia, los datos que proporcionaron las autopsias, preguntándose, como también lo hubiéramos hecho nosotros, sobre los posibles móviles del crimen. Su agudeza y dotes de observación son tan grandes que nos han obligado a reproducir casi en su totalidad esas dos páginas del diario, encabezadas por el titular “El Crimen de Castelldefels”:

 

“La falta de detalles que había del doble crimen cometido en Castell de Fels, de que hablamos en nuestra edición de ayer, y la emoción producida en muchos círculos de esta capital con aquellos crímenes por la calidad y circunstancias de las víctimas, nos aconsejó la resolución de que fuera a Castell de Fels nuestro compañero de redacción para dar cuenta á los lectores de La VANGUARDIA de lo ocurrido (...).

 

 

 

Primeras noticias del crimen

 

Anteayer, á las once de la mañana un chico que hacía oficios de monaguillo en la iglesia del nombrado pueblo, bajó corriendo la cuesta en que se halla asentada la iglesia y casa rectoral, y llegó al pueblo dando desaforadas voces de auxilio. Al ser preguntado por los que le oyeron, contestó que venía de la rectoría y que había visto allí tendido en el suelo, sobre un charco de sangre, al señor cura, á quien, por más que llamó, no hizo movimiento alguno”.

 

“El Correo Catalán" da el nombre del monaguillo: se llamaba Enrique Fuster y un año más tarde será uno de los testigos en el juicio. En cambio, Joan Planas nos aseguró en 1986 que quien descubrió los cadáveres fue Esteban Bou Cluxart, que había subido hasta la rectoría a buscar agua a unos aljibes del castillo porque estaban trillando en la casa de Arcadio Balaguer[9].

 

“Circuló la voz por el pueblo, y varios hombres que forman parte del somatén[10], empuñaron sus armas y á toda prisa se encaminaron cuesta arriba hasta llegar á la casa rectoral. Una vez allí, vieron entornado el portillo de la puerta que da acceso al patio y penetraron por él”.

 

Después de proceder a hacer una descripción detallada de la casa rectoral y de los enseres que contenía, el periodista explica su actuación:

 

“Al   llegar  los  somatenes,  desde  una ventana del segundo se oyeron gritos de socorro dados por una mujer. En todos los sitios anteriormente descritos había grandes manchas de sangre, y anchos regueros de ella en todos los tramos de la escalera. Junto á la puerta de entrada del patio, una mancha mayor que las otras, y en la puerta misma, la impresión sangrienta de tres dedos, que por las señales allí dejadas, se vio que habían apretado fuertemente la madera, como quien oprime con angustia; ó á guisa de la marca dejada por una mano convulsa de cólera ó febricitante de impaciencia. Sobre la baranda de ladrillo, una puntilla de crochet y un ovillo de hilo, no tirados, sino dejados con cuidado. Arriba, un cristal de la vidriera hecho añicos y salpicado de sangre, así en los trozos que quedaban en el bastidor como en los que yacían por el suelo. Dos palmos más allá, barriendo la entrada, con la cabeza debajo de la caja de una máquina de coser, apoyada la cara sobre el brazo doblado, boca abajo sobre un charco de sangre todavía no cuajada, yacía el que en vida fue ecónomo de la parroquia de Castell de Fels don Jacinto Orta Berenguer.

Cerciorado el cabo de somatenes, señor Viñas, de que aquel hombre estaba muerto, saltó por sobre de él, y siguiendo el rastro de sangre que guiaba hacia las habitaciones superiores, atravesó la sala que daba acceso á la habitación del ama, cuya puerta estaba cerrada. Llamó; nadie contestaba; volvió á llamar con más fuerza decidido ya á hendir la puerta, y entonces, con voz todavía entera, preguntó una mujer que quién llamaba. Y al contestar el cabo que era fuerza de los somatenes que venía á darla auxilio, y quizá reconociendo la voz ó las voces, la que estaba encerrada abrió la puerta y el cabo del somatén pudo ver á la sobrina del sacerdote doña Rita Bosch y Orta, tendida sobre la cama, desangrándose por varias heridas, la más aparente de las cuales estaba en la región temporal izquierda. Esta joven, bastante hermosa, por cierto, y que contaba 21 años de edad, exhalaba de cuando en cuando hondos quejidos y rogaba por compasión que le sacaran un proyectil que decía tener alojado en el pecho. Se veía de un modo claro que la hemorragia de las heridas era espantosa y que quedaban á la infeliz pocos momentos de vida. Quiso aprovecharlos el cabo de somatenes para que prestara declaración, ya que parecía tener aún pleno goce de sus facultades mentales, y la preguntó quién la había herido. Contestó la joven estas palabras:

-Un joven... -y se interrumpió, no movida a lo que parece por exceso de dolor, sino como acometida por reflexión súbita.

-¿Quién era ese joven? -interrogó el cabo.

-No sé; no le conozco; no me preguntéis más que no responderé. -Y añadió con acento de dolor- ¡Oh!, extraerme esa bala.

Momentos después cesaba de vivir.

 

 

 

Las víctimas

 

Son las dos citadas. El sacerdote era un hombre de 40 á 45 años de edad, de estatura baja, regordete y de complexión robusta y sanguínea.

Ella, como hemos dicho ya, tenía unos 21 años de edad, y era de regular estatura, esbelta y de formas mórbidas y perfectamente proporcionadas. La nariz, aguileña; ojos y pelo, negros; cara oval, muy expresiva en vida, según los que la conocieron, y hermosa todavía cuando llevaba impreso el sello, augusto y terrible á la par, de la muerte.

Ambos eran naturales de Vich ó de algún pueblo de aquella comarca, según se nos ha asegurado, y hacía unos nueve meses que residían en Castell de Fels. El sacerdote iba vestido con unos pantalones grises oscuros, medias blancas y estaba en mangas de camisa, sobre la blancura de cuya pechera y mangas se destacaban enormes manchas rojizas, en cuyo centro un coágulo negro marcaba el sitio de cada herida.

La muchacha estaba tendida sobre la cama y tenía todas las ropas ensangrentadas. El corsé, que se halló en lo que es el primer piso por la parte de la entrada, estaba también manchado de sangre, y tenía dos agujeros, uno en la parte de detrás y otro delante, marcando al parecer la entrada y salida del proyectil.

Según de público se decía, era Rita una muchacha muy alegre y decidora, que vestía siempre con esmero y que se confeccionaba ella misma los trajes. Decía también ese mismo rumor público que allá en su tierra había dejado un novio con quien sostenía correspondencia no interrumpida, y que su tío se había opuesto varias veces á los deseos manifestados por la muchacha de abandonar la casa rectoral y volver al lado de su familia.

Del sacerdote, nadie nos dió antecedentes, y quizá se deba esa falta de impresiones á que era muy corto el tiempo que llevaba de ecónomo en Castell de Fels. Se cree que no tenía guardado sino que, viviendo en una parroquia pobre, eran también mezquinos sus provechos y nulas sus economías.

Sobre el sacerdote se encontraron un reloj de plata, varias monedas del mismo metal y otras de bronce, que rodaron por el suelo cuando se dió la vuelta al cadáver para ver las heridas que presentaba y saber si respiraba todavía”.

 

Hasta cierto punto, conociendo la malediciencia de la gente, y más en un pueblo pequeño donde apenas sucedía nada, no es raro que a Augusto Riera se fijara más en la sobrina que le hacía de “majordoma” que en el propio cura.

Nos desplazamos hasta Vic intentando rastrear algunas pistas que nos condujeran a averiguar algo más sobre sus vidas. Pero no pudimos hallar demasiadas cosas: unas visitas infructuosas al archivo del Ayuntamiento y a los juzgados municipales, unos pocos datos en un libro del secretariado de la diócesis, algunas páginas microfilmadas del periódico "El Norte Catalán" encontradas en la Biblioteca-Archivo de la Catedral... Vic no ha guardado, en esta ocasión, grandes informaciones sobre sus hijos. Lo poco que sabemos es esto:

Jacinto Orta Berenguer era hijo legítimo de Andrés Orta y Antonia Berenguer y había nacido en Vic el diez de septiembre de 1833, es decir, que en el momento de su muerte estaba a punto de cumplir los sesenta años de edad. En el seminario de esta ciudad cursó toda la carrera, siendo ordenado presbítero en abril de 1865. Según la "Estadística biográfica del Clero de la Diócesis empezando por el existente en Mayo de 1858" en el mes de julio de 1878 se le dan comendaticias (un comendatario era la persona que recibía la vigilancia, la administración y el gobierno de una diócesis, iglesia, abadía u otro tipo de beneficio eclesiástico) por un año para la diócesis de Barcelona. Estas comendaticias se fueron prorrogando. Sabemos que en 1877 había sido nombrado vicario de la parroquia de Esparraguera, en 1878 de la de San Andrés de Llavaneras y a primeros de 1893 de la de Castelldefels, de la que fue nombrado ecónomo (un cargo eclesiástico de interinidad, es decir, que el cura que administra la parroquia lo hace mientras está la plaza vacante o el propietario no la desempeña).

Seguramente fue cura por tradición ya que a lo largo del siglo XIX en la mencionada "Estadística" aparecen un Orta que había sido jesuita, tres Berenguer y dos Bosch, lo cual no es nada extraño siendo Vic sede catedralicia (magistralmente retratada por Miquel Llor en Laura a la Ciutat dels Sants). ¿Sería destinado el reverendo Orta a Castelldefels como castigo?[11] Este pueblo, como veremos, de ningún modo era un lugar apetecible ni para un cura ni para nadie. Lo cierto es que tampoco tenemos constancia de que don Jacinto se quejara de su situación (cosa que sí habían hecho varios párrocos antes que él a lo largo del siglo XIX), aunque bien es verdad que a lo mejor no tuvo tiempo para hacerlo. En el "Boletín Oficial Eclesiástico del Obispado de Barcelona"[12] se dice:

 

"De carácter sencillo y exacto en el cumplimiento de sus deberes, era el Reverendo Orta generalmente estimado por sus feligreses, que han sentido vivamente el horrible atentado de que ha sido víctima”.

 

¿Hasta qué punto este retrato, que aparece en la sección necrológica, era verdadero o falsamente laudatorio? ¿Era en realidad estimado por toda la feligresía? Nunca lo sabremos, pues tampoco en el Arxiu Municipal aparece algún rastro de pena o dolor, aunque sea "oficial", por las muertes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

LOS MÓVILES

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Hemos de decir que diarios de Barcelona como "El Correo Catalán" y el "Diario de Barcelona" y, en menor medida, otros del principado y de la península también se ocuparon del caso, pero lo hicieron con un estilo más directo y menos literario. Además, poco o nada dijeron acerca de los posibles móviles del crimen, todo lo contrario que hace Augusto Riera en su crónica. Estas anotaciones nos ayudarán a entender las dos posturas enfrentadas durante celebración del juicio.

 

 

 

El teatro del crimen

 

“No puede decirse á punto fijo dónde empezó el primer acto de la horrenda tragedia que se desarrolló en aquella casa, distante un kilómetro de la población, desde donde y en razón de esa distancia no pudieron oírse los gritos de las víctimas, si es que los profirieron durante el ataque ó en tanto que duró la lucha, si es que la hubo.

Desde la cara interior de la puerta, manchada de sangre junto al pestillo, hasta la cama de la joven, por todas partes se ven charcos de sangre en el suelo, y marcas sangrientas y salpicaduras en las paredes, en la baranda, en las puertas, en el alféizar de la ventana y en los cristales. En ningún sitio, sin embargo, se advierte un gran charco que pudiera indicar dónde fué más viva la lucha ó más brutal la impensada agresión. Parece que las víctimas de ese fúnebre drama fueron perdiendo vida y sangre á medida que retrocedían acosados por el asesino ó los asesinos. El sacerdote, al desplomarse junto a la puerta vidriera, parecía haber perdido ya casi toda su sangre exceptuando la que le salió por la boca á borbotones y que, coagulada en el suelo y sobre el negruzco amoratado rostro, producía horrible efecto.

La joven también debía estar ya casi exangüe cuando llegó á su cama, pues ni el colchón ni los cobertores y sábanas se hallaban muy empapados de sangre.

En el cuarto del sacerdote no se advertía ningún desorden. La cama que era de madera blanca de Viena, estaba ya levantada. Sobre la mesa de noche había unos cabos de vela, una caja de cerillas, unos tirantes y un yesquero.

En la mesa escritorio no había nada revuelto, aunque los cajones estaban entreabiertos. En uno de estos había seis cuchillos con mango de plata y varios cubiertos del mismo metal. En la pared de enfrente colgaba un retrato litográfico de León XIII. Cuatro sillas de anea, completaban aquel modesto ajuar.

En el cuarto de la joven, tampoco se advertía señal alguna de que allí hubiese habido lucha. La mesilla en la que ella guardaba todos sus cachivaches no estaba nada revuelta y dentro del cajón se encontraron en perfecto orden una cajita de cartón con varios pañuelos de seda, un cinturón de cuero amarillo, varios cuellecitos, unos guantes y algunos carretes de hilo y otras menudencias de esas que guardan todas las muchachas hacendosas y arregladas”.

 

Otros periódicos que siguen el caso, entre ellos “La Publicidad” y “El Norte Catalán” de Vic “por ser las víctimas dos personas naturales de esta ciudad”[13], también insisten en que ninguna puerta había sido forzada ni había nada revuelto.

 

“En la cocina, que está á mano izquierda de la entrada, tampoco se notaba ningún desorden. Sobre la mesa de pino blanco se veía un porroncito con aguardiente, y en los bazares había dos grandes garrafones espartados que habían contenido vino. Ninguna puerta parecía tampoco violentada, y según todos los indicios, el homicida ó asesino se retiró en cuanto vió caer al sacerdote atravesado ante la puerta del primer piso.

La parte principal de la lucha parece, pues, que se verificó en el patio de entrada y en los dos tramos de escalera. Las cinco heridas que tiene el sacerdote en el brazo derecho patentizan que se defendió tenazmente parando los golpes que se le dirigían. Una herida que tiene en el cuello parece indicar también, por su dirección de arriba abajo, que la recibió estando de pie y de mano de un adversario más alto que él.

Todos los indicios que del examen del teatro del crimen se desprenden, parecen demostrar que si no hubo verdadera lucha entre el agresor ó agresores y las víctimas, hubo, sin embargo, grande y porfiada resistencia.

 

 

 

Móviles del crimen

 

Nada puede decirse con exactitud ni certeza acerca de ellos; pero es racional suponer que, habiéndose hallado dinero y reloj junto al primer cadáver, no fue el robo la causa determinante de ese drama que, por algunos indicios, es muy posible que pertenezca al género de dramas pasionales tan frecuentes en Francia”.

 

Como hemos visto, el periodista en ningún momento cree que se trate de un robo con resultado de muerte y sí de un crimen pasional, aunque ahora nos cause sorpresa esa comparación con el país vecino, como si aquí no hubiera. Para alejar cualquier atisbo de duda a sus lectores, inquiere:

 

“¿Qué otro móvil queda, pues, si se prescinde del que hemos citado? Rita era guapa y decidora. Allí se decía que Rita tenía un carácter jovial y que, sin ser muchacha á quien nadie pudiera tachar absolutamente nada en su conducta no era de las que rehusan las ocasiones de una conversación honesta y que por otra parte hacía tiempo que se hallaba en relaciones de amor con un paisano suyo.

La circunstancia de ser muy agraciada la víctima y su rotunda negativa en contestar á las preguntas que acerca de su asesino se le dirigieron parecen dar verosimilitud á la especie antes apuntada”.

 

También “El Eco” considera la posibilidad de que se trate de una venganza amorosa, aunque dice que intervinieron dos personas:

 

“En la mañana de ayer, murieron asesinados el Rdo. Cura-párroco de Castelldefels y su ama de llaves á manos de dos jóvenes, al parecer, del mismo pueblo. Según se dice pueden haber influído en semejante determinación los desaires amorosos de la jóven”.[14]

 

Mas continuemos con la narración que hizo Augusto Riera:

 

“Las cartas que se han cruzado entre la víctima y el que fué su novio parece que indican algo, según de público se decía, acerca del carácter violento y arrebatado del último y de la pasión grandísima que sentía por la primera.

Si es verdad también como alguien afirmaba y que no sabemos hasta qué punto tenía motivos para saberlo, que Rita había indicado alguna que otra vez deseos de acabar sus relaciones con el novio que tenía, no se comprende de admitir ciertas hipótesis la persistente negativa de Rita al cabo del somatén cuando le preguntaba el nombre y las señas del asesino; pues mujer que desea romper con un hombre es que no le quiere y mujer herida de muerte por un hombre que le es indiferente, parece natural que denuncie a su matador. De aquí que esas hipótesis tampoco tengan á juicio de mucho gran consistencia.

Se halla, pues, según todo parece indicarlo, la justicia ante un doble crimen cuya pista es dificilísima de seguir ya que no hay ninguna aseveración completa ni de las víctimas ni de los testigos que pueda hacer luz en ese laberinto poco menos que inextricable.

Sin embargo, parece que el Tribunal sigue una pista. El teniente de la guardia civil don Laureano Sanz ha salido para Torrella de Fluviá[15] donde habrá llegado ya á la hora de esta.

 

 

 

Algunos indicios

 

A consecuencia de la muerte de las dos víctimas y de no haber habido testigo presencial alguno del hecho, se ignora por completo si ha habido ó no lucha, y por lo mismo nadie sabe si el matador ha salido herido de la refriega.

Sin embargo, y á consecuencia de las activas pesquisas mandadas ejecutar por el celoso é inteligente capitán de la guardia civil don Antonio Cebrecos, el guardia jurado Nicolás Company encontró un trapo ensangrentado en un molino abandonado y derruido donde forzosamente tuvo que tirarlo el asesino, pues dicho trapo estaba arrancado del delantal que el día anterior al del crimen usó la muchacha. Es una tira de cuatro centímetros de ancho por cuarenta de largo y por la forma en que estaba arrollada se comprendía de un modo patente que sirvió para envolver un dedo lastimado. En el mismo sitio del crimen se halló otro trapo arrollado de idéntico modo, lo cual indica que en un dedo cuando menos se halla herido el matador. Al propio tiempo sirve esto de indicio, siquiera sea muy vago, para comprender cuál fué la dirección que tomó en su huida.

Por la forma de las heridas que presentan las víctimas, se advierte muy pronto sin necesidad de ser perito en la materia, que ha sido una misma arma la que abrió todas ellas o cuando menos que fueron inferidas por armas exactamente iguales”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

LAS AUTOPSIAS Y EL SEPELIO

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Hemos hallado en el Arxiu Municipal las notas a lápiz del examen forense de las víctimas y no difieren gran cosa de lo que escribió el cronista de “La Vanguardia”, lo que refuerza aún más su fiabilidad como fuente. Sobre la autopsia dice Riera:

 

“Después de proceder el Teniente Fiscal de S. M. don Gonzalo de la Torre á un minucioso reconocimiento y de puntualizar la posición en que estaban los cadáveres por si de ello era posible deducir algún indicio que guiara al Tribunal en sus investigaciones, se procedió al levantamiento de los cuerpos, los cuales puestos sobre unas parihuelas fueron llevados al Cementerio que comunica por la iglesia con la Casa Rectoral donde se cometió el doble crimen.

Dos hileras de nichos á ambos lados de la puerta y á tres pisos de altura, unas toscas cruces de maderas emergiendo del accidentado suelo, una losa de piedra en el centro y hacia el Sud algo así como un cobertizo con bóveda de medio punto, forman el cementerio de Castell de Fels.

Y sobre ese conjunto el sol de agosto vertiendo implacable sus rayos abrasadores, cuyo calor no templaba la más leve brisa venida del mar que cierra por Oriente el horizonte con su línea.

Trajeron una mesa ancha y larga que se colocó á un lado del cementerio, y sobre ella se izó el cadáver de la infeliz Rita. Cogieron los médicos el escalpelo y las grandes tijeras y momentos después aparecía descubierta la cavidad torácica de la muchacha, pudiendo entonces apreciarse la gravedad de las heridas que le causaron la muerte. Tenía Rita tres heridas mortales de necesidad. Una de ellas la que le produjo el proyectil atravesando su cuerpo de espaldas á pecho; otra en la región temporal izquierda de 15 centímetros de profundidad y otra en la parte posterior de tórax, muy penetrante también. Además de éstas, tenía otra también en el tórax, otra anterior y al nivel del epigastrio. Presentaba también una profundísima y de abajo arriba en el muslo izquierdo, dos cuchilladas en los brazos y rasguños y escoriaciones en los brazos y manos.

Después que se hubo podido consignar la profundidad de las heridas y su dirección, y procediose al hallazgo del proyectil, del cual se encontraron dos fragmentos, retiróse de la mesa aquella masa sanguinolenta donde atraídos por el olor y excitados por el calor solar acudían centenares de avispas, y ocupó su sitio el cadáver del sacerdote que presentaba las siguientes heridas: 5 en el antebrazo derecho y dos escoriaciones en el codo; una enorme en el cuello en la parte inferior posterior de la cabeza; 4 en el tórax; una en el epigastrio; dos en el hipocondrio; una en el vacio izquierdo; dos escoriaciones en el brazo, muchos arañazos en las manos y dos erosiones marcadísimas en el hombro como si hubiese apretado fuertemente aquella parte ó quizá se hubiese arrastrado el cadáver.

El resultado de la autopsia pareció confirmar la observación acerca de ser una misma el arma que había inferido todas aquellas heridas. Demostró así mismo gran ensañamiento por parte del matador, ya que la mayor parte de las heridas eran mortales por necesidad y por lo mismo holgaba repetirlas de aquella manera salvaje.

 

 

 

El sepelio

 

Dos ataúdes de madera blanca aguardaban anticipadamente aquellos restos sanguinolentos destrozados por el escalpelo y ya en descomposición a causa de los rayos del sol que caían allí con gran fuerza.

En un momento estuvieron cavadas dos fosas de unos seis pies de profundidad, y en ellas se depositaron las dos cajas de madera blanca de pino. Ninguna solemnidad acompañó aquel triste espectáculo. Descubriéronse únicamente las cabezas, murmuraron alguna oración algunos labios, cayeron las primeras paletadas de tierra con ruido lúgubre sobre las huecas maderas, y al cabo, rellenadas ya las fosas, de aquellos dos seres que veinticuatro horas antes estaban en la plenitud de la vida, no quedaba ya más que un recuerdo en el alma de los circunstantes y un montoncito de tierra más en el cementerio”.

 

Seis años antes, en 1887, en la crónica que un autor anónimo hizo de la excursión de un grupo barceloneses a Castelldefels, se decía que el cementerio donde se enterraría a las víctimas presentaba un aspecto lamentable:

 

“Donàrem la volta al castell, passàrem entremig d’una torre cilíndrica, i arribàrem a una esplanadeta situada davant l’església. Pujàrem una escalinata i ens trobàrem dintre d’un barri que hi ha davant de l’església. A mà dreta s’hi troba el cementiri. Al mateix brancal de la porta hi ha un sot o fosso tapat per una reixa de ferro d’enteixinat molt ample. Això diu, que es fà perquè d’aquesta manera els animals carnissers no poden entrar-hi: se’ls fiquen les potes dins els forats (...). L’aspecte del cementiri és desconsolador i trist, i poètic, com tots els fossars de poblets. Uns quants fornets, dos o tres d’esbotzars, deixen veure ossamentes humanes: el terreny remogut demostra que sota els nostres peus hi ha cossos quines vides s’han apagat deixant sols el cremallot de la inmòbil matèria”.[16]

 

Augusto Riera finaliza su artículo con una mención a las personas que se desplazaron a Castelldefels y que, con toda seguridad, le suministraron una valiosa información:

 

“Han trabajado activamente en este asunto los señores don Jaime Marquet, don Antonio Monés y don Salvador Ghiglino, del juzgado de San Feliu de Llobregat.

La primera autoridad que se presentó en el lugar de la catástrofe fué el capitán de la guardia civil de Villafranca, el cual ha trabajado con gran actividad y celo y dispuso ayer que se diera una batida por la falda de los montes de Bagá (sic).

En el primer tren de ayer mañana ha subido el teniente fiscal de la Audiencia de Barcelona don Gonzalo de la Torre, quien no ha descansado durante un momento hasta que se hubieron practicado todas las diligencias conducentes al esclarecimiento del crimen y que quedó todavía en Castell de Fels cuando salimos de allí nosotros”.

 

Desde el principio de la investigación nos llamó la atención de que fuera un mando de la Guardia Civil de Vilafranca quien llegara primero al lugar de los hechos, cuando esta ciudad tiene tan mala comunicación con Castelldefels por carretera y ferrocarril. La única explicación que se nos ocurrió era que era el único que tenía que personarse porque Castelldefels desde el punto de vista militar (y la Guardia Civil no olvidemos que es un instituto armado) dependía de Vilafranca, pero eso no solucionaba la cuestión de la rapidez con la que llegó. Poco antes de dar por finalizado el estudio descubrimos que este capitán se hallaba en Sitges y fue allí donde recibió el telegrama que le informaba de lo sucedido[17].

Otra cuestión que merece ser aclarada es por qué interviene el juzgado de Sant Feliu de Llobregat. Desde 1834 Castelldefels pertenecía a ese partido judicial, que incluía más de treinta pueblos (llegaba desde Abrera hasta L’Hospitalet y Sants por un lado, y hasta Castelldefels por el otro), considerándose, por tanto, el precedente de la actual comarca del Baix Llobregat. 

 

 

 

 

 

 

4

LA ACCIÓN DE LA JUSTICIA

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Intentemos reconstruir las gestiones que se llevaron a cabo durante las primeras horas e imaginémonos al pobre juez municipal de Castelldefels, José Nomen Hernández, que había tomado posesión del cargo tan sólo cinco días antes, ante semejante situación: dos muertes violentas en la casa rectoral, siendo una de ellas la del cura del pueblo. Lo primero que hizo esa mañana, tras enterarse de las muertes, fue notificar lo sucedido al juzgado de primera instancia de Sant Feliu antes de personarse en el escenario de los crímenes juntamente con el secretario del Ayuntamiento y el alcalde para proceder a las primeras diligencias sumariales:

 

"Acaba de cometerse un crimen en la casa rectoral de este pueblo, habiéndose encontrado asesinado el Reverendo cura ecónomo Don Jacinto Orta Berenguer, así como también a su sobrina la cual parece haber recibido varias puñaladas y disparo de arma de fuego sin que por el presente pueda precisarse las demás circunstancias. Lo que digo a U.S. para que se sirva disponer lo conveniente y asistir con su presencia pues el Juzgado Municipal de este se halla imposibilitado de funciar (sic) por la emoción natural y por la excitación en que se halla este vecindario”.[18]

 

Asimismo, el juez municipal envió telegramas al fiscal de la Audiencia Territorial de Barcelona y al Vicario General de la Diócesis. En el primero de ellos, además de explicar sucintamente los hechos, se notifican las órdenes dadas a la Guardia Civil, somatenes y carabineros para la persecución y captura del autor o autores de los asesinatos. En un clima de gran tensión por la tragedia, durante las primeras horas de la tarde llegaron a la rectoría los párrocos de Gavà y de Sant Feliu de Llobregat. En sendas cartas dirigidas al obispado los dos sacerdotes consignan sus primeras impresiones:

 

"Participo a V.E. muy emocionado que hoy á las diez de la mañana han sido asesinados Señor Ecónomo y sirvienta de Castelldefels. Las Autoridades están haciendo sus investigaciones é individuos del somatén guardan la casa Rectoral. Dios guarde a V.E. muchos años. Gavá, 26 de agosto  de 1893. Fdo.: Pedro Fernández Pbr. Prc”.

 

La segunda carta, la firmada por el párroco de Sant Feliu, aporta algunos detalles más:

 

"Hoy al medio día he llegado á esta parroquia y á las dos y media de la tarde se me ha comunicado el alevoso asesinato del Rvdo. Ecónomo de Castelldefels y el de su sobrina. (...) Inmediatamente me he trasladado á dicha parroquia y por mis propios ojos me he cerciorado del horrible atentado. No puedo decir de cierto cual ha sido el móvil de este doble crimen. El juzgado está allí instruyendo las oportunas (diligencias). Después de entregada la llave al Rvdo. Párroco de Gavá y entregado las de la Rectoría é Iglesia al Sr. Juez instructor que las ha reclamado con mucha atención, he vuelto a mi parroquia por ser mañana domingo. No he podido proveer a la de Castelldefels de un sacerdote para la misa de mañana domingo por estar ausente de ésta dos sacerdotes. El lunes á primera hora Dios mediante volveré á Castelldefels para practicar el sepelio o funeral y tomar inventario de los libros y demás que exista en aquella parroquial iglesia y rectoría. Estoy trastornado y ya no sé lo que escribo. (...) S. Feliu de Llobregat, 26 de agosto 1893. Fdo.: Francisco Soler, Párroco".

 

Como contestación, al día siguiente el Vicariato General de la Diócesis de Barcelona envía a Castelldefels una misiva de la que incluimos dos párrafos:

 

"¡Dios nuestro Señor perdone a los desalmados que han puesto sus sacrílegas manos en un sacerdote ejemplar y celoso, dispuesto a dar su vida para alcanzar la salvación de sus almas!

En esta fecha escribo al Sr. Párroco de Gavá encargándole el gobierno de esa feligresía, mientras el Sr. Obispo no provea el cargo, y ordenándole forme un inventario de lo que hallare en la Iglesia y en la casa rectoral en la parte referente a la parroquia, como es el archivo, las alhajas, etc”.[19]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5

LAS DETENCIONES

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A partir del día 28 de septiembre, una noticia de ámbito nacional correrá pareja a las informaciones sobre las pesquisas de la justicia en torno al “Crimen de Castelldefels". Nos referimos al llamado “Motín de San Sebastián”, producido cuando la banda de música del Boulevard se negó a tocar el “Guernitako arbolá”, lo que provocó las iras de un grupo de jóvenes y desembocó en una manifestación que, dando vivas a los fueros, se dirigió al gobierno civil y al hotel Londres, donde se hallaba el presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta. Las piedras llovieron sobre el edificio, lo que obligó a intervenir a guardias civiles y a una compañía de infanteria. El resultado: un muerto, varios heridos de diversa consideración, el envío de nuevas tropas y la extensión de los motines durante las semanas siguientes, incluso a otros pueblos y ciudades de la península como Cazalla de la Sierra, Doña Mencia, Salamanca, Caldes de Montbuí o Montblanch[20].

En cuanto al caso que nos ocupa, las primeras sospechas condujeron a la detención en Torroella de Fluvià del novio de Rita Bosch, un joven de veintiocho años llamado Joaquín Ripoll, y su traslado a Sant Feliu. Según "El Correo Catalán" trató de huir por una ventana y se le encontraron unas cartas con palabras amenazadoras. Más tarde se desmentirá que intentara la huida indicándose que hacía meses que no había salido de la población por encontrarse enfermo. El mismo diario, el día 31 de agosto, incluye una información que resultará clave para la resolución del enigma:

 

"El Juez de instrucción de San Felio de Llobregat, continúa las diligencias sobre este misterioso crimen. Ahora se trata de recibir declaración de cierta mujer de Castelldefels, que, según se dice, presenció algo del crimen. Dícese que la citada mujer, administradora de un altar de la iglesia, fué á la rectoría en el preciso momento en que el asesino acuchillaba al desgraciado sacerdote.

Espantóse la mujer, pero apercibido de ella el asesino, la intimó a que se callara amenazándola con la muerte y diciendo, referente á sus víctimas, que "l'hi havian fet massa grossa". Dicho esto, el homicida huyó y la mujer corrió á esconderse á su casa.

El hijo del secretario de un pueblo vecino, fué detenido en los primeros momentos por la Guardia civil á causa de ciertas sospechas. Después fué puesto en libertad.

Joaquín Ripoll sigue incomunicado, manteniéndose secreto sobre la declaración que prestó”.

 

La señora en cuestión se llamaba María Elías y era de Can Benardo[21] y limpiaba el camerino de la Virgen. Fue citada por primera vez por el juzgado de Sant Feliu el día 28 de agosto. Nos sigue pareciendo extraño que, después de haber cometido dos asesinatos tan sangrientos, el criminal no matara a la única persona que le podía identificar.

El sábado día 2 de septiembre, una semana después, habían sido detenidos cuatro jóvenes. El señor Planas había oído contar que detuvieron a mucha gente, a jóvenes de El Prat y de Gavà, porque habían venido el día 15 a la fiesta del pueblo y habían bailado con la sobrina del cura. La consulta de “El Eco de Sitges” confirmó todas estas informaciones al dar datos sobre los detenidos: uno tenía 25 años y era de El Prat; otros dos vivían en las cercanías de Barcelona, en Sant Gervasi de Cassoles y Sant Martí de Provençals; el cuarto contaba 31 años y era de Isona, provincia de Lérida[22].

El día 3 fue apresado en Barcelona un tal Joaquín Figueras, que se hallaba reclamado por el juez instructor de Sant  Feliu. El "Diario de Barcelona" amplía algo más la noticia al explicar que el detenido, que tenía las manos vendadas, fue capturado en la calle de Santa Madrona gracias al juez Nomen. Según nos contó su hija Teresa, Nomen, que trabajaba como panadero para su cuñado Francisco Boixadós, fue a vender unos higos al mercado en Barcelona y vio a Joaquín Figueras. Enseguida, tras intercambiar unas palabras y ver que tenía las manos vendadas, le resultó sospechoso:

 

“I el va trobar. Ell (Joaquín Figueras), al veure al meu pare, li va preguntar: “Què, Josep, com va, que fa Castelldefels, què diuen per allà?”. “Noi, no sé jo, tots be”. Portava les mans embolicades, és clar, per que van luchar. El meu pare li va preguntar: “I tu, què t’has fet a les mans?”. “Em vaig cremar, o rascar, no sé que li va dir. “Bueno, bueno, m’alegro de veure’t”, com si res haguès pasat. I el meu pare va anar a trobar un guardia i li va explicar l’asunte. (...) El meu pare li va fer el paperot”.[23]

 

Joan Planas nos vino a decir prácticamente lo mismo, que fue una casualidad que lo viese. El día 5 la sala de Gobierno de la Audiencia Provincial nombró a un Juez especial para proseguir la causa del doble crimen. Este magistrado se llamaba Elías Valentón y según el periódico "El Norte Catalán" de Vic:

 

"Este señor (que había sido Juez de Arenys de Mar) instruyó, como juez de instrucción, sumario por el asesinato de un tratante de azafrán, cometido en las inmediaciones de Gandesa y cuyo crimen también se presentó misterioso y obsceno desde los primeros momentos. (...) El juzgado tiene detenidos en las cárceles de San Feliu, en méritos de las diligencias practicadas, cinco hombres y una mujer. Todos menos uno, el que fué detenido en la madrugada del domingo en Barcelona, están en comunicación. Joaquín Figueras está incomunicado desde que ingresó en la cárcel, en la vieja y sólida torre de aquel establecimiento”. [24]

 

Después de un registro efectuado en una casa de la calle de la Cadena de la Ciudad Condal el juez especial, don Elías Valentón, pudo mandarle un telegrama al presidente de la Audiencia diciéndole que el autor de los crímenes había confesado. En una carta el arcipreste de Sant Feliu le comunica al obispo de Barcelona el resultado de las pesquisas:

 

"Amantísimo Prelado:

Hoy á las cinco de la tarde han sido puestos en libertad los detenidos por el crimen de Castelldefels pues el verdadero autor ha resultado ser aquel que tiene una herida en la mano. Se han encontrado en su domicilio los vestidos ensangrentados, un reloj de oro de Rita y otro de plata del Sr. Cura, y él mismo ha confesado su crimen.

Todo esto lo sé, no por el Sr. Juez sino por personas fidedignas de estos”.[25]

 

Una vez Joaquín Figueras Regalés hubo confesado su crimen explicó que había escondido la escopeta con la que hirió a Rita Bosch en una de las márgenes de una riera de Sant Vicenç dels Horts. En "El Norte Catalán” del día 16, entre otros detalles, aparece la primera de las descripciones del autor de los crímenes:

 

"El condenado, Joaquín Figueras, autor confeso, fue conducido desde la cárcel de San Feliu de Llobregat a Castelldefels.

Descripción del acusado: Joven de 23 años, soltero; su fisonomía sin ser muy atractiva no es repulsiva; usa bigote pequeño y escasa barba; natural de Vandellí[26], partido de Fraga (Huesca) tiene padre, madre y hermanos que ocupan una desahogada posición. Durante los días de prisión se mostró tranquilo pero reservado, sin afirmar ni negar que hubiera cometido el delito.

María Elías que presenció el final de la terrible tragedia lo había reconocido varías veces antes de que se confesara autor, como al sujeto a quien vió en la rectoría ensangrentado y que la amenazó al huir”.

 

Por cierto, que este diario, con ser de Vic, no hace mención alguna a la familia del cura y de su sobrina.

El día 19 de octubre se acabó la instrucción del sumario. El 10 de noviembre la sala de lo criminal confirmó su terminación y ocho días más tarde se abrió la causa para el juicio oral.

Hay una circunstancia curiosa que conviene explicar. El "Diario de Barcelona" de fecha 18 de septiembre indicaba que al cabo de pocos días sería entregado al fiscal de Su Majestad el sumario de la causa instruida con motivo del asesinato cometido tiempo atrás en la persona del cura párroco de Santa María de Foix”. Al leer esta noticia, creímos que, una vez más, habían escrito el nombre de la parroquia de manera errónea (Santa María de Foix por Santa María de Castell de Fels). No podíamos sospechar que se trataba de una tragedia con tintes similares, como los lectores podrán comprobar a medida que avance nuestro relato.

Por lo que hemos podido averiguar, el 6 de agosto de 1892 un grupo de personas llegaron al santuario de Santa María de Foix, en el término municipal de Torrelles de Foix (Alt Penedés) simulando que iban a cumplir una promesa. El cura, mossén Pallerols, les abrió la puerta porque una de las mujeres que formaban parte de la comitiva había sido criada suya. Tenía motivos para no abrir a nadie ya que a lo largo de la centuria el santuario había conocido una historia negra de robos y asesinatos por encontrarse en un lugar elevado, lejos del núcleo urbano. Cuando el cura se hallaba en la iglesia rezando le redujeron a fuerza de golpes y le pusieron una soga al cuello que ataron a sus pies con el fin de que se estrangulara al moverse, encerrándolo luego, la cabeza tapada con un delantal, en un armario. El motivo del asesinato fue el robo de casi cuatro mil pesetas destinadas a la construcción de una nueva parroquia. Los culpables fueron descubiertos porque un niño reconoció el delantal de su madre.

La vista, presidida por César Hermosa, se celebró en la Audiencia Territorial de Barcelona entre los días 17 y 22 de diciembre de 1894, actuando como fiscal Ambrosio Tapia. Participaron más de la mitad de los 183 testigos que tenían que declarar. Fueron condenados a muerte tres hombres, Josep Puig, Josep Esteve y Salvador Batlle; y una mujer, Teresa Penas. Se da la circunstancia de que el marido de Penas, que había sido condenado a seis años por el robo, murió en la cárcel.

La ejecución estaba prevista que se llevara a cabo el 21 de enero de 1896 en la rambla de Sant Francesc de Vilafranca del Penedés, que era la cabeza del partido judicial, pero en el último momento se cambió el lugar porque protestaron miembros de la burguesía local, el clero y el alcalde. El verdugo se llamaba Nicomedes Méndez y uno de los sacerdotes jesuitas que auxiliaron a los reos era el Padre Goberna[27]. Como veremos, muchos de estos personajes aparecerán relacionados con Figueras.

Un testigo de la ejecución, Tomas Caballé y Clos, escribió lo siguiente:

 

“Más de veinte mil personas, de uno y otro sexo, reuniéronse para presenciar el cumplimiento de la sentencia contra los reos de Foix, venidas de todos los pueblos de la comarca. En Villafranca parecía fiesta grande, abarrotadas de público fondas, cafés y hasta las calles... Y eran de observar la alegría y el bullicio reinantes en todas partes... El comercio (que cerró sus puertas durante el acto de la ejecución), animadísimo, tuvo un día de excelente negocio, abundando las transacciones de toda índole. ¡Algo inaudito! Ejemplaridad, yo no acerté a comprender que se exteriorizase en forma alguna; eficacísima atracción de forasteros, sí”.[28]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda parte:

CASTELLDEFELS

A FINALES DEL SIGLO XIX

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

EL MEDIO FÍSICO Y LAS COMUNICACIONES

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Augusto Riera, el periodista de “La Vanguardia”, no podía imaginarse lo mucho que el medio físico condicionaba la realidad del pueblo, la explotación del suelo, la ganadería, el asentamiento de la población y su mentalidad. Lo más palpable era la naturaleza calcárea del macizo del Garraf que al filtrar las aguas no facilitaba los pastos y daba lugar a una vegetación rala y pobre: coscoja, lentisco, retama, romero... Además, el progresivo estrechamiento de las tierras de aluvión a medida que nos alejamos del río Llobregat y la extensión de las dunas y los pantanos limitaban las tierras fértiles para el cultivo y favorecían la insalubridad. A estos condicionantes físicos tan poco propicios para el normal desarrollo de la actividad humana se le debe sumar una pluviosidad escasa e irregular con lluvias torrenciales en los equinoccios, sobre todo, el de otoño, como quedaba reflejado en algún dietario de la época[29]. Vistas estas realidades, no es extraño que gran parte de Castelldefels se asiente en el piedemonte del macizo.

 

 

 

Las comunicaciones

 

Desde la Edad Media Castelldefels era un lugar de paso obligado para todos aquellos que querían atravesar el Macizo del Garraf en dirección a Sitges y Vilanova y para los que lo hacían en dirección contraria, de ahí que una masía, Ca n’Arnand[30], fuera el último o el primer hostal que se encontraban los viajeros antes o después de recorrerlo. Al parecer, no era un negocio muy boyante porque el ayuntamiento, que era el propietario de la casa, en varias ocasiones lo arrendó a bajo precio. A mediados de siglo, la persona que se hiciera cargo debía saber que:

 

“...estará obligat a mantenir obert lo hostal para hospedar en ell á cualsevol transeunt y sas caballerïas, donant part al Alcalde de cualsevol que pernocta en la expresada casa...

Sapia que estará obligat a tenir de continuo vi blanch negro bó y de viña y malvesia, com tambe continua provisió de favolins, ordi, sagó y blat de moro y palla per lo consum dels animals se hospedian en sa casa, y neu del primer de Juny fins al 29 de Setembre”[31]

 

El Camí Ral de València que atravesaba el pueblo salía de Barcelona, cruzaba el río Llobregat por Sant Boi (se hacía en barca cuando el puente era derribado por las crecidas del río), pero en muchos sitios era tal su estado de abandono que era casi impracticable. El trayecto hasta Castelldefels a caballo duraba unas cuatro horas, en carro alguna más. El camino continuaba en dirección a la ermita de Sant Salvador del Arenys y, a partir de allí, ya conocido como camí de les Costes de Garraf, se hacía más estrecho, accidentado y difícil. El temor a los bandidos y a los moriscos, juntamente con la mejora de las comunicaciones por el interior durante los siglos XVIII y XIX supuso también su abandono progresivo[32].

Además del Camí Ral y el de las Costes, existían otros caminos vecinales que cruzaban el término municipal que también suponemos que se hallaban en mal estado. Nos referimos al del Raurell, el de la Sentiu o el que ascendía hasta la parroquia y el castillo, estos últimos considerados “de herradura”, por permitir poco más que el paso de un caballo.

 

 

 

La construcción del ferrocarril

 

La existencia de una línea de ferrocarril por la costa que pasara por Castelldefels en dirección Barcelona podía ser el paso que salvaría la población de su tradicional aislamiento. Ya desde mediados del siglo XIX hubo varios intentos que fracasaron por la falta de apoyos políticos y financieros. No se materializó hasta enero de 1877, cuando Francisco Gumá y Ferran, un indiano que había hecho fortuna en Cuba, logró que Alfonso XII firmara la autorización de la construcción de la línea Valls-Vilanova-Barcelona por la mediación de un grupo de diputados y senadores catalanes entre los que estaba Víctor Balaguer, el que fuera ministro de Ultramar.

El presupuesto de las obras ascendía más de 18 millones de pesetas. Las obras duraron tres años y uno de los tramos se inició en Castelldefels antes de seguir por Gavà, El Prat, la costa de Montjuïc y Barcelona. Se compraron locomotoras y vagones, 60.000 travesaños de roble rojo italiano, 40.000 más de madera filipina y 14.000 de roble del país, y se firmó un contrato con la Compañía Maquinista Terrestre y Marítima para la construcción de los puentes metálicos que salvarían los ríos Llobregat y Foix y algunos torrentes. Había que pagar también los jornales de los 1.400 trabajadores, quienes, divididos en cuadrillas, tuvieron que nivelar el terreno y colocar raíles y traviesas; perforar con dinamita quince túneles bajo el Macizo del Garraf; y construir un puente para salvar el torrente de Vallcarca, un muro de contención en el terraplén de Cala Morisca y un viaducto de cien metros. Para sufragar los gastos de la construcción se suscribieron acciones con un valor nominal de quinientas pesetas, compradas en gran parte por industriales y comerciantes de Vilanova interesados en mejorar las comunicaciones tanto con Barcelona como con Tarragona.

En noviembre de 1881 se aprobaron los estatutos de la Sociedad de Ferrocarriles Directos a Madrid, Zaragoza y Barcelona. A finales de diciembre, diecisiete años después de que se inaugurara la línea entre Vilafranca del Penedés y Barcelona (lo que da idea de la dificultad y lo tardío del proyecto), salió el primer tren desde la estación de Sants de Barcelona con dirección Vilanova. Estaba compuesto por una locomotora, cuatro vagones de tercera, cuatro de primera, el coche-salón de Francisco Gumá en el que iban las autoridades invitadas y un furgón de Correos. El viaje duró casi cuatro horas porque el convoy fue parando en todos los pueblos del recorrido como se ve en la ilustración. Por cierto, como se puede apreciar en la viñeta en que aparece el castillo de Castelldefels, sólo había un apeadero porque la estación, similar a la de Gavà y Garraf, se construyó dos años más tarde, en 1883[33]. Poco después, una crisis económica impidió la construcción de la línea hasta Madrid y Francisco Gumá tuvo que dimitir de su cargo de director de la compañía.

 

 

Una nueva carretera

 

En cuanto a la construcción de una carretera que sustituyera al camí de les Costes, hemos de indicar que, como se trabajaba a buen ritmo en la línea férrea y ya había una que iba por Vilafranca, se barajó la posibilidad de no hacerla debido a las ventajas que proporcionaría este medio de transporte. Sin embargo, la vía se convirtió en un aliado. Dice Frederic Malagelada:

 

“L’any 1881, quasi simultàniament amb uns trens que avançaven per dins del massís a través d’uns túnels, per damunt de les penyes de Garraf s’havia obert una nova via que amb el nom de carretera comunicava amb molta més facilitat tot aquest grup de pobles que durant tants segles havien hagut de passar per totes les vicisituts del vell camí Reial”.[34]

 

Desde entonces la carretera de Santa Creu de Calafell ha sido una de las vías de comunicación más importantes de Castelldefels, pruebas de ello es que a su paso por el pueblo enseguida se instaló un comercio en ella, el de Francisco Boixadós, conocido también como Casa Guardia, y que con los años se convirtió en uno de los ejes del trazado urbanístico del Castelldefels del siglo XX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7

EL PUEBLO DE LAS FIEBRES

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En una visita tan breve, el periodista Augusto Riera tampoco pudo saber porqué el siglo XIX había sido tan aciago para Castelldefels. No era su obligación conocer, por ejemplo, que sus comienzos fueron nefastos. La Guerra de la Independencia o "Guerra del Francés" provocó la ruina de muchos ayuntamientos, entre ellos el de Castelldefels. Además, en toda la zona del Baix Llobregat y en el camino de las Costas del Garraf abundaron las acciones guerrilleras y de los somatenes. Una vez acabada la guerra muchos campesinos arruinados optaron por el bandolerismo. Son los llamados "malfactors", que también actuaron en el Baix. Como consecuencia de esto se establecieron tropas realistas en Gavà, lo que no agradó a los ayuntamientos pues debían suministrarles provisiones.

Unos años más tarde, durante el Trienio Liberal (1820-23), el Ayuntamiento declaró que no podía pagar los atrasos porque las tierras no se trabajaban por el apreciable descenso demográfico y porque los pocos hombres que quedaban estaban sirviendo en el ejército y en el somatén.

En 1833 estalló la primera Guerra Carlista entre los partidarios de Fernando VII y de su hija Isabel, y los defensores de los derechos dinásticos de Carlos, el hermano del rey. Numerosas partidas saquearon zonas muy alejadas de los principales centros de operaciones. Así sabemos, por ejemplo, que las tropas de Tristany recorrieron la comarca estableciéndose primero en Gavà y después en Begues. También hubo otra partida que actuaba entre Begues y Corbera.

Ya entonces Castelldefels era conocido como "el pueblo de las fiebres", habiendo tantos y tantos testimonios de su insalubridad que se podría hablar de una auténtica “literatura de las fiebres”. Decía Madoz en su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de 1847:

 

“...y su clima, aunque templado, es insalubre; se producen hidropesias, inflamaciones y constantemente tercianas, producidas por las muchas lagunas pantanosas y acequias de riego que le rodean”.

 

 

 

Medio siglo después, la situación, lejos de mejorar, había empeorado hasta tal punto que se realizó un estudio, el “Saneamiento de Castelldefels y Llano del Llobregat”:

 

 

 

El “Saneamiento de Castelldefels y Llano del Llobregat”

 

Este informe constituye un claro ejemplo de la preocupación de los higienistas del siglo XIX por evitar las causas de las enfermedades contagiosas tanto en las grandes ciudades industriales como en las áreas consideradas insalubres:

 

“La Sección ha estudiado con todo el cuidado posible este asunto por ser de Higiene pública y de interés vital, no solo para los pueblos de aquella zona, cuyos clamores se repiten desde hace años, sino de suma importancia para el estado sanitario de Barcelona, muy próxima por la parte de S.O. con aquella región”.

 

 El informe se redactó con la ayuda de datos estadísticos suministrados por los alcaldes y párrocos, pero también se llevó a término un importante trabajo de campo para conocer el medio físico de la zona:

 

“No cabe duda de que la causa primordial de aquellas lagunas está en el acarreo de limos, arenas y detritus que lleva el río Llobregat en sus bruscas avenidas y á merced de las muchas curvas y serpenteos de su cauce, por las que se desborda inundando los terrenos contiguos”.[35]

 

Pero, ¿qué dice exactamente sobre la población de Castelldefels?

 

“Situada más al S. y aunque más distante del Llobregat que los antedichos pueblos[36], por las circunstancias de su terreno está en peores condiciones de salubridad. Los siguientes datos son en efecto muy lamentables; contaba con unos 122 vecinos en el año 1760 que en 1887 quedaban reducidos á 55; en aquella fecha había 38 pares de bueyes y actualmente (no hay) casi ninguna res bovina. (...) Hay más de 50 casas abandonadas desde 1820 y unas 20 en estado de ruina; en tanto tiempo solo una casa se ha construido de nuevo. A contar del siglo pasado, las defunciones cada año han excedido en 10 ó 12 á los nacimientos y solo en dos anualidades excedieron de 3 ó 4 los nacidos a los muertos.

De ahí resulta confirmada la estadística general (que remitió el Sr. Alcalde[37] de aquel pueblo en 1888), por la que en los 88 años que lleva el siglo presente, hubo 2094 defunciones y 1364 nacimientos, es decir, un máximum de 730 defunciones en dichos 88 años.

A veces en ciertas épocas del verano la insalubridad es tanta que sus efectos son de verdadera epidemia, así el año 1875 de 211 habitantes, hubo 195 atacados de los que fallecieron 19; los pocos supervivientes actuales son tres, uno de 43 años, otro de 48 y otro de 58.

En la última comunicación remitida por el Sr. Alcalde se consignaron todos los atacados en Julio, Agosto y Septiembre de 1887 sumando un total de 151, muchos de los cuales abandonaron el pueblo buscando otros climas ó pasando al Hospital de Barcelona. El censo de la población era de 230 habitantes. De tan pésimo estado resulta una constante emigración, no compensado jamás por los inmigrantes que procedentes de Aragón y Valencia, pugnan contra aquella insalubridad en busca de trabajo agrícola, hasta que emigran á su vez ó fallecen; quedan pues muchos terrenos abandonados é improductivos por falta de brazos y todo contribuye de consumo á la decadencia de una comarca, que podría ser feliz como pocas”.

 

Estos datos tan escalofriantes han sido corroborados al estudiar los padrones, no siendo extraño que en algunas páginas se consigne que tal o cual persona falleció en el antiguo Hospital de la Santa Creu de Barcelona, la actual Biblioteca de Catalunya. Según las cifras obtenidas en el Arxiu Municipal, entre los años 1891-99 fallecieron en Castelldefels 78 personas (un promedio de 8 por año), de las cuales 13 no superaron el primer año de vida. En relación a las causas de la mortalidad, el doctor  José María Da Pena afirmó en un artículo que entre 1871 y 1920:

 

"Las enfermedades infecciosas producían casi las tres cuartas partes de las muertes: los procesos de tipo broncopulmonar (pulmonías y bronquitis) causaron el 23%, el paludismo un 13%; las enfermedades intestinales debidas a la ingestión de agua y alimentos contaminados y la falta de higiene, un 11%; por último, el 9% fueron producidas por meningitis, encefalitis y otras enfermedades del sistema nervioso. Había una gran mortalidad infantil: una de cada tres personas que moría tenía menos de tres años. De entre éstas, casi la mitad fallecían en su primer año de vida. Había, por tanto, un mayor numero de embarazos para asegurar la descendencia y los índices de mujeres que morían durante o después del parto eran muy altos. La mortalidad aumentaba considerablemente durante los meses de otoño e invierno”. [38]

 

Otro aspecto del informe que no queremos omitir por su relación con la mentalidad de la población es el miedo ante la cercanía de las enfermedades[39]. En el caso de Gavà, por ejemplo, se dice que sus males procedían de Castelldefels:

 

“Con todo, los habitantes de este pueblo persisten en creer que su atmósfera es sana y que las fiebres que allí se observan proceden de Castelldefels, cuyos efluvios son transportados por los vientos. Según esta Academia, la carencia absoluta de casas habitadas en la parte baja (del pueblo de Gavà) dice lo bastante para probar su insalubridad”.

 

Ese temor también afectaba a las costumbres diarias, puesto que los campesinos, para no coger las fiebres, se recogían antes de la puesta del sol.

 

 

 

Las soluciones

 

Pero el informe no sólo denuncia el problema del paludismo en Castelldefels y pueblos cercanos, sino que para solucionarlo plantea ante las autoridades competentes un conjunto de medidas:

 

“Empezando por la región más castigada por el paludismo, que como acabamos de ver es Castelldefels, hay que recordar que hacia el Este existen grandes eminencias de tierra arenosa, verdaderas dunas dignas de tomarse en consideración por la utilidad que podrían reportar en caso de que se adoptara la operación del rellenamiento ó colmenatge del terreno en donde fuera necesario.

Este proceder es recomendable en los charcos de Castelldefels que al parecer de los peritos están al mismo nivel unas (y otras aún más bajas) que el del mar, lo cual dificulta el empleo del drenage (sic). Cree la Academia que distando la duna más lejana unos mil metros lineales, su transporte á favor de vía férrea económica no ha de ser muy costoso. Pero esta medida solo adaptable á las lagunas y acequias, cuyo nivel no excede del mar, aunque de gran utilidad no evitaría las emanaciones permanentes subterráneas, también infecciosas ó maláricas, por lo que sería preciso, dada la impermeabilidad del subsuelo en muchos puntos, proceder á una reforma completa de la región, acometiendo las obras de saneamiento necesarias”.

 

Estas obras de saneamiento consistirían en el drenaje de la zona pantanosa mediante la apertura de canales, el terraplenamiento de las zonas más bajas, la rectificación del curso bajo del río Llobregat, la plantación de especies vegetales y el uso como tierras de cultivo de los terrenos saneados. Nos llama la atención, en estos tiempos de reciclaje y de respeto al medio ambiente, como ya hace un siglo se proponía que esos terrenos saneados podrían ser abonados con el “material excretado por la urbe”, es decir, con el generado por los residuos orgánicos y las aguas fecales. Otras recomendaciones que se hacen están la de obligar a la Compañía de Ferrocarril a allanar las depresiones que provocó la construcción de la línea, abrir bajo la vía salidas para las aguas y bordear el trayecto con árboles de la especie eucaliptus globulus. Pero los redactores del estudio sabían de la dificultad de llevar a cabo sus conclusiones. Ya antes de expresarlas, habían indicado:

 

“No tratándose en este informe de un estudio detallado y concreto, sino de una moción destinada á llamar la atención de las autoridades todas que en el asunto debieran interesarse la Academia no puede traspasar los límites que la misma índole del trabajo le señala”.

 

También se insiste, varios párrafos más adelante, como si se temiera la tardanza en la ejecución de las obras:

 

“El detalle y la técnica de su realización, no pueden ser de nuestra incumbencia, pertenece mejor á otras entidades facultativas á las que el Gobierno debe consultar y encargar aquellos trabajos. No obstante la Academia al reclamar por la salud de su Distrito, obrará en justicia, reservándose el derecho de intervenir en aquellos trabajos ó de aceptar su correspondiente lugar en la Comisión técnica, que para llevarlos á término nombre la superioridad”.

 

 

Personajes

PEDRO GARCÍA FARIA

por Andreu Benito

 

El medio natural del Castelldefels actual difiere en mucho del que conocieron sus habitantes del siglo XIX. Curiosamente los pinares que asociamos, un tanto tópicamente, a Castelldefels fueron plantados por la Mancomunitat como medio de fijación de dunas y para desecación de las marismas que ocupaban la mayor parte de la superficie del territorio del término municipal.

El ingeniero que realizó el proyecto para sanear la zona fue Pedro García Faria, quien desempeñó un papel clave no sólo en el Baix Llobregat y Castelldefels, sino también en el diseño y ejecución de la red de alcantarillado de Barcelona. García Faria comprendió que la mayoría de las enfermedades que padecían las poblaciones de las grandes ciudades tenían su origen en la falta de higiene asociada a la carencia de infraestructuras en materia de residuos, a viviendas insalubres (poco soleadas y sin ventilación) y a desagües incapaces de eliminar charcas y aguas pantanosas.

En este contexto García Faria emprendió un estudio de ingenieria sanitaria y en 1883 inició una campaña de sensibilización de la opinión pública con conferencias en el Ateneu Barcelonés. En ese mismo año redacta el proyecto "Saneamiento del subsuelo de Barcelona", considerado una obra de capital importancia en la historia urbanística de Cataluña. En este proyecto se contemplaban aspectos como el abastecimiento de aguas potables, la evacuación de residuos líquidos urbanos, la canalización de aguas pluviales, la ventilación, sol, etc., muy en la línea de los trabajos de Ildefons Cerdà, con quien coincide en el carácter interdisciplinario que García Faria impregnaba sus proyectos técnicos, completándolos con estudios epidemiológicos, demográficos, geológicos...

En Castelldefels, su actuación como autor del proyecto de desecación de las tierras inundadas debió ser ejemplar y los que en aquellos tiempos estaban al frente del consistorio así lo apreciaron, testimoniando su agradecimiento en forma de nombramiento de "hijo adoptivo de Castelldefels" en la sesión presidida por el alcalde constitucional Gaspar Rabentós i Riera, de la que se levantó acta el día 15 de julio de 1890. Reproducimos aquí un fragmento del escrito de tal nombramiento:

 

"El objeto de la misma era para manifestarle los grandes sacrificios que había prestado a este pueblo el distinguido ingeniero D. Pedro García Faria, por su fecunda iniciativa que iniciaba  en grandes y provechosos proyectos y ser el autor del saneamiento de la comarca del Bajo Llobregat, hoy en vías de realización... por lo que le nombramos Hijo Adoptivo de este pueblo por el cual tanto se ha interesado para darle su salubridad tan faltado de ella".

 

La carta que de su puño y letra escribió García Faria como agradecimiento a la mención de que era objeto, subraya el estado en que se encontraba Castelldefels. Bastará con las líneas de ese escrito anotamos aquí:

 

"Porque esa población es pequeña por su vecindario, pero es en cambio grande por su historia, por sus virtudes, y porque en medio de la insalubridad que la devora, tiene virilidad bastante por conocer su situación y remediarla siguiendo el camino emprendido”.

 

8

LOS HABITANTES

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Si durante el siglo XVIII el pueblo había experimentado una tendencia demográfica similar a la de los más cercanos, alcanzando en 1787 la cifra de 576 habitantes (Viladecans tenía 635), en poco menos de un siglo esa situación se invierte, perdiendo más de la mitad de la población, 270 habitantes en 1887[40]. Las causas son muchas: enfermedades, la dureza del clima, la estructura de la propiedad y los tipos de cultivo. La inestabilidad política y social tampoco eran circunstancias que favorecieran una recuperación económica rápida del municipio. Esa pobreza, por ejemplo, explica que no tuviera ni médicos ni boticarios residentes en el pueblo hasta hace medio siglo[41].

 

 

 

El padrón municipal de 1891

 

Para conocer las características de una población determinada, historiadores y geógrafos estudian padrones y censos. Los padrones de habitantes del último tercio del siglo XIX eran libros en los que de manera periódica se consignaban datos e informaciones sobre los habitantes del municipio para el posterior establecimiento de los impuestos y para controlar la masa de electores con ocasión de sufragios. En cada uno de los folios se escribían los nombres de los vecinos o moradores de una casa o masía y su vínculo de parentesco o de otro tipo (ahijado, jornalero, inquilino) con el “jefe” o cabeza de familia, los oficios o las profesiones que desempeñaban, el lugar de nacimiento y los años de residencia en el pueblo. La parte inferior de la página se reservaba para consignar cualquier tipo de incidencia, como nacimientos, defunciones, bajas por empadronamiento en otro lugar. Son, pues, unos instrumentos imprescindibles para los ayuntamientos. Nuestra idea inicial era hacer un análisis de las características de la población del Castelldefels en la última década del siglo XIX, pero ello no ha sido del todo posible ya que en el Arxiu Municipal sólo se conservan los padrones de los años 1891 y 1906 y varios censos electorales que contienen informaciones parciales.

Por el padrón que se realizó el día 1 de enero de 1891 hemos sabido que Castelldefels contaba con 243 habitantes, de los cuales 133 eran varones y 110 eran mujeres. Esta diferencia cuantitativa obedece a que parte del crecimiento demográfico masculino es provocado por la inmigración y a que la tasa de mortalidad femenina era muy alta debido a que muchas mujeres morían en los partos y post-partos. Esta tendencia se mantendrá en 1906 (153 hombres y 112 mujeres), demostrando que el fenómeno no es coyuntural. Como es lógico en una población tan pequeña, los apellidos se repiten frecuentemente debido a una gran endogamia.

 

CUADRO 1

 PIRÁMIDE DE LA POBLACIÓN DE CASTELLDEFELS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del padrón de habitantes a 1 de enero de 1891.

            Gracias a los padrones también podemos realizar unas gráficas, las pirámides, que expresan la estructura por edad y sexo de una población determinada. La pirámide resultante de 1891, de perfil muy irregular como se puede apreciar, nos indica que hay poca población joven (de 0 a 14 años), debido a la acusada mortalidad infantil y a ese desequilibrio entre los sexos. También la mortalidad y las migraciones explican los desequilibrios que se producen en grupos de edades superiores, entre los quince y los sesenta años. Además, no hay hombres ni mujeres que tuvieran entre 60 y 64 años y sólo seis personas superaban los setenta.

 

 

 
El lugar de nacimiento

 

Por los datos que nos aporta el padrón de 1891 sabemos que en Castelldefels habían nacido 113 personas, es decir, algo más de un tercio del total; otro tercio lo hizo en la provincia de Barcelona; un 17% en las otras provincias de Cataluña; y el resto, hasta llegar a los 243 habitantes, en otras regiones de España, sobre todo la valenciana. En resumen, la inmigración era una constante en el periodo que analizamos, siendo más masculina que femenina, y demuestra que Castelldefels era un pueblo de inmigrantes desde mucho tiempo atrás y no a partir de 1950 como tradicionalmente se ha creído.

 

CUADRO 2

 

LUGAR DE NACIMIENTO

DE LA POBLACIÓN DE CASTELLDEFELS

Según el padrón de habitantes a 1 de enero de 1891

 

Castelldefels

113

38%

Gavà

20

4,9%

Resto provincia de Barcelona

53

27,3%

Tarragona

13

8,4%

Lleida

7

3,5%

Girona

5

5,6%

Valencia

11

5,6%

Castellón

6

4,9 %

Teruel

4

0,7%

Zaragoza

1

0,7%

Oviedo

1

0,7%

Navarra

1

0,7%

Logroño

1

0,7%

TOTAL

243

100%

 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Arxiu Municipal.

Con estos datos la pregunta que se le ocurre a cualquiera es ésta: ¿cómo puede acoger inmigrantes un lugar tan poco atrayente? Las posibles respuestas son algo confusas (a menudo se cita que a Castelldefels llegaban personas penadas o castigadas) y estarían relacionadas con lo vacío del término y la falta de mano de obra tanto en la agricultura como en trabajos considerados penosos, como la construcción de la carretera o la pesca. Esto ayudaría a explicar el predominio de varones en esta inmigración.

 

 

 

Los tipos de asentamiento

 

En cuanto al asentamiento de la población, hemos de precisar que Castelldefels no contaba con un espacio urbano definido con calles, comercios y casas alineadas más o menos de forma regular, como sí lo tenía Gavà o cualquier otro municipio de las inmediaciones. En realidad, el llamado "Poble Vell” estaba compuesto por unas cuantas casas y torres de defensa adosadas a ellas, entre las actuales calles Església, Major y Arcadi Balaguer, viviendo en él un total de 54 personas, es decir, sólo un cuarto de la población total. El centro del pueblo, por llamarlo de alguna manera, era la plaza Mayor, donde había una fuente.

Es decir, que por lo que sabemos, el aspecto del municipio no había cambiado apenas nada en un siglo porque en 1789, en respuesta al cuestionario que Francisco de Zamora envió a todos los municipios catalanes, se dijo que “no hay calles, sólo algunas casas sin orden y las de las heredades”, añadiendo más adelante que “las casas son bajas, de un solo piso, formadas de piedra, cal y canto; no son adornadas ni aseadas; son al uso de labrador rústico” [42]. Como dice Andreu Benito:

 

“La estructura urbana de Castelldefels estaba formada en función de las vías de acceso: un ramal del Camino Real de Valencia, paralelo a la costa, se adentraba en el núcleo del pueblo, siguiendo las torres de Can Savall y Can Folcher y un camino perpendicular, que transcurría desde esta vía hasta la iglesia de Santa María y el castillo siguiendo la línea de torres de la actual plaza Mayor y Can Antoni. Estos dos ejes configurarían la trama urbana del pueblo hasta principios del siglo XX”.[43]

 

Como muestran algunas fotografías antiguas, adosadas a las torres de Can Savall y Can Folcher había una fila de casas, una de ellas pertenecía a Arcadio Balaguer. El camino por el que se llegaba a la iglesia y al castillo estaba bordeado de retama, tomillo y romero, y también de pinos, olivos y algarrobos.

La mayor parte de las personas, 163 exactamente, vivía en masías diseminadas por todo el término municipal, aunque también había pequeños grupos de casas dispersos en la carretera, El Llopart en el actual Vista Alegre, Les Botigues en Lluminetas y La Ribera, donde había dos o tres barracas[44]. Como hemos dicho, también estaban habitadas la estación y la rectoría, habiendo también una casilla o puesto de carabineros en el límite del término de Castelldefels con Sitges para controlar el camino de las costas de Garraf.

Independientemente de que las familias vivieran en grupo o aisladas, casi cincuenta, un gran porcentaje de la población total, lo hacían en casas de alquiler pertenecientes a familias importantes de Castelldefels, como los Viñas, de pueblos cercanos como Juan Bou, que era de Sant Boi, e incluso de personas que residían en Madrid, como el Conde de Franco y Dolores Llimós. 

 

 

 

Las masías de Castelldefels

 

Las masías han sido durante siglos las construcciones características de las zonas rurales catalanas. Eran explotaciones agrícolas de tipo familiar y a menudo con contratos de aparcería que tenían generalmente una superficie que superaba las diez hectáreas, predominando el cultivo de secano. Los cultivos se complementaban con la cría de aves, conejos y cerdos, algunas vacas y cabras, y un pequeño huerto con árboles frutales. Este carácter de explotación le daba a la vivienda una estructura especial. Las había de varios tipos, con cubiertas a dos aguas, a cuatro, etc. Acostumbraban a tener uno o dos pisos, buhardilla, un gran patio y un establo para encerrar a los animales, dejar los aperos del campo y guardar la cosecha. Las de Castelldefels, por tratarse de un pueblo pobre, eran muy sencillas y tenían pocas dependencias. La única originalidad que presentan es el uso de la piedra roja de las montañas de Eramprunyà. Algunas de ellas contaban con torres adosadas de base cuadrada, salvo alguna excepción en que era redonda, que contaban tres o cuatro pisos de altura y cuyo uso era puramente defensivo.

Actualmente están muy reformadas para adaptarlas a las comodidades de la vida moderna. Las más antiguas que se conservan son La Goma (el Casal de Cultura) y Can Vinader, que pueden ser del siglo XV; Can Roca de Baix (donde ahora está la Policía Nacional), Cal Garrofer y el Mas Jové, del XVI. Un poco más tarde, se supone que se edificó Can Viñas[45] y Ca’n’Orbat. De 1627 era Ca N’Arnand y ya del siglo XVIII tenemos las masías de Cal Ganxo, Can Maties, Can Llopart, Can Canyelles, Cal Tiesso y Can Roca de Dalt, que se construyó en 1792 y es la mejor masía de Castelldefels. Cal Mersó debió ser una de las últimas, ya que es de 1868.

 

 

 

El castillo de Castelldefels

 

Aunque no estuviera habitado en tornoa 1890, el castillo merece una mención especial por formar parte indisoluble de la historia del pueblo. Aparece documentado por primera vez en el siglo X, algo más tarde que la primitiva iglesia de Santa Maria. Al igual que ella, sufrió diversas reformas y ampliaciones a lo largo de los siglos, como la que promovieron los barones en el siglo XIV para convertirlo, más que en un castillo, en una casa-cuadra.

Cuando se producen los hechos que estamos narrando, su estado era ruinoso. Parte de las paredes del edificio, las de la parte oriental que dan a los actuales barrios de El Castillo y Vista Alegre, se habían caído, como también gran parte de la antigua muralla que lo rodeaba. Por este motivo, Manuel Girona, inmediatamente después de comprar gran parte de los terrenos de la antigua baronía de Eramprunyà por 90.000 pesetas a los Sanmartí, marqueses de Barberà i la Manresana, encargó reconstruir el edificio. Las obras, realizadas en muy poco tiempo, consistieron en una reforma del cuerpo principal, la construcción de una torre del homenaje cilíndrica, el añadido de almenas y garitas en las esquinas, la colocación de arcos y ventanas neogóticas, y la edificación de una muralla exterior para agrandar el conjunto. Todo ello, como es lógico, con el fin de darle la apariencia que, como casa-cuadra, nunca había tenido, es decir, convertirlo en un “verdadero” castillo medieval[46].

Tras la remodelación, Girona hizo que a finales de 1897 o principios de 1898 un matrimonio que tenía nueve hijos se trasladara desde Sarrià para cuidarlo[47]. Hemos de decir que ni Manuel Girona ni sus descendientes lo ocuparon de manera temporal o permanente, posiblemente porque nunca reunió las comodidades que tenían otras propiedades suyas.

 

 

 

 

Anexo

________

 

CASTELLDEFELS

EN LA ENCICLOPEDIA ESPASA

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En la primera edición de la Enciclopedia Espasa-Calpe se dice lo siguiente sobre nuestro pueblo:

 

"CASTELLDEFELS. Geog.  Municipio de 76 edificios con 289 habitantes, formado por los siguientes núcleos de población:

 

                                                     Kilóm.  Edificios  Habitantes

Las Botigas, casas de labor á .........  2             14               55

Castelldefels, lugar de ....................  -             18               65

El Llopart, caserio á ......................  1             13               39

Diseminados ..................................  -              31             130

 

Corresponde á la provincia de Barcelona, distrito marítimo de Sitjes, partido judicial de San Feliu de Llobregat. Las montañas del término tienen grandes despeñaderos, y sin embargo de su escabrosidad hay sitios muy fértiles donde se producen cereales, legumbres, algarrobas, vino y aceite. Estación de ferrocarril en la línea directa de Barcelona á Madrid. Posee un antiquísimo castillo y varias torres atalayas de los siglos XIII, XIV y XV, construidos para defenderse contra las incursiones de los piratas, lo propio que una iglesia gótica de planta tan original como curiosa. Venérase en la misma una imagen de Nuestra Señora, que la tradición hace remontar á la época de Carlomagno. A principios de este siglo la iglesia y el castillo de CASTELLDEFELS (castillo de los fieles  o adictos), usóse en la Edad Media para designar á los vasallos fieles del rey de aragón que vivían en este pueblo, en contraposición á los del vecino lugar de Viladecans (villa de perros o traidores) que desconocieron durante cierto tiempo la autoridad de aquel monarca. En el término de CASTELLDEFELS, se levantan las ruinas del castillo de Aramprunyá, en cuyo recinto se conservan sepulturas abiertas en la roca”.

 

Años después, uno de los suplementos se menciona un proyecto de tren eléctrico del cual no hemos hallado más noticias.

 

"Según el censo de 1920, este municipio de la provincia de Barcelona cuenta 365 habitantes de hecho o 358 de derecho. Recientemente se ha solicitado la concesión de un ferrocarril secundario eléctrico que unirá esta población con Barcelona, siguiendo la costa”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9

LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS

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Para explicar el escaso desarrollo del Castelldefels finisecular debemos valorar que, además de las limitaciones físicas y demográficas que se han dicho en las páginas precedentes, existen otras igualmente importantes que incidirán en el nulo desarrollo industrial del pueblo (recordemos que la energía hidráulica fue importantísima para el desarrollo de la industria textil catalana en este periodo). Nos referimos a la tardanza en construir vías de comunicación[48], la carencia de un puerto, la falta de capitales propios y la lejanía de un curso fluvial. Es decir, aunque Castelldefels pertenecía a una provincia y una comarca industrializadas[49], quedaba muy apartada de los núcleos industriales y de ellos sólo recibirá inversiones en forma de compra de tierras, como las realizadas por financieros importantes como Manuel Girona y Eusebio Güell.

Una vez considerados estos elementos, pasaremos a tratar los distintos sectores productivos. Para ello nos basaremos en gran medida en el padrón de 1891. Si miramos atentamente el cuadro, observaremos el gran peso de la agricultura en la economía del pueblo en relación a las demás ocupaciones: domésticas, pastores, empleados del ferrocarril, tenderos... Las domésticas eran mujeres que trabajaban en casas o masías, sin relación de parentesco con los propietarios. Los tres empleados del ferrocarril eran el jefe de estación, un guardavía y un guardagujas; pocos años después el número se amplió a ocho[50]. Los que trabajaban para el ayuntamiento eran el secretario, Camilo Casanovas, y el escribiente, que se llamaba Mariano Bruguera. Los únicos propietarios que aparecen en el padrón son padre e hijo, Salvador y Francisco Viñas. El primero moriría poco después.

 

 

CUADRO 3

 

PROFESIONES SEGÚN EL PADRÓN MUNICIPAL DE 1891

 

PROFESIONES

CANT.

%

Jornaleros

44

 

Labradores

39

 

Domésticas

7

 

Pastores

4

 

Empleados ferroc.

3

 

Empleados Ayunt.

2

 

Propietarios

2

 

Tenderos

2

 

Cura

1

 

Maestro

1

 

Panadero

1

 

Guarda jurado

1

 

TOTAL

107

100

 

Fuente: Elaboración propia a partir

de datos extraídos del Arxiu Municipal

 

 

La agricultura

 

A mediados del siglo XIX, la tierra era la base económica de Castelldefels pese a que dos terceras partes de los suelos eran bosques o yermos por la falta de mano de obra. Esto contrasta con la situación que existía en Hospitalet, en la otra parte del delta del Llobregat, donde, después de la construcción del canal de la Infanta y el saneamiento de sus extensas marismas, se cultivaba más del 90% del suelo.

Si miramos atentamente el cuadro, observaremos el gran peso de las actividades agrícolas en la economía del pueblo en relación a las demás ocupaciones. Más del 75% de los hombres (y muchas mujeres también) trabajaban en los campos de Castelldefels en las actividades agrícolas como labradores o jornaleros. Los cultivos predominantes eran cereales como el trigo y la cebada, alfalfa y algarrobos para alimentar el ganado, almendros, la vid y, en menor medida, el olivo[51]. En cuanto al regadío, sabemos que en la zona se cultivaban, entre otros productos, patatas, hortalizas, como judías y habas, tomates, calabazas, alcachofas, cebollas y sandías. Joan Planas nos comentó que las acequias para desagüe, con el fin de que los terrenos no se inundasen, las hicieron a principios del siglo XIX unas familias que vinieron de la comarca de Vic. También había árboles frutales como perales, cerezos, naranjos, higueras y melocotoneros.

Los rendimientos no debían ser muy importantes si lo relacionamos con las continuas quejas que se dan en todo el periodo sobre malas cosechas y la falta de medios para hacer frente a los pagos de la hacienda pública. La lectura del dietario de Baldiri Soler nos ayuda a entender los problemas de los campesinos durante aquellos años. Según su testimonio, en enero de 1891 hubo pedriscos, nevadas y lluvias que destrozaron campos y árboles. La cosecha de cereales tenía buenas perspectivas, pero desde el mes de octubre hasta abril del año siguiente no dejó de llover y no se pudo sembrar el trigo ni recoger otros granos, hasta el extremo de que gran parte de los campesinos tuvieron dificultades para realizar la siembra. Entre abril y octubre pasó lo contrario, que no llovió, por lo que tampoco se pudo recoger una gran variedad de productos y frutos. Para acabar de rrlatar males, diremos que en septiembre de 1893, poco después de que se cometiera el crimen, una tempestad de vientos huracanados, lluvia y pedrisco azotó la zona que va desde las costas de Garraf hasta El Prat:

 

“Ho va malmetre tot; blat-de-moro; tomàtecs, figues, rabequets, síndries, etc. És a dir, de tot allò que en aquell temps estava plantat, res no va poder ser recollit. Després, els vents huracanats feren perdre molts arbres, com figueres, pereres, salzes, pins i altres. Foren moltes dotzenes els arbres arrencats o romputs”.[52]

 

Además de rendimientos magros, en la década de los noventa hay un hundimiento de los precios agrícolas provocado por una mejora de las comunicaciones (que facilitan la llegada de productos coloniales a la península) y a eso se unirá la crisis que el campo catalán padece desde la llegada en 1882 de la filoxera, un parásito que atacaba la vid, y el acrecentamiento del movimiento rabassaire:

 

“Les notícies sobre el descobriment de la fil.loxera en una determinada localitat provocaven gran costernació i es posaven en marxa mesures d’emergència; unes vegades es tractaven amb productes químics, tals com el sulfur de carbó o sulfocarbonats alcalins, les vinyes empestades; altres es destruïen o cremaven els focus infectats. Es dictaren infinitat de reglaments, es realitzaren conferències, es crearem comissions, es dictaren milers de disposicions regulant la circulació dels ceps, aïllant els focus infectats, destruint vinyes. Però res no va servir per a parar l’avanç de la filoxera. La destrucció de la vinya tradicional fou pràcticament completa”.[53]

 

Todo lo dicho anteriormente contrasta con lo que nos dijeron Teresa Nomen y Joan Planas, que se nos quejaron de la visión pesimista que se tiene del agro de Castelldefels y de las condiciones de vida de las familias campesinas. Las labores eran duras y los trabajos continuados, pero la recompensa era que, cuando se daban las condiciones favorables, había una gran variedad de cultivos y se producía abundantemente. Vinieron a decirnos que no teníamos que mirar el pasado con ojos del presente.

En cuanto a la estructura de la propiedad de la tierra, analizando las rentas sobre la tierra, las familias con casa propia y las profesiones podemos llegar a la conclusión que en Castelldefels había unos pocos propietarios urbanos y rústicos (es el caso de la familia Viñas) que, en algunos casos, arriendan las tierras o las hacen trabajar a una masa de jornaleros (un gran porcentaje en el censo) que complementarían sus ingresos con otras actividades para hacer frente al paro estacional.

 

 

 

La ganadería y la pesca

 

Aunque no hay muchas referencias sobre la actividad ganadera en la localidad, aparte de las cuatro personas que en el padrón aparecen como pastores, cabe suponer que no sería despreciable dentro de la economía del sector primario. Sabemos que un siglo antes el ganado cabrío había tenido cierta importancia, y que no se engordaban bueyes para venderlos para carne, ni había en el pueblo otros caballos o mulas que los necesarios para la labranza[54]. Sin embargo, sobre la venta de leche explica el cronista que visitó Castelldefels el año 1887:

 

“...i al cap d’un rato, jo, que anava amb el primer grup, vaig trobar una pagesa que acompanyava un ruquet que portava en la sàrria quatre grans ampolles de llauna de posar llet.

No sabent què fer ni què dir, perquè el sol deixava caure molt pesar, feia preguntes a n’aquella bona dona sobre les cases de pagès, les collites de per allí, la malaltia que domina en la contrada de Castelldefels i sobre el negociet seu, això és, el de la llet. Em digué que li anava bastant bé, perquè com que no el feien més que ella i en Pep de la Font, i la seva sera més bona que la d’en Pep, en treia més bons dinerons”.

 

También sabemos por Jaume Codina que las zonas de marisma eran aprovechadas por los ganados, básicamente lanar y vacuno, que se beneficiaban de los corrimientos del nivel del agua para pastar (una anécdota es que en agosto de 1890 aparecen en el término de Castelldefels cincuenta y dos bueyes "perdidos" que venían de El Prat). En el Arxiu Municipal hay citas de contrataciones de pastores y de su existencia en el censo, junto a peticiones de cercados de fincas para que los animales respetaran tierras y cultivos.

Además de estos ganados más o menos trashumantes, hay que deducir que sería habitual encontrar animales de corral en las masías que en esta época cumplen una triple función: de autoconsumo, de trueque en el mercado, y de pago de rentas por arriendos y aparcerías.

En cuanto a la pesca, sabemos que a finales del siglo XVIII habían barracas en la playa, “en donde se recogen los de la ciudad de Barcelona quando el mal tiempo los coge en el mar”[55], y está bastante bien documentada su decadencia como actividad económica a lo largo del siglo XIX[56]. Sin embrago, un testimonio recogido por Capacés parece desmentir categóricamente esta afirmación. Pedro Vidal Badía le aseguró que:

 

 “La playa de Castelldefels fue, hasta principios de 1900, la zona más fuerte, en mercado pesquero, desde el Cabo Cabañeral hasta el Cabo de Rosas. Él conoció, estacionadas, concentraciones de un centenar de barcas para vender sus mercancías, las cuales eran de todo el litoral catalán”.[57]

 

El número de pescadores registrados en censos y padrones es reducido, debido en parte a la falta de un puerto, por lo que es fácil deducir que en muchos casos la pesca cumpliría la función de trabajo extra o complementario, habiendo gente de fuera que viene a trabajar estacionalmente. En 1894, por ejemplo, se recibe una carta de la Alcaldía de Calafell reclamando la presencia de un vecino de esa localidad que se encuentra pescando con una barca en Castelldefels, "hallándose seguramente residiendo en esa playa".

También sabemos que durante la guerra carlista el abuelo materno de Joan Planas compraba pescado en Vilanova y lo llevaba a lomos de mulos en unos barreños de madera llamados portadoras. Más tarde condujo un carro. Al morir, su viuda se vio forzada a montar a sus hijos en él y para vender la carga llegaba hasta Sant Feliu y Molins del Rei.

No quisiéramos acabar este apartado sin comentar un documento, firmado por el alcalde en 1895 dirigido al juez municipal, en el que se denuncia un método de pesca bastante expeditivo como era la utilización de “petardos” de dinamita por tres barquillas:

 

“...pues hasta esta noche no para de salir pescado á la playa del que mataron ayer de mañana”.[58]

 

 

 

La industria

 

Al principio de este capítulo hemos insistido en que Castelldefels era un pueblo agrícola dentro de una comarca que empezaba a industrializarse. Sobre este particular, Joan Planas nos comentó que la primera industria que hubo en Castelldefels, a finales del siglo XIX o principios del XX (quizá esta última fecha es la más probable), pertenecía a una compañía holandesa que instaló unas calderas para hacer goma arábiga en la masía que hoy es el Casal de Cultura. Para tal fin allanaron lo que hoy día es la Pineda y plantaron unas plantas de hojas recias y verdes. Abrían los capullos y los prensaban para extraerles la goma. Por eso la masía era conocida antes como La Goma y no como Can Gomar, nombre que aparece en numerosas publicaciones.

Más o menos por las mismas fechas se construyó la casa de les Plomes asociada a una cantera y a una fábrica de mahones calcáreos de capital belga[59]. Eran, pues, industrias poco importantes que ocupaban un número pequeño de trabajadores. Por tanto, hasta la llegada en 1929 de la fábrica La Rocalla, que dio un nuevo impulso al pueblo, no se puede hablar de industrialización en Castelldefels.

 

 

 

El comercio y otras actividades

 

Como pueblo eminentemente agrícola y de escasa población, el comercio es insignificante ya que sólo había cuatro personas (tres tenderos y un panadero) que se pueden incluir en esta categoría. Su función sería la de proveer a los consumidores de productos elaborados pues los niveles de autoconsumo serían bastante considerables. Los objetos más raros y de valor (medicamentos, tejidos de calidad, joyas) se comprarían en Barcelona, sobre todo tras la instalación del ferrocarril. Algunos agricultores iban a llevar mercancias a Barcelona en carro o en tren. Como hemos dicho, la tienda más importante era la de Francisco Boixadós, conocida también como Casa Guardia por haber sido su fundador antiguo guarda jurado. Josefa Mariné Prats (nacida en 1890) le dijo a Francisco Capacés que:

 

“Al ejercitar dicho cargo, tenía opción a muchas facilidades que otros carecían; por ejemplo, instaló una pequeña tienda de ultramarinos, en la cual expendía de todo. Como en aquellos tiempos no todos disponían de dinero, él facilitaba el pago a tiempo limitado y cuando él veía que podía hacer fuerza de su autoridad, canjeaba el importe de sus mercancías por un trozo de tierra o una casa, según el importe de la deuda”.[60]

 

Esta mujer, dolida porque Boixadós se quedó con una casa que pertenecía a sus padres en El Llopart, aseguraba que el tendero encontró, cuando realizaba reformas en ella, una vasija con monedas de oro, cantidad que le permitió ampliar su negocio en la carretera.

El apartado de ”otras actividades” es un pequeño cajón de sastre en el que incluimos diversos oficios que configuran la realidad económica de un pequeño pueblo a finales del siglo XIX. Una de ellas es la extracción de arenas. En la memoria de la Sección de Higiene de la Academia de Ciencias Médicas se insistía en la posibilidad de acarrear la arena de las dunas hasta las vías del ferrocarril para su venta. Hay una noticia de 1896 en la que un industrial de Hospitalet ofrece cuatrocientas pesetas anuales por el arrendamiento en exclusiva de las arenas de los bienes comunales, al mismo tiempo que fija un límite de veinte vagones al mes o noventa y seis carros. Esta actividad favorecería la existencia de trabajo para los carreteros y para algunos jornaleros de Castelldefels, pero no sabemos si se llegó a un acuerdo con el peticionario.

En los bosques, aunque pertenecían a los barones, se alimentaban las cabras[61], se hacía carbón, y se recogía leña, setas, piñas y palmitos, aunque no hay datos de esta actividad en el Arxiu, sí hay constancia de ella en el de Gavà. La abundancia de esta planta en el macizo del Garraf facilitaría su recogida y posterior venta a los escoberos. También diversas informaciones nos dan referencias sobre la abundancia de caza y la existencia de furtivos, lo que mueve a los propietarios a pedir al alcalde que:

 

"...dé los pasos convenientes para lograr que quede absolutamente prohibido sin permiso de sus dueños el cazar con armas, hurones, lazos, redes, perchas, y reclamos en las heredades de los mismos, en los lugares conocidos como Pica del Moro[62], Cal Sastre, Can Arrufat, Can Carbonell y demás”.[63]

 

Por los métodos de caza empleados es fácil deducir que serían agricultores y jornaleros los que infringirían la prohibición, en la mayoría de los casos, para redondear sus escasos ingresos y aleatorios rendimientos de la agricultura de secano dominante en la localidad.

También hemos encontrado noticias referidas al contrabando, nada raro por la existencia de playas aisladas, marismas y falta de vigilancia, lo que favorecería la impunidad. Solamente se tiene noticia de un tiroteo entre contrabandistas y carabineros. La sospechosa bajada de venta de tabaco en el pueblo de Gavà nos da una pista de su importancia[64].

 

 

Anexo

LA VIDA COTIDIANA EN 1789

 

 

No nos hemos equivocado, hemos escrito en 1789, la fecha en que se redactaron las respuestas al cuestionario de Zamora, y no 1889, que es lo que deberíamos haber puesto, pero incluimos estas informaciones porque en cien años la vida cotidiana de los habitantes de Castelldefels no varió apenas nada (en todo caso esas condiciones empeoraron). La gente trabajaba en el campo o en lo que podía, habiendo muy pocas diversiones. Se dice en el cuestionario:

 

“La gente del pueblo es pobre; son todos labradores o jornaleros. No tienen hermandad. En las noches largas de invierno y en los días de lluvia o nieves no se ocupan en labor alguno. (...) No tiene ordenanzas de policía; sí, únicamente, las de peso, precios y medidas para la venta de abastos. En el pan mezclan varias legumbres, como son havas, havones, mahíz y otros. El pan, que venden en el mesón, regularmente, lo llevan a esta ciudad (Barcelona). Los demás comestibles van por arriendo, y el arrendatario prevehe en esta ciudad o en donde le acomoda más (...). La gente del pueblo basta para los trabajos ordinarios. No salen los vecinos en temporada alguna del año. No hai gente ociosa. No hay pobres fixos en el pueblo, porque se vienen a esta ciudad. No guardan más fiestas que las de precepto. El carácter es pacífico; los únicos vicios que tienen son jugar los días festivos en el mesón. La gente es desaliñada y viste pobremente. La vestidura se crehe ser la misma que siempre; y visten de ropa del pahís. La comida es mui pobre: judías, havas, verduras, un poco de tocino y, raras veces, carne. Regularmente se dan prisa en casarse. Y las madres crían a sus hijos. La gente, aunque enfermisa por las tercianas, es robusta y bien dispuesta”.[65]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tercera parte:

EL JUICIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

EL CONTEXTO HISTÓRICO

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La vista celebrada contra Joaquín Figueras se celebró en la Audiencia Provincial de Barcelona los días 25 y 26 de junio de 1894, diez meses después de cometido el crimen. No se pueden comprender las distintas ideas que manejarán los distintos actores del juicio (el fiscal, el abogado defensor, el presidente de la Audiencia, el Jurado, el público) sin tener presente que nos movemos en una época de gran agitación social en la que conviven distintas ideas y situaciones viejas y nuevas y, a la vez, enfrentadas. Dice Aranguren:

 

"La España de la Restauración se encuentra en una situación histórica muy concreta, dentro de la cual no se creía en la democracia y se temía la revolución”.[66]

 

En Barcelona, la burguesía está claramente impresionada por los derroteros que está tomando el movimiento obrero y especialmente el anarquista, que utiliza la violencia como elemento revolucionario. Dice Caballé y Clos:

 

“La urbe, siempre hermosa y atrayente, se despoblaba... Muchos rentistas huyeron  de ella, como de pueblo apestado. El turista la suprimió radicalmente de sus itinerarios de viaje. Era la ciudad del peligro y de la muerte, la ciudad del terror... Sus calles desiertas, sus comercios inactivos, cerrados sus teatros y otros establecimientos de esparcimiento público (...). Cuando salíamos de casa, generalmente sólo para cumplir deberes, nos asaltaba la tétrica duda de si volveríamos a ella o si, mutilado por la metralla anarquista nuestro cuerpo, sería éste trasladado al Hospital o al Depósito de cadáveres”.[67]

 

La única solución que la  burguesía apoya con entusiasmo es la represión, a menudo indiscriminada. Ejemplo de ello es que poco menos de un mes antes, el 21 de mayo, aunque sólo uno se había declarado culpable, habían sido fusilados seis anarquistas en los fosos de Montjuïc por el atentado contra el capitán general de Cataluña Martínez Campos. Un artículo de “La Campana de Gracia”, firmado por su director, Josep Roca i Roca, con las iniciales P.K., ilustra muy bien esos temores:

 

“L’anarquisme, ‘l terrorisme, ‘ls explosius, los atentats y l’estat d’inquietut que produheixen son manifestacions evidents d’una malaltia social, que ab més o menos intensitat se presenta per tot arreu[68]; pero ningú negará qu’en alguns punts ofereix més gravetat qu’en altres.

Per desgracia nostra, en aquest últims temps, á Barcelona ‘ns ha tocat ballar amb la más lletja. En l’espay de quatre mesos la crónica lúgubre ha registrat tres atentats horribles que han vingut á perturbar la vida normal de aquesta ciutat, produhint á més de algunes víctimes, un estat de desassosego que redunda principalment en dany de les classes traballadoras”.

 

Los tres atentados a los que se refiere Josep Roca i Roca son el referido contra el capitán General de Cataluña Arsenio Martínez Campos (24 de septiembre de 1893), el del Liceo (7 de noviembre) y el que pretendía acabar con la vida del gobernador Larroca (21 de abril de 1894). Pero el director de “La Campana” no sólo denuncia la existencia de una “enfermedad social”, sino que también critica a los que piensan que estos horrores son debidos a la falta de creencias religiosas y a un exceso de libertades políticas, a los que defienden en un orden social “perfecto”

 

“basat en l’embrutiment dels débils, en la docilitat dels explotats, en la séva resignació á tots els abusos y á totas les injusticias”. [69]

 

Según Josep Roca, los atentados hacen que los reaccionarios defiendan la necesidad de emplear métodos violentos y propiciar gobiernos de fuerza para acabar con la libertad política. Ése era el verdadero peligro. Por el contrario, entre las capas populares no existe este miedo, ya que su moral está más cercana al ámbito de los sentimientos individuales. Las manifestaciones de amor, odio, celos, pasiones, crímenes serán consumidas y sentidas ya que tampoco quieren abandonar lo tradicional, lo conocido, como lo prueba el éxito que en la época tienen la novela popular y el folletín. Estas dos morales, la burguesa y la popular, vivían ignorándose en el día a día[70], pero en el juicio a Figueras se manifestarán en las intervenciones de sus actores. La burguesa, personificada en el fiscal y el presidente, defenderá el valor de la estabilidad y el orden social, basado en el respeto a la jerarquía y a la propiedad privada. La moral popular se notará en la expectación creada y en las reacciones del público dentro de la sala ante lo que consideran más llamativo: los celos, la pasión y la sangre.

En este contexto de crisis social, para comprender aspectos de este juicio consideramos necesario relacionarlo, además de con los fusilamientos de Montjuïc, con otras dos vistas importantes que tuvieron lugar en fechas muy cercanas. Uno se celebró el 9 de julio y en él se juzgaba a Ramón Morull, la persona que atentó contra el gobernador Larroca. El otro, dos días después, tuvo por protagonista a Santiago Salvador, el anarquista que tiró las bombas en el Liceo durante una representación de la ópera "Guillermo Tell”, provocando veinte muertos y numerosos heridos. Según manifestó el propio Salvador durante el juicio:

 

“Mi deseo era y es destruir la sociedad burguesa a la cual el anarquismo tiene declarada guerra abierta; y me propuse atacar la organización actual de la sociedad para implantar el comunismo anárquico”. 

 

No sabemos si fue casualidad, pero el mismo día del juicio a Salvador se aprobó una “Ley contra los delitos por medio de explosivos”. En su artículo primero se decía:

 

“El que atentare contra las personas o causare daños en las cosas, empleando para ello sustancias o aparatos explosivos, será castigado”.[71]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11

EL TRIBUNAL

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Hasta 1908, año en que se trasladó al nuevo edificio del paseo Sant Joan, la Audiencia Provincial ocupaba dos salas y varias dependencias del palacio de la Diputación de Barcelona en la plaza de Sant Jaume. El público entraba por las calles del Sant Honorat y del Bisbe, lugar por donde también lo hacía el coche celular que conducía a los presos hasta el Pati dels Tarongers[72]. Como la sección segunda ocupaba una sala más pequeña, para los casos más importantes, aquellos que congregaban a gran público y periodistas, se le cedía la grande, la que aún hoy es la más importante del palacio. Casi con toda seguridad, esto debió de suceder en el juicio contra Joaquín Figueras.

 

 

 

Empieza la vista

 

El diario "La Vanguardia", al igual que sucediera con el crimen, informó puntualmente a sus lectores de lo sucedido durante la vista. Como leeremos a continuación, el periodista consigue que nos imaginemos perfectamente la escena y nos interesemos por el desarrollo de los interrogatorios de encausados y testigos. Tanto es así que en algunos momentos la acción se asemeja al guión de una obra teatral. Nosotros trasladamos a estas páginas fielmente las transcripciones de ese periodista anónimo que siguió el juicio en su totalidad, conservando errores de puntuación y acentos. Únicamente hemos añadido alguna explicación y eliminado las iniciales de los protagonistas para suavizar la aridez del lenguaje judicial:

 

"Mucho antes de la hora señalada para comenzar la sesión del juicio de la causa seguida contra Joaquín Figueras Regalés sobre la muerte violenta del cura ecónomo de Castelldefels y de su sobrina, era dificilísimo discurrir por los corredores que dan acceso a la sala destinada para la celebración del acto, ocupados por compacta muchedumbre que aguardaba con ansiedad que se diese la voz de "Audiencia pública".

A la una se constituyó la sección de derecho, que compusieron los señores don César Hermosa, presidente, don Francisco Roca y don Fernando del Río”.

 

La sala estaba decorada con tapices que más tarde se llevarían al nuevo edificio. Bajo un dosel se hallaba la mesa presidencial de César Hermosa, marqués de Grimaldo. Sobre ella, un hule negro desgarrado por el tiempo, una campanilla para hacer guardar el orden, un enorme cristo de latón, los Santos Evangelios y un tintero. Hermosa era pequeño y delgado, tenía ojos expresivos y penetrantes, la frente despejada y enormes bigotes. Ya por entonces se había labrado a pulso una reputación de juez enérgico y apasionado de la Justicia, siendo muy reacio a hacer gala de la imparcialidad que le marcaba la ley del Jurado, lo que agradaba especialmente al público que seguía sus intervenciones:

 

“¡Cuántas veces, actuando (yo) de defensor, escuché su bellísima palabra con el alma oprimida! Cada concepto caía como un rayo sobre el infeliz del banquillo. ¡Y los Jurados le escuchaban absortos, como hipnotizados! Así, en un discurso-resumen, destruía implacablemente o trataba de destruir la obra levantada con gran fatiga por el abogado de la defensa. Cuando, por el contrario, entendía que el fiscal no llevaba la razón, ya estaban de enhorabuena el procesado y su defenso.”[73]

 

Hermosa era muy apreciado por sus colegas, aunque un pecadillo suyo era que en los interrogatorios se cebaba cruelmente con los aprendices de abogados para hacerles pagar la novatada.

Tras el presidente, en unos sillones tapizados de rojo que se hundían de viejos, se sentaron Roca y del Río. Junto a ellos, también en sillones, los miembros del jurado[74]. No era la primera vez que los tres magistrados veían a Figueras, pues unos meses antes, exactamente el siete de febrero, lo habían juzgado por  el hurto de unas ropas de cama de la casa propiedad de Francisco Boixadós, para el que trabajaba como panadero, prendas que fueron tasadas en ocho pesetas. Por este delito fue condenado a la pena de un año y un día de presidio correccional, accesorias y pago de costas[75].

 

“Ocupó el sitio de la acusación pública el señor Fiscal recientemente nombrado don Ambrosio Tapia”.

 

El fiscal, Ambrosio Tapia y Gil, participó en los tres juicios antes mencionados, el de Figueras, el de Morull y el de Salvador, haciendo gala siempre de exordios o preámbulos brillantes. Tapia está considerado uno de los más grandes magistrados y jurisconsultos de fines del siglo XIX y principios del XX, como lo demuestra la gran cantidad de libros que publicó[76]. También hemos averiguado que más tarde, hacia 1908, llegó a ser presidente de la Audiencia Territorial de Valencia.

Hay otras consideraciones similares en los juicios contra Joaquín Figueras y Santiago Salvador, influidas quizás por el momento histórico: origen geográfico de los procesados, apreciaciones morales, cierta frialdad en las respuestas, interés del público por el seguimiento de la causa... Para insistir en ello, no dudaremos en intercalar algunas durante la transcripción del juicio a Figueras.

La acusación ocupaba un asiento a la izquierda del tribunal y la defensa otro a la derecha. Tenían un lugar reservado los procuradores representantes de las partes, una plataforma inferior a la de los jueces. En otra, más baja áun y frente al presidente, se sentaba el relator que levantaba acta de todo cuanto se dijera. Detrás suyo, a derecha o izquierda, se colocaba el banquillo de los acusados donde también se sentaban los guardias civiles que los custodiaban.

 

"Entraron luego los abogados don José de Alemany Milá y don Manuel González Vilart[77], encargados respectivamente de la defensa de Joaquín Figueras, a quien el Fiscal reputa autor directo de los delitos objeto de la causa, y Antonio Saun, procesado por encubrimiento.

Después del sorteo del Jurado y de su constitución el Relator-secretario señor Marquet, leyó los escritos de las conclusiones provisionales de las partes”.

 

Sobre las personas que integraban el jurado, hemos hallado en el libro de registro del juzgado municipal la constatación del envío de la lista de personas de Castelldefels que podían serlo[78], y que al menos uno, Juan Llonch y Company, tuvo que asistir al juicio. Lo que desconocemos es si, debido al sorteo, finalmente participó o no.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12

COMIENZA EL INTERROGATORIO

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“En medio de la mayor expectación se levantó el procesado, Joaquín Figueras Regalés, de 24 años, soltero, natural de Vandellón, partido judicial de Fraga, panadero. De estatura regular, viste blusa de algodón azul y lleva un pañuelo de seda anudado en la garganta. El procesado se expresa con mucha serenidad y su aspecto no ofrece ningún rasgo interesante”.

 

El presidente de la sala Segunda de la Audiencia, César Hermosa, fue quien comenzó el interrogatorio:

 

“-¿Ha sido usted procesado antes de ahora?

-No señor.

-¿Recuerda si lo ha sido por hurto?

-Sí, señor. Pero no me conformé”.

 

Las preguntas del presidente hacen referencia al juicio de febrero. ¿Con qué no se conformó Figueras? ¿Con la celebración del juicio o con la condena impuesta? 

Es ahora el fiscal quien continúa con las preguntas:

 

"-¿Usted es natural de un pueblo del partido de Fraga?

-Sí, señor.

-Pues somos paisanos”.

 

También el fiscal Ambrosio Tapia en el juicio a Santiago Salvador se condolerá de verse forzado a dirigir sus acusaciones contra un paisano suyo, puesto que el anarquista había nacido en Castelserás, provincia de Teruel.

 

“-¿Ha sido condenado por el delito de abusos deshonestos?

-No, señor.

-¿Ha cumplido una condena de tres años y unos días?

-No, señor.

-¿Usted ha estado en el pueblo de Castelldefels?

-Sí, señor.

-¿En dónde?

-Pues, en casa de Francisco Boixadós, primero, y después en la de Isidro Ballester[79].

-¿En dicho pueblo conoció a una muchacha?

-Sí, señor.

-¿Cómo se llamaba?

-Rita.

-¿Rita Bosch?

-Ignoraba el apellido; lo he conocido durante la causa.

-¿Trató de entablar relaciones amorosas con ella?

-Yo no, señor. Ella sí.

-De manera que le hizo el amor”.

 

“Hacer el amor” es una expresión que sólo recientemente ha venido a significar mantener una relación sexual. En la época del juicio significaba simplemente “cortejar”.

 

“-Sí, señor.

-¿Cuándo?

-La primera vez que estuve en Castelldefels”.

 

Por otro lado, no deja de sorprender la poca atención que hasta ahora se le ha dedicado al sacerdote.

 

“-¿Dónde se hablaban?

-Cuando yo iba por agua a una cisterna que existe cerca de la casa rectoral. La primera vez que fui al indicado sitio la vi; ella me habló indicándome que yo era de su agrado; díjome que deseaba relacionarse conmigo; y yo, avergonzado, le contesté que no quería.

-Pero, ¿por qué se avergonzó usted?

-Porque era nuevo en el pueblo.

-¿La habló muchas veces?    

-Algunas.

-¿Cuánto tiempo estuvo usted en Castelldefels?

-Desde primeros de septiembre de un año hasta el nueve o diez de mayo del siguiente. Es decir, unos ocho meses.

-¿Por qué motivo se marchó del pueblo?

-Tenía las fiebres y me fui a mi país para ver si me ponía bueno”.

 

Una vez más, las consabidas fiebres aparecen en escena. Como se había hecho durante siglos, se huye del lugar como único remedio.

 

“-Al ausentarse de Castelldefels quedó en buenas relaciones con Rita?.

-Sí, señor.

-¿Le dijo usted si volvería?

-No, señor.

-¿Pensaba mucho en Rita?   

-Yo me acordaba de ella; pero, aún cuando me escribía, no le contestaba.

-¿Cuándo salió usted de su pueblo natal?

-El día veintitrés de agosto del año pasado fui a Lérida, y de dicha ciudad marché a Picamoixons.

-¿Y desde Picamoixons dónde se dirigió usted? ¿Al campo de Valls?

-Sí, señor.

-¿Y de allí, el día veinticuatro a Sitjes?

-Sí, señor.

-¿Y de Sitjes a Castelldefels?

-Sí, señor.

-De Sitjes a Castelldefels, ¿hay tren?

-Sí, señor.

-¿Usted viajó en ferrocarril?

-No, señor, fui a pié -dijo Figueras.

-¿Lo hizo así para evitar que le viesen en Castelldefels?

-No, señor.

-¿Al ir a pié qué objeto se proponía?

-Buscar trabajo.

-¿Cerca de Castelldefels usted se presentó en la vivienda del peón caminero llamado Vicente Bonet[80], y como éste le preguntara quién era usted, le contestó "soy de Albaida y de oficio payés" a lo cual replicó el peón diciéndole "no, hombre, no, si te conozco, eres panadero"?

-No, señor.

-¿Por qué motivo negó a Bonet que usted era hornero?

-Por ninguno; yo llevaba buenas intenciones, y buscaba trabajo.

-¿Fue a la casa rectoral a buscar trabajo?

-No, señor.

-¿Cuánto tiempo estuvo usted en los alrededores de Castelldefels?

-Una noche.

-¿Buscando trabajo?

-No, señor; descansando.

-¿Usted y mis paisanos van en busca de trabajo armados de escopetas y facas?

-No, señor.

-¿Cuando iba usted en busca de trabajo llevaba una escopeta Laffoucheux?

-Si, señor.

-Oculta.

-Si, señor.</