ALGA Revista de Literatura
nº81 - otoño 2019




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Marga Gil Roësset 1930


    Sumario

    Poesía

    GOYA GUTIÉRREZ

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA y dirige la revista ALGA desde 2003.
    Ver http://goya-gutierrez-lanero.com/

    Azul abismo que se eleva y brota hacia su albura,

    que hubo de deslizarse desde su holgada solidez hacia las aguas,

    que se ofrece como seres y cosas al declive por el envenenamiento ígneo de la luz,

    flotando en la materia que lo ha de desleír exhibe su quebrada belleza,

    nuestra mirada apresa el desmoronamiento de lo efímero en la nieve

    que camina como nuestro destino hacia el desbordamiento y la incerteza,

    aún nieva desde el cielo, y a lo lejos pronunciamos las crujientes pisadas como flor en lo albo

    al lado de las marcas holladas del gran oso polar,

    arrastrando su pesada figura sobre el suelo que esconde una traición.



    Lo diáfano transporta a ese gélido manto del juego

    y de la infancia, la sólida consistencia de la nieve,

    los cuajados almendros, el brillo

    de la miel y las abejas alejados de un mundo en extinción.

    Desde lo alto las nubes auguran nuevos tiempos de permanente exilio

    para los seres que leales al lugar

    de sus ancestros se han de entregar al abandono.



    La blancura rasgada por la luz penetra en nuestros ojos, avistamos

    a los fieles pingüinos de elegantes perfiles, sus agudos oídos

    a la búsqueda entre la muchedumbre del elegiaco canto de la amada, de la madre y del hijo

    al borde de la espera y de la extenuación de un cuerpovulnerable.

    Y al final el reencuentro, la dicha de la holgura, y, no obstante

    la merma del espacio, los lindes de una primordial existencia que al raso de la noche se fundan

    en escudo contra airadas tormentas que llegan de otros mundos cálidos y humeantes.



    Aún nieva, se derraman los copos sobre los edificios

    que en la ciudad se alzan colmados de los bienes que las nieves anuncian cubriendo la miseria

    de pasos que se albergan en austeras buhardillas al filo del yermo precipicio, o al fondo de los sótanos,



    para ascender de nuevo a la noche nevada del brasero de estrellas que alumbran y que calman

    de todos los abismos que indescifrables yacen en la hondura emergiendo belleza:

    la visión del glaciar crepuscular, la albura de la nieve y su fugacidad, la arriesgada y dolorosa lucha.


    Ilustración del cuento El niño de oro (1920)
    MARGA GIL ROËSSET

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