ALGA Revista de Literatura
nº82 - primavera 2020




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Previ a la gran fuga 1, de Miriam García Troncho


    Sumario

    Poesía

    EMILIO COCO

    EMILIO COCO, nacido en San Marco in Lamis (Foggia, Italia, 1940), es hispanista, traductor y editor. Entre sus trabajos más recientes destacan: La poesía italiana del siglo XX (2017), Le grandi voci della poesia ecuatoriana (2018), Antologia della poesia honduregna (2019). Ha traducido a numerosos poetas españoles al italiano. Como poeta ha publicado más de una decena de libros en italiano y traducidos al español, entre ellos Il dono della notte (2009, Premio Alessandro Ricci-Città di Garessio, Premio Città di Adelfia, Premio Metauro, Premio della Giuria "Alda Merini"), El don de la noche y otros poemas (2011), Ascoltami Signore (2012), traducido al español con el título Escúchame Señor). Ha recibido también premios por su labor de difusión de la poesía italiana en el extranjero.

    Traducción del italiano por el poeta mexicano
    MARCO ANTONIO CAMPOS

    AL FINAL DE CALLE AGOSTINONE
    donde cruza con la costa marina
    esperaba paciente canturreando
    en una silla trípode de plástico
    y distribuía amor
    a desbandados y a negros
    por el módico precio de cinco euros
    como estaba escrito en un cartelito
    que llevaba apuntado sobre el suéter.
    Trabajaba en un viejo caserío
    donde dejaba la pineda el sitio
    a una senda invadida de maleza.
    Pasábamos allí para acortar
    la calle hacia la playa,
    y parecía que quisiera saludarnos
    surgiendo entre un intervalo y otro
    con el gorrito blanco y pantalones
    a media pierna que se abotonaba
    con estudiada tardanza.
    Sacudía el colchón y lo ponía al sol
    antes que lo ocupara un nuevo cliente.
    Marcada la frente por las arrugas
    y las mejillas flácidas escondía
    el peso de los años
    embarrándose el rostro
    de colorete y de pestañas falsas
    en la casta mirada de una niña.
    Las nuevas construcciones
    se fueron apropiando de la zona
    borrando toda huella
    de aquella calle y de su presencia.
    Sólo ha quedado un trozo de cemento
    donde van ascendiendo
    cúmulos de inmundicias y detritus
    y llegamos al mar
    por una avenida con anchas aceras
    alineadas de fresnos
    y cercados de boj.
    La vi de nuevo esta noche cuando andábamos
    por la calle que va a grandes hoteles
    con el gorrito y con los pantalones
    azules a media pierna
    y el paso tambaleante de una ebria.
    Vivía de la mendicidad. No sé
    si me reconoció pero en los ojos
    brilló la casta sonrisa de una niña
    al recibir cinco euros en la mano.
    En tu casa santa Señor acéptala
    pues dispensó placer a derrelictos
    ella misma una paria en esta tierra
    y dale un lecho mórbido
    y sábanas de lino donde alcance
    a reposar su vientre devastado.

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