ALGA Revista de Literatura
nº82 - primavera 2020




Dirección:

  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Previ a la gran fuga 1, de Miriam García Troncho


    Sumario

    Páginas centrales

    TALLER DE LITERATURA


    Carmen Plaza


    Introducción: Josep A. Vidal
    Bio-bibliografía
    Selección de poemas: Carmen Plaza


    INTRODUCCIÓN

    Por Josep A. Vidal

    Prólogo a su Poesía esencial
    No me regales flores (2019)

    Carmen Plaza publicó en 2003 su primer poemario. En el prólogo, Joaquín Marco advertía al lector que no se hallaba ante una obra primeriza, sino ante el "brillante resultado de una continuada vocación poética". "Fuera del Paraíso decía- no es fruto del azar, sino del trabajo continuado." En los años siguientes, hasta hoy, aquella vocación y aquel mismo tesón de la autora en la búsqueda y el modelado de la expresión poética han puesto al alcance de los lectores una veintena de títulos, entre los que se cuentan diecinueve poemarios, tres de ellos de poesía infantil, una obra en prosa, Cuentos de lumbre y pesadumbre, y este compendio antológico de su obra poética que el lector tiene ahora entre sus manos.
    La selección de poemas recogidos en No me regales flores, incluso para quienes hayan seguido puntualmente la producción poética de la autora, ofrece una perspectiva extensa de su trayectoria y constituye, a la par, una propuesta inédita para adentrarse en la riqueza, sólidamente construida, del universo poético de Carmen Plaza, "una de las voces más altas -en palabras de Carles Duarte en su prólogo a Breviario para tardes de aguacero- de la poesía peninsular actual".
    La riqueza, la complejidad y la coherencia de la poesía de Carmen Plaza, al amparo de la firmeza de su voz y de su rigor conceptual, hacen innecesario proveer al lector de un bagaje de recursos críticos y claves interpretativas. La única guía para la lectura debe ser el poema, desentrañado pausadamente, oído desde dentro. El poderoso atractivo de estos versos, su elaborado lenguaje, su arquitectura, sus matices, su música, su seducción, su capacidad comunicativa no se han fraguado en el laboratorio; no son alquimia, sino orfebrería labrada en el taller del artesano. No es de un pensamiento mágico de donde surge la poesía de Carmen Plaza, sino del trabajo tenaz de dar forma a la idea, al pensamiento. Por eso, en estos versos encontraremos el rastro que han dejado las heridas amorosas del cincel que los humanizan y los hacen íntimos y cálidos, alejándolos del ritual soberbio y la liturgia que suelen ser tentación frecuente en los poetas. El material martilleado, pulido, acariciado en su poesía es la palabra, con la que ordena un universo propio y lo modela con sus manos, como el pan, para ser compartido. Este es, y hablo ahora en general, el núcleo en el que, en mi opinión, se produce sustancialmente la transmutación del lenguaje y la experiencia en materia poética cuando la poesía tiene visos de verdad. Pero, también en general, ni el lenguaje, ni su elaboración más o menos sofisticada, ni la voluntad o el trabajo del artesano ni la experiencia son suficientes para decir de dónde surge la energía con que el poeta acrisola su verbo, para explicar la naturaleza del poema.
    No puede darse una respuesta única a este interrogante, que se nos plantea indefectiblemente cuando, como ocurre en estos versos, nos adentramos en un universo poético cuya verdad nos cautiva. En la obra de Carmen Plaza la energía poética viene de lo profundo, como el agua que surge con mayor o menor ímpetu por las grietas rocosas: de repente está ahí -ya sea en la montaña o en el llano, entre rocas o en medio del desierto- como evidencia de un mundo subterráneo del que nada sabemos, sobre el cual caminamos ignorantes de la geografía recóndita que pisamos. Poesía freática, como aguas ocultas: ignoramos qué impulso las guardó bajo tierra, de dónde procedían, qué caminos siguieron, qué surcos y qué heridas abrieron a su paso. ¿Qué guardan de su viaje? ¿Y cuánta sangre arrastran, cuántos huesos besaron bajo tierra? ¿Y qué las devolvió a la superficie? ¿Cargadas con qué esencias?... Pero el agua está ahí, y su presencia cuestiona nuestras certezas, la percepción engañosa de nuestros sentidos, la comodidad de nuestras seguridades... ¿Qué sabemos del suelo que pisamos? ¿Es techo o es solar? ¿Una frontera apenas entre ámbitos ignotos, entre dos infinitos en una misma vertical? Todo cuerpo sensible es frontera entre infinitos.
    Como las aguas freáticas, la poesía de Carmen Plaza surge por las rendijas del ser, donde ha estado largamente guardada, donde ha transitado por todos los recodos, de donde extrae y guarda las esencias, el alma de todo lo vivido. A su paso, ya sea con su ímpetu, con su beso o su abrazo, todo lo cotidiano, que es aquí materia poética omnipresente, se convierte en referente conceptual de una dimensión que transciende lo inmediato y lo transfiere del universo real al universo poético. En la obra de Carmen Plaza, realidad, vida y poesía se sitúan, se entrelazan, se complementan y se construyen en un único universo desde el cual se proyectan. El mundo en toda su amplitud y diversidad deviene metáfora y materia poética. Espejo del ser. El mundo y el ser, hechos, en el poema, a imagen y semejanza uno del otro, tal vez la misma criatura, el mismo creador. Si pudiéramos, como el agua, someter la poesía a espectrometría, tal vez nos mostraría claramente sus tesoros como algo objetivo y mensurable; pero, el mineral poético es intangible, su percepción se acrisola en la subjetividad, la intimidad de la lectura.
    No me regales flores es la expresión destilada de un torrente poético de una vitalidad tozuda y sorprendente. Estos versos, seleccionados y organizados por la autora con el propósito de desbrozar, tal vez redescubrir, y mostrar los pilares sobre los que descansa su poesía, ponen al descubierto la riqueza que guardan, sus variados registros, el inventario de todas sus constantes, de todas sus esencias, el espectro de su naturaleza y su lenguaje, la vastedad de todo su universo. Tras su lectura me pregunto qué hallaríamos, si el análisis fuera posible, en el espectrograma de estos versos: El asombro en los bordes del ser. Mirada escrutadora de todos los abismos, ambiciosa de todas las alturas, absorta ante la duda; transida por el llanto ante el dolor, el propio y el ajeno. Y esa voz que interroga y no contesta, la voz del Dios perdido en el origen. Y la mano indolente que abandonó el cincel sin acabar su obra. Y el crepitar sonoro de la infancia quemada en el brasero. Temblor. Carne gozosa. Amor. Mujer. Y tiempo... Tiempo... Tiempo...

    JOSEP A. VIDAL (Barcelona, 1945) Ha traducido al catalán y al español narrativa infantil y juvenil. Ha publicado la traducción de dos poemarios de Carmen Plaza: Breviari per a tardes de xàfec [Pagès Editors, 2014] i Prohibit de respirar [Ed. Carena, 2018], y de una parte de la obra poética de Paul Valéry: "Àlbum de versos antics" seguit de "La jove parca" i "El cementiri marí" [Pagès Editors, 2017]. Ha traducido al catalán diversos poemarios de Enrique Badosa, uno de los cuales, Mapa de Grècia, se halla en proceso de publicación.