ALGA Revista de Literatura
nº84 - primavera 2021




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Chandler, Pintura de Marta Lupresti


    Sumario

    Poesía

    ELISABETH ARANDA

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA. Ver: www.castelldefels.org/alga/

    No emanará del suelo el agua clara
    Ni de tu vientre una fuente de virtud.

    ¿Qué le pides a la mina?
    a esa punta de trazo intermitente.
    ¡Maldita canalla que se esconde entre mis dedos!
    Déjame escribir sobre mi padre.
    De cómo puede su cuerpo frágil sujetar esa cabeza,
    Si arrastra pies plomizos que le impiden alzar cara.
    Déjame escribir sobre ese hombre todo mano y pisada.
    Sobre las mañanas en sus brazos,
    Porque ya no puedo bajar más a buscarlo.
    No debo,
    Aunque no me importaría si pudiera rescatar sus brazos
    O sus ojos vacíos.
    ¡Está tan lejos ya!
    ¡Tan solo!

    Absorbe hasta mi último aliento
    Y ni aún así respira.
    Pero sigue
    Sin querer
    Viviendo.

    Deslizas los talones, encorvado en un equilibrio indigno.
    Tus ojos atraviesan el mármol y se ofrecen a mis pies ligeros,
    Para acompañarte al baño una vez más.

    Y te sigo queriendo aunque seas una llaga de tristeza.
    Tú me dices que me quieres con dolor impropio.
    Como si tuvieras la cabeza hirviendo
    Y la angustia naciera en tus entrañas.
    Con un mal vivir que no tiene nombre.
    Implorando una partida que no llega.
    Padeciendo un tormento sin tortura.
    Obviando que la muerte no es clemente
    Que la vida es terca y no se arredra.
    Y tú, girasol inverso
    Temiendo a la luz como al infierno,
    Deseando que la tierra trague tus ojos, tu pañal y tu agonía.

    Pero es terca la vida
    Y el hilo del que pendes aún no ha roto.
    Sentados los dos en el sofá
    Le clamamos en silencio.
    Pero es terca la vida y la muerte no es clemente.

    página siguiente