ALGA Revista de Literatura
nº84 - primavera 2021




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Chandler, Pintura de Marta Lupresti


    Sumario

    Lecturas. Textos comentados

    JUAN MIGUEL DOMÍNGUEZ PRIETO

    JUAN MIGUEL DOMÍNGUEZ PRIETO (Madrid, 1963) es licenciado en Filología Románica. Ha publicado: "Iconos del agua viva", 1996; "Noite Escura", 1998, traducción al gallego de la Noche Oscura, de San Juan de la Cruz; "Altizano", 2009; "Trobar Leu",2011; "Kaligrafía y gracia", 2015, antología bilingüe en castellano e italiano; "Los poetas del silencio. Antología viva y confidente de la inspiración", 2006



    Profetizarás,
    de Mariana Colomer.
    Huerga & Fierro editores, Madrid, 2020,
    Poesía 100 págs.

    SOBRE LA SÉPTIMA OBEDIENCIA

    Profetizarás es -más aún que entrega- la séptima obediencia a la Palabra en la obra, iluminada, clara, de Mariana Colomer. Obra serena; elevada. Diáfana, límpida. Toda belleza unívocamente. Sí, todo esto es verdad, como en la alta lírica sacra, como en el mejor interiorismo; como en el misticismo. Lo que hace única esta obra dentro de la poesía hispánica; lo que, con ella, casi sola, resplandece es el ejercicio insólito de la profecía desde el de la propia poesía.

    Poeta y profeta, este mester profético suyo nace en los últimos tiempos, el tiempo en que los pocos / salvarán a los más; ahora, en que se están corrompiendo el derecho y la lengua hasta tensiones antihumanas (cuando matar es proclamado derecho; cuando, como nunca, al mal se le llama bien). Ello es un don de lo Alto, una gracia; sepámoslo. Tú cumpliste la promesa / de que yo hablase tus palabras, canta Colomer con plenaria conciencia. Y vuelve a centrarse todo en que sea mujer quien profetice, porque pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer: hoy, como en el Génesis ?tiempos recios de desobediencia radical.

    La poeta sale a buscar a quien, como ella, arrodilla la palabra en pro del Nombre; y a quienes traen en los labios / tu Nombre. Es decir, lo que no es la palabra-del-yo, puesto que profetizar es una elección divina; y una promesa.

    El Autor profético del Apocalipsis empieza desvelando lo que es cada iglesia en su personalidad y en su carecer. En estas últimas alboradas, la poeta, que sale a buscar por fuera, como la Esposa del Cántico (que la profecía poética presupone la esponsalidad), encuentra apenas al orante, al de santo abandono en la divinidad; encuentra al que en la palabra busca su propia voz, en vez de ser soporte santo de la Luz; al que oculta la Belleza a la infancia y alza una falsa belleza. Sale a buscar y halla al que no espera la Luz en sí mismo; al que no se recoge en sí, para estar inhabitado por la Trinidad; al de locuacidad vacía.

    Como de antiguo, nuestra profeta no cumple únicamente un papel de predicción, aunque también: …saltarán con alegría, / vestidos con la Luz. (…) Ella [la Palabra] hablará en mi rostro (…) ¿Pero no oís cercanos los Pasos vencedores? Asevera san Pablo, en la primera Carta a los Corintios, que el profeta, asimismo, edifica, exhorta, consuela. Todo ello aparece hecho cuerpo en el canto de Mariana Colomer. Profetizar es, en ella, exhortar no tanto en el sentido de estimular e invitar; sino de exhortar dando vida ?como a los huesos, en Ezequiel?. (Exhorta, sobre todo, a la mujer, ya que es Ella quien libra la batalla última contra el Mal: la exhorta a batallar Alto con virtud; y la exhorta a Subir al Monte más alto: ello recoge lo esencial de esta función profética. La consuela primordialmente como víctima de la contracultura de la muerte. Edifica al llamar, a la Madre, Maestra…). Profetizar pasa también por la denuncia: del Soberbio, del Enemigo, de la Bestia, del Señor del Engaño… ?va a la raíz?; pero, también, del hombre del non serviam; del vaciamiento de palabras clave en nuestra Civilización. Y la profecía, aunque no finalmente, anuncia el gran Orden: Para la cima, el águila y el viento; el orden de la maternidad reconstruida en el mundo futuro; el del santa cesión de todo hasta que todo se vea conformado a la Belleza.

    Profetizar, como culmen, y desde su origen, es silenciarse; y que sea la Palabra la que ponga Su dicción en los labios. Ya no será necesario que te hable / para que el corazón le reconozca, / ya su Palabra llevas como sello de olor / en tu hondura más alta.

    Poesía de canto exacto; insustituible. Poesía de santo abandono. Poesía en mayúsculas: Tú, Dios, Alto, Cumbre, Palabra…

    Fruto de eternidad entra en el tiempo; por misericordia, pero verdadera. Porque lo superior al espacio no es el tiempo; sino, a ambos, la eternidad.


    Casa Milà (Barcelona)

    ENRIC VELO

    página siguiente