ALGA Revista de Literatura
nº85 - otoño 2021




Dirección:
  • Goya Gutiérrez

    Edición:
  • Grupo de Poesía ALGA

    Responsables de la edición del presente número:
  • Goya Gutiérrez
  • Enric Velo

    Maquetación, composición y diseño web:
  • Enric Velo


  • Portada:
      Escultura de Maïs (Jorba)


    Sumario

    Poesía

    LUCÍA LEÓN

    Es miembro del Grupo de Poesía ALGA. Ver: www.castelldefels.org/alga/

    Posar la mano sobre este cuerpo,
    recordado con fruición, alegría y deseo,
    sintiendo apenas deslucido su brillo
    que aún evoca el rojo ardiente
    de las ropas de ingenua apariencia,
    seguidas siempre por el rastro de olor a limpio
    que despedían las pieles bruñidas por el sol.

    Saber que esta mano lleva la luz
    del amor de otro tiempo,
    que ahora es presente y es por igual vivido,
    me permite habitar este lugar, impreciso
    por ser tantos lugares
    que ya reposan suspendidos
    en la eterna atemporalidad.

    Al modo de la gente antigua,
    las manos reposadas en el regazo
    mientras escuchaban el lento crepúsculo
    que por fin abatiría la noche,
    aguardo con serena paciencia
    la llegada de un alma nueva
    que haga estallar el verde puro
    de esta primavera, ya anegada en aromas,
    y extravíe en la memoria llantos y lamentos
    del tiempo de silencio sin fortuna.

    Espero gozar de ese hermoso día,
    en que además me buscarán los amigos,
    con la alegría suspendida entre nosotros
    igual que las noches han ido sosteniendo sus augurios.

    Los perros barruntan en su inquietud
    la acechante desgracia o la no esperada buena nueva.
    Los pájaros encienden las copas de los árboles
    en coro de cantos, antes de que la lluvia arrastre
    el polvo de sus hojas, y vuelen en desaforado estallido
    cuando perciban la proximidad de cualquier debacle telúrica,
    que a todos nos ha de alcanzar, como destino irremediable.

    Sabios viejos, misteriosos conocedores
    desde la niebla de los tiempos
    de todo el natural acontecer,
    me obligan a preguntarme en qué lugar de sus cuerpos
    arraiga su proverbial debilidad.

    Yo vivo en la cúpula, otorgada y distinguida,
    aunque apenas me veo como el habitante nativo
    de las terrazas urbanas, solo contempladora,
    y, sin embargo, tengo un nombre.


    ENRIC VELO

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