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Regálame lo que quieras, yo pongo la imaginación

Los regalos no son sexistas

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Empieza la cuenta atrás para Navidad, las luces de la calle  son la señal. Además, el ambiente se agita y los ánimos empiezan a cambiar, y como cada año nos toca vivir el periplo navideño de los regalos.

Y llega el momento de elegir, y la cosa se complica porque es difícil escoger entre perfumes que provocan éxtasis femeninos y joyas que visten el desnudo absoluto. Si bien la oferta en cuanto a productos es inabarcable, en cuanto a los modelos que transmiten no es muy variada, y el rosa y el azul hacen más estragos que nunca.

Dentro de esta lógica, hacer un regalo no es sólo una convención social prácticamente insalvable, sino que es un acto cargado de valor, puesto que los regalos acontecen elementos socialitzadores, a partir de los cuales se estimulan actitudes y se aprenden roles. De acuerdo con el imaginario propuesto, una muñeca parece que tiene que ser un regalo exclusivamente dirigido a las niñas, puesto que el mensaje que nos trasmite la publicidad está claro: cuidado y pasividad. El caso contrario pasa con los regalos dirigidos a la masculinidad, una masculinidad que se construye desde la publicidad como el opuesto a la feminidad y, por lo tanto, se configuran modelos que se excluyen mutuamente. Pero los regalos no son sexistas por sí mismos, sino que lo es el mundo simbólico que se construye al suyo cercando. Desde el Observatorio siempre hemos apelado al consumo no sexista, a regalar de una manera diferente, aplicando creatividad a la hora de elegir nuestros regalos. Así pues, el acto de hacer un regalo es también una oportunidad de superar los estereotipos, ignorar las convenciones sociales y publicitarias y ampliar el imaginario social que nos rodea y del cual formamos parte. Pero todavía podemos ir más allá y transgredir la representación que nos propone la publicidad. Si bien es cierto que, como decíamos, podemos subvertir los mensajes a través de una compra no sexista de los regalos, también podemos cambiar la representación a través del uso que hacemos. “Regálame lo que quieras, yo pongo la imaginación” es una invitación para todas las personas que reciben el regalo a no quedarse en el uso que la publicidad nos muestra, sino a dejar volar la imaginación e ir todavía más allá. De este modo, todas las partes involucradas en la ceremonia del regalo tienen su estrategia de subversión particular con qué contestar la propuesta hegemónica.

Una muñeca... sólo sirve para jugar a cocinitas o familias? Este es un uso que, sin duda, no hay que sancionar o culpabilizar, pero no es el único que podemos hacer con una muñeca. Con una muñeca podemos jugar a salvar el mundo, mientras que con un madelman también podemos jugar a cuidar de los otros. Es un ejemplo sencillo, pero que sirve para demostrar que nosotros podemos transgredir esta representación sesgada que la publicidad hace de los regalos, y que podemos superar estos estereotipos, simplemente proponiendo una manera diferente de usarlos, ampliando la capacidad del producto en cuestión.